Lluïsa Cunillé, Premio Nacional de Literatura Dramática

«Barcelona, mapa de sombras» es la pieza más celebrada de una autora en progresión

MADRID Actualizado:

A Lluïsa Cunillé (Badalona, 1961) no le gusta la exposición mediática. Desdeña las entrevistas, acaso porque todo lo que quiere decir sobre el mundo y su lugar en él lo hace a través del teatro. Galardonada ayer con el Premio Nacional de Literatura Dramática por «Aquel aire infinito», escrita en 2002, pero publicada el año pasado, la propia dramaturga aseguró ayer, en un rasgo de sinceridad no demasiado frecuente en el mundo de los premios literarios, que la obra no es «la más significativa» de su producción. La crítica y el público han celebrado sobre todo «Barcelona, mapa de sombras» (estrenada originalmente en catalán, pero escenificada en español en otras plazas, como el teatro Valle-Inclán de Madrid). La minuciosa recreación de la vida en un inmueble condenado a la demolición le sirve a Cunillé para demostrar su talento para retratar el alma humana y sus derrumbes. La obra recibió en 2005 el premio Ciutat de Barcelona y dos años más tarde el Max de las Artes Escénicas al mejor autor teatral en castellano.

En Madrid también se ha visto otro de sus grandes trabajos, «Après moi, le déluge» («Después de mí, el diluvio»), frase atribuida a Mobutu Sese Seko, el longevo dictador zaireño, uno de los grandes cleptómanos africanos y amigo de Occidente en tiempos de la guerra fría. La obra ofrece una insólita aproximación al saqueo de África desde la habitación de un hotel de Kinshasa (parecía el Intercontinental, desde el que se divisa el río Congo) con un africano de testigo mudo.

Para Juan Ignacio García Garzón, crítico teatral de ABC, «Lluïsa Cunillé es la más brillante de la generación de autores formados en la escuela del dramaturgo catalán José Sanchís Sinisterra. Una autora capaz de poner el énfasis en el valor de la palabra y del compromiso, pero también en el espejo del silencio. Es una escritora polivalente, que se mueve con igual soltura en el mundo de la zarzuela (como hizo con Xavier Albertí) en «El dúo de la africana» que en el expolio de África».

La autora catalana, discreta y lacónica en sus raras apariciones públicas, ganó en 1992 su primer galardón teatral, el Calderón de la Barca, con «Rodeo». En diciembre de este año estrenará en la barcelonesa Sala Beckett una nueva obra: «El alma se serena», dedicada al amenazado barrio marinero del Cabanyal, en Valencia.

La Cunillé, como se la conoce en el mundillo teatral, inició precisamente en la sala Beckett su fructífera relación con el teatro. Fue en los talleres de dramaturgia organizados por el fundador de este pequeño teatro experimental, José Sanchís Sinisterra.

De su ya extensa producción teatral, siempre como autora y en constante progresión, la agencia Efe destacaba ayer otras piezas: «Berna» (1991), accésit del Premio Ignasi Iglesias; «Molt novembre» (1993); «Libración» (1994); «La festa» (1993); «Accident» (1995); «Vacants» (1996); «La cita» (1999); «Passatge Gutenberg» (2000) y «El gat negre» (2001). La obra premiada ayer fue estrenada en Sagunto en 2003 con la Companyia Hongaresa de Teatre, que la dramaturga catalana fundó con Paco Zarzoso y Lola López.

En el jurado que ayer otorgó el premio a Lluïsa Cunillé figuraban, entre otros, Paco Bezerra (que obtuvo el galardón en su anterior convocatoria), el también dramaturgo Domingo Mirás, la directora de escena Natalia Menéndez, el cineasta José Luis Borau y Rogelio Blanco, director general del Libro, Archivos y Bibliotecas.