Onetti, desnudo inédito

Un libro con 300 fotografías, la mayoría inéditas, recorre la vida del escritor y destierra su fama de poco sociable

MADRID Actualizado: Guardar
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Se llamaba Onetti, relata Dolly, su esposa. Onetti no sonreía, usaba anteojos, dejaba adivinar que sólo podía ser simpático a mujeres fantasiosas o amigos íntimos... Cuenta Prego Gadea que para escribir su autorretrato Onetti utilizó un borrador hecho por alguien que trabajaba con él, un contador de apellido Vázquez. A partir de esta descripción física y psicológica, Onetti hizo su propio retrato. ¿Cómo lo veían los demás?

Uno de los primeros testimonios fue de Luis Harss, Los nuestros: «En la lenta llovizna, metido en un voluminoso abrigo, doblado bajo el peso de la ciudad, avanza, opaco, un sonámbulo en la noche insomne. Como la ciudad, lleva con fatiga la carga de los años. Es alto, enjuto, con mechones blancos en el pelo gris, ojos desvelados, labios torcidos en una mueca dolorosa, alta frente profesoral, las huellas de la renuncia y del desgano en su andar de oficinista envejecido». Y más adelante: «Lleva su cruz inclinando los hombros, como si purgara una culpa innominada e imperdonable».

Un ensayo iconográfico sobre Juan Carlos Onetti, escrito por Raúl Manrique Girón y Claudio Pérez Míguez (Del Centro Editores. Madrid. 2010. Primera edición. 208 p. Texto introductorio de Dolly Onetti) rescata al Onetti más íntimo. Son 324 fotografías en su mayoría nunca publicadas anteriormente del archivo personal del escritor, en blanco y negro y color. Es una edición de 100 ejemplares firmados y numerados por sus autores. Cada ejemplar va a acompañado por una fotografía original tomada por Dolly Onetti a Juan Carlos Onetti, firmada por ella y numerada en consonancia con cada volumen, en una carpeta realizada artesanalmente. Todo en estuche entelado, estampado con la firma de Onetti, especialmente diseñado. La obra será presentada en Madrid el lunes 29 de noviembre en la sede del Centro de Arte Moderno, Galileo, 52, con la participación de sus autores y de Teresita Mauro, profesora de la UCM y amiga personal de Onetti.

Maestro del Nobel

Mario Vargas Llosa, en «El viaje a la ficción», cuenta: «Como lo había conocido personalmente en un congreso del PEN Internacional, en Nueva York, y no podía imaginar que el autor de aquellas temerarias historias fuera el hombrecillo tímido hasta la mudez y ensimismado que temblaba como el azoque ante la idea de enfrentarse a un micrófono y que, salvo cuando hablaba de algún libro, parecía el ser más desvalido de la creación».

Emir Rodríguez Monegal ha descrito el nacimiento de aquella mitología en torno al personaje Onetti que comienza a cuajar a ambas orillas del Río de la Plata en los años treinta, antes todavía de que su obra literaria le diera firme sustento« “Una leyenda se iba coagulando insistentemente a su alrededor: la leyenda del humor sombrío y del acento un poco arrabalero; la leyenda de sus grandes ojos tristes de enormes lentes tras los que asoma la mirada de animal acosado, con la boca sensual y vulnerable; la leyenda de sus mujeres y sus múltiples casamientos; la leyenda de sus infinitas copas y de sus lúcidos discursos en las altas horas de la noche».

«Esta leyenda lo acompañó a lo largo de toda su vida y subsiste en el testimonio escrito de muchos. Pero cuando uno empieza a hablar con amigos, con periodistas, con gente que lo conoció en la intimidad, surge un Juan diferente», recuerda Dolly.

Existe una anécdota muy comentada acerca de la reacción de Onetti al leer "El perseguidor", de Julio Cortázar. La asociación entre la niña del cuento y su propia hija lo llevó a romper un espejo de un puñetazo. Cortázar escribiría: «Una de las mejores recompensas de mi vida: una carta de Onetti en la que me dice que El Perseguidor lo tuvo quince días a mal traer. Para mí es como si me lo hubiera dicho Musil o Malcon Lowry, esa clase de planetas».

«Cuando Juan murió, el escritor Onetti fue usurpando el lugar del Juan íntimo. Pero mis recuerdos y las “cartas a mamá” siempre con el tono de "La vie en rose" adecuadas para madres sensibles escritas semanalmente desde 1955 hasta los 90, revivieron historias que muestran un Juan desconocido para la mayoría de sus lectores», fotografía Dolly a su alma, a su inolvidable esposo.

Onetti huía del papel del escritor formal con bromas. Sus dedicatorias con horrores de ortografía, eran cariñosas burlas. En 1992 Godard lo visitó en Madrid. Vino de Ginebra expresamente para proponerle filmar Jacob y el otro dentro de un proyecto sobre la creación. Dijo que los personajes de Juan Carlos Onetti no eran ficción, eran reales y que los veía todos los días en la calle, de modo que necesitaba conocer al hombre que los había creado.

Onetti era nocturno. «Recuerdo una noche con Guido Castillo hablando de libros hasta las cuatro de la mañana; luego empezaron con Dios y eso duró hasta las cinco y media», evoca Dolly.

Gratitud hacia España

Onetti siempre sintió gratitud por el país que lo había acogido. Cuando le concedieron el Premio Cervantes, en su discurso, dijo: «Llegué a España con la convicción de que lo había perdido todo, de que sólo había cosas que dejaba atrás y nada que me pudiera aguardar en el futuro. De hecho, ya no me interesaba mi vida como escritor. Sin embargo, aquí estoy, unos cuantos años después, sobrevivido. Esta sobrevida es lo primero que debo a los españoles. Estos años de regalo, en los cuales he vuelto a escribir con ganas, después de mucho tiempo de no hacerlo».

Raúl Manrique Girón y Claudio Pérez Míguez presentan una imagen de Onetti que «se aparta bastante de la que muchas veces ha trascendido públicamente, esa leyenda que lo muestra como una persona de mal carácter, antisocial y que nunca salió de su cama. Seguramente esa imagen gusta o cae bien porque sea la que más condice con su obra, o con los personajes de sus obras, pero nosotros sostenemos que no es real o al menos que no abarca totalmente su personalidad en base a muchos testimonios que hemos recabado. Como material probatorio de esta opinión entregamos esta iconografía, con imágenes en su mayoría inéditas, que muestran, pensamos, a un Onetti más real que el que suele circular a través de diferentes anécdotas».

Este trabajo no hubiera podido realizarse sin la colaboración de Dolly Onetti, que "puso a nuestra disposición su archivo fotográfico, por lo que le estamos muy agradecidos, al igual que por habernos permitidos publicar su texto. Pero además de esto, debemos agradecerle la importante labor de documentación fotográfica de la vida de su marido, que ha desarrollado durante años y que hoy constituye un aporte de gran valor cultural. Dolly no es ni ha sido nunca fotógrafa, sino música, pero el cariño y las muchas ganas de conservar en la memoria gratos momentos ha hecho que, con su pequeña cámara, generara este gran patrimonio. De hecho, muchas de las fotos tomadas a Onetti que se consideran referenciales y que se han publicado innumerables veces, son de su autoría, aunque, lamentablemente, esto no se lo haga constar, por lo que creemos que es importante hacer este justo reconocimiento".

También quieren agradecer los editores a otras personas e instituciones que han contribuido para que este libro haya sido posible tal como lo tenemos ahora: «Ellos son Mario Vargas Llosa, Isabel María Onetti, Isabel María Gil Onetti, Hermenegildo Sábat, José María Álvarez, Omar Prego Gadea, María Angélica Petit, Jean Andreu, María del Carmen Diez Hoyo –Directora de la Biblioteca Hispánica de la AECID-, Teresita Mauro, Fiora Bemporad y el Instituto Italo Latinoamericano de Roma».

Con respecto a la organización de la obra, se ha respetado un criterio cronológico, más allá de alguna licencia tomada en función de la temática o del diseño. Ha sido separadas en seis capítulos: Montevideo-Buenos Aires, Madrid, Mundo artístico-literario, Los premios, Libros y revistas y Objetos afectivos.