Luis Alberto de Cuenca: «Un libro es fruto de trabajos e insomnios»

«El reino blanco» recoge noventa poemas escritos entre 2006 y 2009

MADRID Actualizado:

Cuatro años después de publicar «La vida en llamas» (Premio Ciudad de Melilla 2005), Luis Alberto de Cuenca vuelve a visitar el territorio poético con «El reino blanco» (Ed. Visor), delicioso poemario, repleto de homenajes, formas (sonetos, seguidillas, haikus) y fondos (el humor, el erotismo), y de sabiduría humana y lírica.

—¿Con los años, se pierde el miedo al folio en blanco?

—Se pierden muchas cosas con los años, pero nunca ese miedo, que es fundamental para seguir creando.

—¿Del primer rapto creador, de la primera versión a la definitiva, ha habido mucho trabajo a posteriori de corrección?

—Es inevitable que así sea. Todo libro de versos es fruto de trabajos y de insomnios. Lamartine se jactaba de haber escrito de un tirón un poema suyo dedicado a la noche; cuando murió, se encontraron en un cajón mil y un borradores del poema.

—Sonetos, haikus, seguidillas, verso libre…¿la poesía es poder jugar con muy distintas barajas?

—Con varias barajas y, a ser posible, con las cartas marcadas, para jugar con ventaja y hacer que el resultado sea satisfactorio. Pero cuesta toda una vida marcar bien esas cartas.

—Dedica tres poemas a Agustín de Foxá. ¿Un gran olvidado?

—Un gran tipo y un gran poeta. Y no tan olvidado: muchos siguen odiándolo todavía.

—Tampoco falta el humor.

—No sabría qué hacer ni qué escribir sin humor. Al fin y al cabo, la risa es el proprium (que diría un escolástico) del hombre.

—Ni el erotismo, uno de los trajes con los que mejor luce la poesía…

—Qué haríamos sin el erotismo, esa «pornografía de los ricos» (que dijo no sé quién). Le va siempre muy bien a mi poesía.

—Escribe que la poesía ha de ser «una fiesta alegre y comunicativa donde quepamos todos los hombres y mujeres del planeta»… Hábleme con más detalle de esta

«tesis».

—Está tan claro que, más que «tesis», es una evidencia. Peor para aquellos que hacen de la poesía una cantinela triste, silenciosa y sombría dirigida a ellos mismos y a sus amigos…

—¿Acabarán las nuevas tecnologías con la poesía cantada en torno a la hoguera de la tribu?

—¡Qué va! Al contrario. Gracias a las nuevas tecnologías, esas hogueras se difundirán por todas partes. No hay quien pare a la poesía.