Entremeses cervantinos

La cultura y la política celebraron el galardón junto a la escritora. Sinde trasnochó para acabar su discurso

ALCALÁ DE HENARES (MADRID) Actualizado: Guardar
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Ana María Matute llevaba semanas hablando sobre su temor al discurso del Cervantes. La noche antes de la entrega se acostó pronto y se levantó «antes de lo que es habitual en ella, a las ocho de la mañana», confirmaba su hijo Juan Pablo, una vez que la escritora ya había vertido felizmente sus palabras sobre todos los invitados a la ceremonia. Antes de esto, y de que llegaran periodistas y autoridades al Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, Matute se tomó un reconstituyente (un gin-tonic) para poder hacer frente al momento que culminaba una larga vida entregada a la literatura. «Un motor, sin gasolina, no funciona», argumentó con cierta picardía a aquellos que la rodeaban.

Una vez pasado el trago, el otro, el del discurso, Matute se relajó y se emocionó con las muestras de afecto que recibió por parte de autoridades —«el Rey me ha dicho muchas cosas. Es un hombre maravilloso», confesaba la premiada en el Patio de los Filósofos, donde tradicionalmente se ofrece un vino español tras la ceremonia— y también amigos. Aquellos que festejaron como propio este galardón añorado por Matute, pero nunca «reclamado». «Por fin... Lo estamos celebrando todos», afirmaba Soledad Puértolas, escritora vinculada a Matute por una «complicidad íntima» tejida durante años.

Entre abrazos y saludos, autógrafos y preguntas, los periodistas fuimos cosechando recuerdos de la galardonada a través de aquellos que han sido testigos de su prolongada trayectoria. Es el caso de Ana María Moix, quien desvelaba la estrategia empleada por la agente literaria de Matute para concluir una de sus obras más importantes, «Olvidado rey Gudú». «Carmen Balcells le pidió que cogiera una muda y un cepillo de dientes y se la llevo a su casa. Allí le puso una secretaria para terminar el libro». Un texto que Matute se negaba a terminar. «Pensaba que después de editarlo moriría, pero revivió. Excepto Ana María, todos nos hacemos mayores», bromeó Moix.

Matute, desde su silla de ruedas, con una copa de vino en una mano y presumiendo de medalla cervantina en la otra, volvía a emocionarse al recordar partes de su discurso, tan alabado ayer —incluso la Reina pidió una copia—. Así volvió a referirse a aquella «libretita» que contenía su primera novela manuscrita y que presentó a una editorial. Contaba entonces 17 años.

Entre los invitados al acto se pudo ver ayer a escritores como Gregorio Salvador, Carlos Bousoño, Fanny Rubio y Ángeles Caso; al director de la Real Academia Española, José Manuel Blecua; a la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel; y a políticos, como el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, acompañado por su esposa, Sonsoles Espinosa (que no quiso revelar el diseñador de su elegante vestido verde oliva), y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Mencionar la ausencia de representantes de la Generalitat catalana.

No faltó la presencia de la ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, quien, tras la ceremonia, y ante un pequeño grupo de periodistas, reconoció que no había podido dormir a causa del discurso, el suyo, no el de Matute, claro está. «Me ha costado mucho parirlo. Después de terminarlo a las 12,15 de la noche me puse a leer alguno de sus cuentos, y comprobé que mi texto no reflejaba ni la mínima parte de lo que representa como escritora, y no he pegado ojo», relató. Y es que durante los últimos días la ministra se ha sumergido en la obra de la nueva premio Cervantes —«estoy emborrachada de Matute», bromeó—, incluidos algunos de los cuentos que se adentran en la literatura fantástica, «un género que no me gusta mucho», admitió.

Más relajada que en otras ocasiones, «hoy es un día festivo», y con el canon y la piratería aparcados durante unas horas, González-Sinde se mostró satisfecha de haber podido participar en la entrega del Cervantes a una mujer (solo ha habido tres en treinta y cinco años), e incluso vaticinó que será otra mujer quien «lo gane el año próximo». A lo que añadió que también habrá «una ministra de Cutura mujer y otro Gobierno socialista». Y después dice Sinde que no le gusta la literatura fantástica...