EFE  Hugo Hiriart
EFE Hugo Hiriart

«Lo único que puede oponerse al desastre es la creatividad»

TRINIDAD DE LEÓN-SOTELOMADRID. Manejaba bien el pincel y de hecho iba para pintor, pero inexplicablemente Hugo Hiriart lo dejó -«nos movemos en un universo de tiniebla, enigma y ambigüedad en el que

TRINIDAD DE LEÓN-SOTELO. MADRID.
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Manejaba bien el pincel y de hecho iba para pintor, pero inexplicablemente Hugo Hiriart lo dejó -«nos movemos en un universo de tiniebla, enigma y ambigüedad en el que no podemos explicar las razones por las que hacemos determinadas cosas»-, nada menos que por la filosofía a la que dedicó nueve años de su vida. Ahora cree que aquel cambio fue un error, pero como puro mexicano lo subsana con un «ya ni modo». No hay vuelta atrás, pues. Pero, a fin de cuentas, se quedó con la palabra y ya tiene en su haber novelas muy premiadas.

A través del Taller de Mario Muchnik publica en España «La destrucción de todas las cosas», donde recrea un mundo de catástrofe en el que seres a los que denomina «los Otros» aniquilan México, una forma de vida, en fin, en la que algunos han querido ver una metáfora dramática de la Conquista española. Sin embargo, el hueco de esos marcianos puede, según su creador, «llenarse con lo que uno quiera». De hecho, Hiriart (México, 1942), afirma que su novela puede ser «una descripción muy realista de la globalización».

Con respecto a la Conquista no niega que le gustaría que el libro la explorara, aunque tiene claro que no desea pertenecer al grupo de quienes tienen atragantada la historia, como si las cosas estuvieran sucediendo en la actualidad. «No quiero que mi novela sea una especie de toma de partido. La Conquista puede equipararse a una tragedia shakesperiana, pero ¿quién discute ya sobre el papel de Yago o de Otelo?».

Confiesa que empezó a escribir «La destrucción de todas las cosas» impulsado por la cólera en un tiempo en el que México atravesaba difíciles momentos. «El PRI había ignorado que el poder tiene que renovarse o volverse monstruoso, pero lo que llegó después fue peor», dice.

Algún político mexicano también ha visto en la novela una burla para con su clase. Parece pues cierto que cada lector recrea el libro que tiene entre las manos, no obstante, resulta innegable la crítica feroz de Hiriart hacia unas personas que, dominadas por el miedo y la inercia, se niegan a ver la realidad, en una espera, que beneficia a los Extraños recién llegados. Sólo un hombre en compañía de su esposa y un hijo pequeño consigue ocultarse de los malignos y escribir para dejar testimonio de lo sucedido. «Lo único que puede oponerse al desastre es la creatividad, el testimonio. Para Primo Levi fue un deber dejar constancia del Holocausto y otros lo han hecho con respecto a otras cuestiones de oprobio». ¿Es obligado el compromiso en el escritor? «La propia descripción de la realidad compromete. Piense en Chejov».