Arturo Pérez-Reverte, rodeado de flashes en Cádiz /TWITPIC DE PÉREZ-REVERTE

Tras los pasos de Arturo Pérez-Reverte

El autor presenta en Cádiz «El asedio», ambientada en la ciudad andaluza durante el sitio napoleónico

MANUEL DE LA FUENTE |
CÁDIZActualizado:

Jueves 4 de marzo.

14.30. Felicitaciones al autor por parte del Alcalde de San Fernando, Manuel María de Bernardo. Teatro de las Cortes, Isla de León. Aquí, hace ahora doscientos años, sus señorías quisieron escribir nuestro futuro. La tarea la continuaron en la propia Cádiz, la gabachada estaba demasiado cerca como para poner sus lúcidas y preclaras mentes en peligro. “Por estas tierras, sí hubo barro, y sangre, y feroces acometidas cuerpo a cuerpo. Se defendió a España contra el invasor, aunque ahora, a veces crea que el verdadero enemigo estaba dentro”, sentencia Pérez-Reverte. Aquí, el 10 de noviembre de 1810, las Cortes Generales y Constituyentes aprobaron el decreto de la libertad de imprenta, inicio del periodismo moderno, consagrando la libre publicación de pensamientos e ideas. Y nosotros, que lo veamos, que lo sigamos viendo. El contraalmirante Pérez-Reverte pliega velas. “El asedio” ha terminado. Hora es de ponerse en manos de la apetitosa intendencia. Nos hemos merecido un buen rancho.

13.40.

13.10.

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12.15.

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10.30.

10.15.

08. 45.

Teófila Martínez

Miércoles 3 de marzo. 23.30. Último vistazo a “El asedio”, el fresco histórico, la marejada narrativa que acaba de levar anclas con el contraalmirante Reverte, letra a letra, dato a dato, ctrl.+s a ctrl.+s. Duerme la ciudad. El cronista lo intenta. Su duermevela se puebla de parábolas, toesas, barloventos, piratas y corsarios.

22.45. Entre chaparrón y chaparrón, allá en la Galia, le hemos metido a los de Napoleón. Villa y Sergio Ramos han sido Daóiz y Velarde. Si ya lo decían en 1812 por aquí: “Con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas, tirabuzones”.

20.44. Aquí estamos: Cádiz. La milenaria ciudad nos recibe entre chaparrones. Se busca a Pérez-Reverte desesperadamente. Estará echándose unos vinos con sus personajes: Rogelio Tizón, comisario de Barrios Vagos y Transeúntes; el capitán Desfosseux, el artillero, que busca la cuadratura del círculo del obús; Lolita Palma, de Palma e Hijos, navieros, a puntito de pasársele el arroz; Pepe Lobo, un Akab a la criolla; Felipe Mojarra, salinero, furtivo y patilludo.

20.00. Jerez de la Frontera, el Puerto de Santa María, San Fernando, llueve, detrás de los cristales del AVE, llueve y llueve.

19.30. Córdoba y Sevilla se han ido en un suspiro. Y Cabezas de San Juan, donde el general Riego escribió las primeras notas de su himno y de su levantamiento liberal. Andalucía nos ha recibido empapada, rebosante de charcos, con el Guadalquivir soñando a ser Mississippi, y los campos con el agua hasta el cuello, como los arrozales del Delta del Ebro. Cuando salga el sol, que saldrá, no crean, esto va a ser la Amazonia.

17.15. Puertollano. Llueve, detrás de los cristales del AVE llueve y llueve. La Mancha, disfrazada de campiña inglesa. Deberes de última hora: dos colegas se beben casi de un trago las setecientas páginas de “El asedio”, la nueva, novísima novela de Pérez-Reverte. Cádiz, más cerca. Y el mar. Por las calles de una Cádiz mítica ya caminó Albert Camus en “El estado de sitio”. Y Galdós, aquel garbancero que hizo hervir uno de sus Episodios Nacionales en la villa gaditana, cogido del brazo de su singular héroe, Gabriel de Araceli, también gaditano. Lo de Reverte es otro episodio. Y Nacional se augura su éxito: en el quiosco de la Estación de Atocha, mientras pagaba unos caramelos, ni dos minutos, cuatro compradores, vi a cuatro lectores que se rendían incondicionalmente ante “El asedio”. 16.10. Estación de Atocha, Madrid.Puntualidad británica. Si estuviéramos en la pérfida Albión (bueno en esta travesía es aliada), en cuarenta minutos tomaríamos el té. No es el caso. Viento en AVE a toda vela. Destino, Cádiz. El mar, el mar, patria de promisión para los de tierra adentro, aunque no sepamos distinguir la amura de babor, ni la de estribor, ni distinguir palo mayor y palo de mesana. Nos espera el marinero Arturo Pérez-Reverte, contraalmirante de nuestra narrativa para casi todos.