Foto de familia de la presentación
Foto de familia de la presentación - ÁNGEL DE ANTONIO

Siro López: «Cervantes era un humorista extraordinario»

El dibujante y escritor gallego presenta su ensayo «Cervantes e o Quixote. A invención do humorismo»

MadridActualizado:

A Cervantes no hay que tratarlo únicamente en los años señalados, con motivo de un centenario o a raíz de alguna polémica por la adaptación del Quijote al castellano actual; como si la lengua cervantina del siglo XVII resultara hoy incomprensible. Como recordaba la pasada semana Eduardo Mendoza en su discurso de agradecimiento al recoger el premio Cervantes, «soy asiduo lector del Quijote. Con mucha frecuencia acudo a sus páginas como quien visita a un buen amigo, a sabiendas de que siempre pasará un rato agradable y enriquecedor. Y así es: con cada relectura el libro mejora y, de paso, mejora el lector».

«A Cervantes hay que regresar con frecuencia», remarca el dibujante y escritor gallego Siro López que presentó ayer, en la Casa de Galicia en Madrid, su ensayo «Cervantes e o Quixote. A invención do humorismo», editado en gallego dentro de la colección «Cadernos de Ramón Piñeiro». Junto con el autor intervinieron Darío Villanueva, director de la RAE, y Manuel González, director del Centro Ramón Piñeiro.

«Es un tema que se ha tratado poco y de forma superficial. Se hacen muchos ensayos sobre su labor de narrador pero muy pocos sobre su trabajo de humorista». La lista de autores que han tratado esta faceta, aunque insigne, es breve: Wenceslao Fernández Flórez, Pio Baroja o Ramón Gómez de la Serna disertaron y escribieron en torno al humor en el Quijote. «Mucho antes lo había hecho el escritor italiano Pirandello», asegura López. «Un ensayo que no debió ser conocido en España porque no se entiende que, con lo bien que lo entendió el italiano, en nuestro país no fuese citado. Finalmente lo trató Celestino Fernández de la Vega en los años cincuenta» de quién, confiesa, tomó el testigo para esta labor.

Y es que Cervantes era «un humanista y un humorista extraordinario». Incluso aunque para muchos escritores posteriores fuera «un padrastro del Quijote a lo sumo» como afirmaba el escritor Salvador de Madariaga. Para Menéndez Pelayo fue un «ingenio lego». O Unamuno, quién concluyó que Cervantes no había entendido al Quijote. Ahora, Siro López recuerda que «Cervantes tuvo que resignarse a saber muy bien lo que escribía sin que nadie más lo entendiera. Fueron los románticos ingleses y los alemanes los que se dieron cuenta de que había inventado una forma nueva de humor. Y después de que los ingleses y alemanes lo imitasen, Cervantes siguió siendo incomprendido. Hasta Ortega, en ‘Meditaciones sobre El Quijote’, reconoce que no se está haciendo justicia con Cervantes».

Conciencia de la risa

«Al encontrarnos con un personaje así no podemos reírnos de él, sentimos mala conciencia de la risa. Tampoco podemos admirarlo porque es un loco. Pero no podemos reírnos. Este personaje es la primera creación auténticamente humorístico de la literatura universal. En el momento que Cervantes publica su obra los contemporáneos no se enteran de esto, sólo perciben los capítulos cómicos. No entienden todos los aspectos tan propios de un humanista. Y lo grave es que durante doscientos años no lo percibió nadie», incide López.

Preguntado sobre la actualidad del Quijote muestra su preocupación por el número de lectores. «Para los jóvenes es una dificultad leerlo en castellano antiguo. Creo que fue una gran idea la de Trapiello de adaptarlo al castellano actual. Aunque habría que ver si eso ha aumentado el número de lectores. Cervantes fue muy desafortunado toda su vida».

Sobre si en la España actual falta sentido del humor el escritor defiende que ante todo «tenemos un grave problema de semántica con el humor. Pero yo creo que no. La cantidad de mensajes que recibo con cosas graciosísimas creadas por el ingenio popular es enorme. Eso demuestra que el humor está a la orden del día. Lo que si es cierto que hoy no hay ensayos sobre el humor en España. Nunca hubo demasiados».

Siro López arguye vehemente que Cervantes debía de conocer muy bien el «Elogio de la locura» de Erasmo de Rotterdam. «La diferencia es que Miguel de Cervantes era un humorista benévolo y Erasmo un humorista satírico». Y luego, claro, López destila esa decepción tan cervantina y española de la conmemoración. «Se han tratado con suficiente respeto los múltiples centenarios, pero han sido fastos perdidos. Los ingleses empezaron a preparar los homenajes a Shakespeare con dos años de antelación. Menos mal que no aparecieron los huesos de Cervantes. Ya era lo que nos faltaba, que se autentificase de esa manera para que hubiera sido usado políticamente».