La escritora Siri Hustvedt, fotografiada durante su reciente visita a España
La escritora Siri Hustvedt, fotografiada durante su reciente visita a España - EFE

Siri Hustvedt: «El mundo entero sigue perteneciendo a los hombres blancos»

La escritora estadounidense regresa al panorama editorial con una recopilación de ensayos sobre arte, ciencia y feminismo

MadridActualizado:

Cuando Siri Hustvedt ( Northfield, Minnesota, 1955) era joven, mandó un artículo a varios medios. Como ella puntualiza, durante una comida compartida con ABC en Madrid, entonces no había «smartphones» y remitió la pieza por correo, con un encabezamiento somero y aséptico. Su nombre no se identificaba claramente con el de un hombre o una mujer, por lo que muchos de los receptores del artículo cambiaron el género de su autor. ¿El resultado? «Las cartas de rechazo escritas al hombre eran mucho más respetuosas». Aún presa del «asombro» que vivió entonces, la escritora estadounidense se resiste a permanecer callada ante el «doble rasero» que ha tenido que vivir en su propia vida (está casada con el novelista Paul Auster). Por eso escribió todos los ensayos que conforman «La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres» (Seix Barral), cuya publicación en España motivó esta conversación.

Empieza citando al físico y novelista C. P. Snow y el argumento de que hay una brecha entre las dos culturas dominantes: las humanidades y las ciencias.

Hace 20 años, me di cuenta de que a mi formación le faltaba la parte biológica. Decidí que iba a aprender todo lo que pudiese sobre el cerebro. Saber ciencia ha dado flexibilidad a mi mente y es algo que está al alcance de todo el mundo. Lo único que tienes que hacer es leer. Pero las ciencias deben tener un sentido de la historia de su propia disciplina y una conexión con un marco filosófico. Y ocurre lo mismo en las humanidades. Nos necesitamos.

Al final, el libro plantea distintas versiones de las mismas preguntas: ¿qué somos, cómo recordamos, cómo pensamos, cómo sentimos...?

Eso es: ¡qué está pasando! (ríe).

¿Ha encontrado alguna respuesta?

No una definitiva. Somos seres intersubjetivos, estamos hechos los unos a través de los otros. La fantasía sobre el hombre autónomo tiene que modificarse. Nos hacemos a través de los demás. Una de las grandes ocultaciones de la tradición filosófica occidental es la madre. La negación del origen es muy importante en la misoginia. Negamos que venimos del cuerpo de una mujer.

Ahora que lo menciona, me interesa mucho cómo el trabajo de las mujeres se subestima por su género.

Lo ves constantemente. Investigando sobre la simetría en las ciencias descubrí a Emmy Noether, una alemana que fue una de las grandes matemáticas del siglo XX. Einstein dijo que era un genio. Hay una teoría matemática que lleva su nombre. ¿Por qué se la ignora? ¿Por qué hacemos eso una y otra vez? Es algo que sucede en la literatura, en las ciencias... ¡en todas partes! Produce consternación.

Y sigue pasando. Puedo entender que sucediera hace siglos pero... ¿ahora?

El doble rasero es asombroso. Lo he vivido en mi propia vida. Piense en un novelista hombre que publique en revistas científicas como lo hago yo. No hay nadie. Pero hay una especie de resistencia porque es una mujer la que lo hace, en vez de decir que es maravilloso. No todo el mundo, pero hay mucha irritación y resistencia.

¿El acto de creación se altera por la percepción de que sea obra de un hombre o de una mujer?

Totalmente. Cuando las orquestas empezaron a hacer audiciones a ciegas comenzó a haber muchas más mujeres. Había un telón, escuchaban la música y las contrataban, o no, sólo por el oído. De repente, la mitad de las orquestas empezaron a ser femeninas. Es una prueba bastante evidente de cómo nuestras percepciones están sesgadas por nuestras expectativas de lo que hace un hombre o una mujer.

¿Es más difícil enfrentarse a los estereotipos sexistas en la ficción?

Sí. Sabemos que hay grandes escritores que no son instruidos. En el mundo de las artes no se trata de aprender, de dominar una disciplina. Los prejuicios son más profundos. Preocupa que la literatura y las artes en general son débiles, blandas. Por eso, si es un hombre el que lo hace, especialmente un tipo robusto y masculino, como Jackson Pollock, eso ayuda.

En el libro menciona al escritor Karl Ove Knausgård como ejemplo.

Correcto. Me gusta su obra, por cierto, y me cae simpático. No quiero que sea el chico «malo» porque le he visto varias veces y me gusta (ríe).

«Muchos novelistas piensan que si eres una mujer no puedes competir con ellos. No importa lo buena que seas, el mundo artístico e intelectual funciona así»

Simplemente tengo curiosidad por saber por qué le eligió a él.

Porque me dijo algo que me desconcertó mucho: «Ninguna competencia». Pensé: «¿De qué está hablando?». Entiendo la competencia, pero lo que no entiendo es que se divida entre sexos. Pero no es sólo Knausgård. Muchos, especialmente los novelistas hombres, lo piensan. No es que no admiren a las mujeres, sino que su criterio está definido por otros hombres, no por mujeres. Mientras el mundo artístico e intelectual funcione así, las mujeres no serán competencia. Es una gran lástima. No importa lo buena que seas. Ese es el problema. Las mujeres también son responsables, no es sólo un problema de los hombres. Son marcos perceptivos compartidos por hombres y mujeres, y la única forma de superarlo es tener una discusión abierta. La fantasía de que estos prejuicios son de personas primitivas es falsa. También son de personas elegantes, sofisticadas. Hay que encontrar el equilibrio.

¿Cree, como dijo Louise Bourgeois, que el mundo del arte pertenece a los hombres?

Seamos sinceros: el mundo entero sigue perteneciendo a los hombres blancos. Por supuesto que está cambiando, no es algo inalterable. Pero la sociedad es muy conservadora, y la percepción también. Yo era feminista cuando tenía 14 años. Era el final de Vietnam, el final del feminismo.

¿Sigue siendo feminista?

Por supuesto.

Se lo pregunto porque hay mujeres que se resisten a decirlo…

Lo sé. Tienen que superarlo. Tenemos que superarlo. ¿Qué es el feminismo? Hay muchas definiciones. Para mí, el feminismo es simplemente defender la libertad humana.

¿Y por qué hay mujeres que temen reconocer que son feministas?

Creo que es porque el feminismo se llegó a asociar con el antifeminismo.

Con la masculinidad.

Sí. Recuerde la quema de sujetadores. Nadie quemó nunca un sujetador. Es un mito. No ocurrió. Pero no importa si lo hicieron o no. Lo importante es que los conviertes en algo ridículo, en algo patético al usar ropa interior. Así todo el mundo se puede reír y sentirse cómodo y no amenazado.

Me imagino que se sintió orgullosa de las marchas de mujeres que hubo a principios de este año.

Muy orgullosa. Estuve allí con mi hija. Fue muy emocionante.

¿Estuvo en Nueva York?

En Washington. Mi hija y yo compramos el billete de tren antes de saber que también habría una manifestación en Nueva York. Llegamos allí y toda la ciudad estaba inundada de gente, sobre todo mujeres, pero también hombres. Fue muy pacífica.

«Trump tiene miedo. Es un misógino y un racista, un oportunista. Ha dicho que hay que tratar a las mujeres como una mierda. Tenemos que estar muy enfadadas»

Ahora tengo que preguntarle por Donald Trump, porque él fue la razón de esas manifestaciones...

Fue la razón, sí. Es algo muy serio... la república estadounidense que conocemos podría desaparecer.

¿De verdad lo cree?

EE.UU. es un país de leyes, pero también de presidentes. Él no está haciendo eso y tiene a la burocracia encima. Nadie está haciendo el trabajo. Las posibilidades de que haya autoritarismo aumentan si no hay un sustento burocrático significativo. Aunque me consuela la naturaleza de nuestro Gobierno, que fue diseñado para ser ineficaz. Esa ineficacia ayuda a frenarle.

¿Cree que habrá «impeachment»?

Si las investigaciones demuestran que la gente de Trump conspiró con Rusia... Sería una acusación muy grave. Aunque para él no es un problema. En él se combinan, de forma fascinante, una ignorancia chocante y un don retórico. Es muy bueno en eso. Pero fue elegido por el sistema

¿Cómo fue posible que lo eligieran?

Porque EE.UU. ha cambiado, como Europa ha cambiado. La demografía está cambiando. Cas Mudde, un maravilloso experto holandés, considera que estos movimientos están dirigidos por hombres blancos enfadados. Eres blanco y eres hombre, y tienes derecho a un respeto. La sensación de que ese respeto está desapareciendo, de que las mujeres, las minorías, los inmigrantes, se están apoderando de tu territorio, no solo crea enfado, sino vergüenza. Y no hay nada más fuerte que la vergüenza. Es el trasfondo emocional que hay detrás de todo esto y Donald Trump es la imagen.

Pero está jugando a un juego muy peligroso, porque para él es un juego.

Tiene miedo, no quiere a ninguna mujer, es el macho. Es un misógino y un racista, un oportunista. Ha dicho que hay que tratar a las mujeres como una mierda. Tendríamos que estar bastante enfadadas.

[Lee el primer capítulo de «La mujer que mira a los hombres que miran a las mujeres», el nuevo libro de Siri Hustvedt]