Robert Goodwin
Robert Goodwin - ABC

Robert Goodwin: «Los españoles son muy buena gente y de profunda formación educativa»

El historiador inglés publica en castellano «España, el centro del mundo», una reivindicación de la aventura imperial de un país que lo apasiona

LUIS VENTOSO
Corresponsal en LondresActualizado:

El historiador londinense Robert Goodwin es un cuarentón rubio y cordial, hincha del Chelsea, apasionado de España y casi un sevillano vocacional («me vuelve loco todo lo de allí, empezando por su cerveza Cruzcampo»). Publica ahora en castellano «España, el centro del mundo, 1519-1682» (La Esfera de los Libros), una puesta en valor de la aventura del imperio español y de la burbujeante creatividad de la nación de los Austrias. La obra había visto la luz antes en el Reino Unido y Estados Unidos. Conversamos en su domicilio frente a los curiosos canales de la Pequeña Venecia de Londres. En la mesa no falta un guiño español: un plato de jabugo, que se vino con él en su último viaje a Andalucía.

¿Le impone publicar por primera vez en español habiendo dedicado su carrera al país?

Siempre que sale un libro al mercado te expones, aunque no tanto como un torero. Es un gran honor que un país publique el libro de un extranjero. Es una de las ventajas que tiene España: el español siempre ha tenido interés en la opinión de los de fuera sobre su país. Muy pocos pueblos hacen eso.

Joven londinense de buena familia, ¿cómo surge su pasión por España?

Voy a confesar la verdad. Aterricé en Barcelona con 18 años y sin mucho conocimiento de España. Entré en un bar, me pusieron una copa y aluciné con el tamaño. Con 18 años salí a la calle Princesa de Barcelona un poco afectado tras aquel gintónic y veía a todo el mundo sonriendo, a diferencia de Londres, que era entonces ciudad de pocas sonrisas, en plena época del mal rollo del hooliganismo. De repente me encontré un país donde aparentemente todo el mundo era buena gente, se lo pasaba bien y siempre brillaba el sol. ¿Qué más vas a pedir?

Pero me está omitiendo algo, creo que nada más llegar lo atracaron.

Eso también es verdad. Pero al venir de aquel Londres tan bronco, mi reacción fue pegarle al mangui. Se quedó tan atónito que se fue. A los dos días fui a la plaza de abastos, a comprar lo típico del guiri joven para comer algo en la pensión, y me encontré al mismo tío, que esta vez me saca una navaja, pero chiquitita, de pelar un puro. Pensé que era un broma, que el país era tan majo que hasta los ladrones tenían sentido del humor.

¿Cómo definiría a los españoles?

Un pueblo con una formación educativa muy profunda. Muy inteligentes. A la hora de emplear su formación ustedes son muy hábiles. Tal vez algo distraídos, porque son muy divertidos y enamorados de la vida, de la calle. El español tiene un carácter tan sociable que casi parecen extraterrestres. En otros países encuentras buena gente y te lo pasas bien. Pero llegas a España y si te encuentras a una persona con malaje, que no es buena gente, te indignas por lo raro.

Al leer su libro, agrada que se aparta de la leyenda negra. Ofrece una visión bastante positiva del imperio español.

Entender un gran imperio como el español exige matices. Yo he intentado ofrecer una imagen ecuánime. También he destacado aspectos no tan atractivos. Pero en esa época de los Austrias, en los siglos XVI y XVII, España fue el reino y el pueblo más poderoso e influyente, el auténtico centro del mundo. He querido alumbrar las características que le permitieron serlo tanto tiempo. He intentado mostrar aquella España como sería a ojos de un viajero extranjero de la época.

¿Y qué vería ese extranjero?

Pues en el 1600, llegando a Madrid, o sobre todo a Sevilla, habría sido muy consciente de que estaba llegando a una de las ciudades más importantes del mundo.

¿Por qué?

Por todo. España recibía muchísima influencia de todas partes del planeta, que se prolonga incluso hasta el reinado de Felipe IV. Aprovechaba lo mejor de Italia, los Países Bajos, América… Y toda esa riqueza llegaba a una España en un momento de cambio brutal. Para el individuo, y yo me centró siempre en las personas, todo era nuevo. Fue además una época de muchísimos litigios, de arte revolucionario, ¡del Greco y Velázquez!; de un teatro nuevo, de las novelas de Cervantes. Y luego están las experiencias militares, claro. Aquel ejército español era temido en todo el mundo y muchísimos españoles viajaron con él. Que llegase a tu pueblo el Duque de Alba a veces equivalía a rendirse sin presentar batalla.

¿Por qué se da ese estallido de genio y entusiasmo justo en ese momento y en ese país?

Es una combinación del dinero que llegaba de América, importante móvil económico; del espíritu de la Reconquista, que había dejado un sentido de aventura casi caballeresco; y luego de la feliz casualidad de la herencia de los Austrias. Es una situación con muchas oportunidades. España tenía universidades y una burocracia creciente. Mucha gente que en generaciones anteriores no habría tenido oportunidad de educarse ahora era culta. Los abogados debían dominar el latín, podían leer en las mejores fuentes. El abuelo de Cervantes, por ejemplo, de familia humilde, consiguió con sus estudios ser familiar de la Inquisición y después una especie de juez oidor en una de las fincas más importantes de los duques de Infantado. Más tarde hasta logró enfrentarse al duque, porque sabía cómo funcionaba la justicia. En una generación anterior no habría podido litigar así. El duque le habría cortado la cabeza.

En su libro se nota que le cae muy bien Cervantes y fatal Lope de Vega. ¿Por qué?

[Goodwin se ríe como si hubiese cometido una travesura] ¡Lope era muy malo! Bueno, la verdad es que en esa parte del libro necesitaba un bueno y un malo. A Cervantes le tocaba ser el bueno porque a mí me encanta su literatura. Como mantuvieron esa enemistad la aproveché, pero igual todo atiende un poco a mi propia personalidad.

Con Carlos I en cambio parece que sí se iría de cañas.

Era un tío a lo clásico. Si una persona es importantísima, potente, y se comporta en casa como alguien más o menos normal, que es la imagen que tenemos de Carlos I, a mí eso me gusta. Esa magnífica anécdota de cuando se le cae el pincel a Tiziano y él se lo recoge… El modo en que amaba a su mujer, con una pasión de otra época… Era capaz de desmontar un reloj y recomponerlo. Eso implica una habilidad de artesano, de persona humilde. En realidad él no hacía mucho, tenía a su relojero, pero ya solo su interés en ver cómo funcionaba aquello nos dice mucho.

¿Y Felipe II? ¿Merece ser revisado? El otro día escuché al director de ABC recordando en una radio española que el emperador tenía en su biblioteca todos los libros del índice de obras prohibidas.

Felipe II en algún momento decidió que iba a gobernar de modo distinto a su padre, que no iba a intentar estar todo el tiempo en todos sus reinos, sino utilizar su administración para controlar como pudiera el imperio desde su despacho. Eso le dejó tiempo para una vida en realidad un poco suburbial en sus palacios alrededor de Madrid, una vida bastante más moderna, que casi anticipa como podía vivir la muy alta burguesía de finales del XVIII o comienzos del XIX. Lo que le gustaba era tener una mujer a su lado, y fueron varias, porque tuvo mala siempre y se le iban muriendo. Tiene todo un carácter por descubrir.

Volvamos al presente ¿Por qué se ha metido su país en el jardín del referéndum de la UE?

Fundamentalmente por un problema interno del Partido Conservador. Hay bastantes conservadores, muy tradicionales, que tienen unas quejas bastante válidas de la UE y siempre han pensado que Gran Bretaña estaría mejor fuera que dentro de la UE e intentando cambiarla desde dentro. Y ahí aparecen los tipos más curiosos, como Michael Portillo, que es un enamorado de España e hijo de un republicano que se refugió en Inglaterra.

¿Y usted qué cree que va a pasar?

Yo en las elecciones de aquí siempre me fío de las casas de apuestas y desde el comienzo han dicho que van a ganar los pro europeos dos a uno. Pero el tema de la inmigración puede complicarlo todo, es un problema tóxico para la política. Una gran marea de inmigrantes podría cambiar el voto del pueblo británico y el referéndum será en junio, ya con el buen tiempo.

En España se está dando un movimiento antitaurino muy intransigente por parte del populismo radical ¿Qué opina de los toros?

Comprendo a los antitaurinos y sus inquietudes morales. La muerte de un animal noble y bravo emociona mucho. Pero tras pensarlo mucho, he concluido que la tauromaquia revela lo más profundo del proceso fundacional de nuestra civilización. Vemos al ingenio humano aprendiendo a domar una fuerza natural superior de una manera bastante honesta. Me explico: el ciudadano acuerda con el Estado abdicar de las capacidades violentas del individuo para sujetarlas a especialistas profesionales -toreros, militares, policías, jueces-, que se encargan de una violencia mitigada para protegernos, pero todo bajo un gobierno consentido. Pero soy muy objetivo. De estudiante recorrí España entera viendo toros. Los victorinos perfectos, Espartaco en Salamanca con aquel Torrestrella bajo el diluvio. Me emociona solo recordarlo.

¿Qué personaje español le haría especial ilusión que leyese su libro?

Lógicamente Felipe VI, sus padres y la Reina Letizia. Creo que esbozo una imagen bastante optimista y protodemocrática de la España de los Austrias. Los comuneros, el derecho, el papel de la iglesia en el debate político y intelectual, la emergente clase media de mercaderes y letrados… Todos atestiguan la evolución de una sociedad muy moderna.

¿Qué pecado es mayor para un historiador: faltar a la verdad o aburrir?

Ser aburrido. No hay verdad en la historia. ¡Es un arte!