Samanta Schweblin, Juan Gabriel Vásquez y Alia Trabucco Zerán
Samanta Schweblin, Juan Gabriel Vásquez y Alia Trabucco Zerán - ABC

Reino Unido apuesta por la literatura hispana, a la espera del Brexit

ABC habla con Samanta Schweblin, Juan Gabriel Vásquez y Alia Trabucco Zerán, nominados al premio Booker International

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Será cosa del destino o pura casualidad, pero el martes pasado, casi a la misma hora a la que el Parlamento británico rechazaba, por segunda vez, el acuerdo del Brexit, se hacía pública la llamada «longlist» del prestigioso premio Man Booker International, que cada año reconoce una obra de ficción, de entre las millones publicadas en todo el mundo, traducida al inglés. Entre los trece escritores, de procedencias dispares, que pasaron esta primera criba –el 9 de abril se anunciará la «shortlist», con seis candidatos y, finalmente, conoceremos al ganador el próximo 21 de mayo– figuran tres latinoamericanos: la argentina Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978), por «Pájaros en la boca»; el colombiano Juan Gabriel Vásquez (Bogotá, 1973), por «La forma de las ruinas», y la chilena Alia Trabucco Zerán (Santiago de Chile, 1983), por «La resta».

Una inclusión que no es un hecho aislado, sino sintomático de una realidad cada día más incontestable: la fuerza de la literatura hispana en todo el mundo. El año pasado, sin ir más lejos, fue notable la presencia de autores españoles en la carrera por este galardón: Gabriela Ybarra y Javier Cercas estuvieron en la «longlist» y Antonio Muñoz Molina llegó hasta la «shortlist». Lo sucedido en esta edición tiene, si cabe, más mérito por la coincidencia con el tremendo lío del B rexit, y refleja, quizás, que mientras la política está empecinada con posturas nacionalistas, la cultura va por otros derroteros, mucho más aperturistas.

Una rica tradición

A la espera de ver qué depararán las siguientes votaciones, ABC ha logrado recabar las posturas de los tres escritores hispanos honrados este año con la nominación, pertenecientes a tres generaciones de tres países distintos. De viaje todos, como no podía ser de otra manera, dada la probada universalidad de su literatura, se muestran encantados con el mero hecho, ya, de estar en la «longlist» y, sobre todo, convencidos de que su presencia en la lista británica no es casual. «Llevo muchos años admirado por lo que los latinoamericanos están haciendo con esta tradición desmesuradamente rica que les ha tocado en suerte. En los últimos treinta años, mis colegas latinoamericanos han publicado libros extraordinarios que sobrevivirán muchos años, y también de ellos me he alimentado», confiesa Vásquez.

Para Schweblin, que responde a ABC en mitad de un interminable viaje en coche hacia el aeropuerto de Bariloche, «es un espejo muy claro del cambio que ha habido en la recepción de la literatura latinoamericana por parte de los lectores anglosajones, un cambio al que, a su vez, responde la gran cantidad de traducciones del español en estos últimos años». La argentina pone como ejemplo la traducción al inglés, el año pasado, de la obra de sus compatriotas Antonio di Benedetto o Norah Lange. Y pide un deseo, revestido de realidad: «Ojalá los escritores latinoamericanos hayamos al fin superado ese estigma anglosajón y europeo de que sólo escribimos realismo mágico».

Trabucco Zerán, por su parte, está convencida de que «nuestros distintos castellanos han ido ganando espacio e importancia simbólica y hay una avidez y una revalorización de nuestras diversas literaturas». La nominación al Booker es, según la chilena, «un justo reconocimiento a la excelente literatura que se está escribiendo en América Latina».

Reacio a analizar la posición que, actualmente, ocupa la literatura en español en la industria editorial mundial, pues es más «una pregunta para editores», Vásquez confiesa que no entiende sus libros –nunca los ha entendido– «exclusivamente dentro de la tradición latinoamericana. Los entiendo dentro de la tradición de mi lengua. Yo he escrito mirando hacia Borges o Vargas Llosa u Onetti, pero también tocando puerto en Javier Marías y Muñoz Molina. Y me siento tan cerca de Valeria Luiselli como de Javier Cercas, aunque hagamos libros tan distintos».

La distancia física impuesta por el charco que nos separa desaparece gracias a la fuerza de una lengua que ya hablan 577 millones de personas. Y, por eso, tener la oportunidad de escribir en español es una suerte que debe reconocer el que la tiene, como hace el colombiano. «Mi lengua carga encima una tradición compleja, mestiza y extraordinariamente rica, y tratar de trabajar con ese material es un privilegio y también un reto».

La fuerza del español

En el vasto territorio que ocupa la literatura hispana, «muy saludable, con autores excepcionales, buenos editores y una gran cantidad de lectores», en palabras de Schweblin, conviven, también, diferentes rasgos. La riqueza de matices que aportan los distintos escritores, portadores de voces únicas, aunque vertebradas en el español, hace que el panorama, según Trabucco Zerán sea «muy diverso». «Se están escribiendo libros magníficos. Recomiendo absolutamente todo lo de Lina Meruane. También a Alejandra Costamagna y Nona Fernández, ambas excepcionales. Sigo también todo lo que publica Yuri Herrera y últimamente leí más de Cristina Rivera Garza, excelente. En fin, la lista es larga: Rita Indiana, Maximiliano Barrientos, Cabezón Cámara», enumera la chilena.

Toda esta versatilidad que demuestra la narrativa hispana contrasta con la cerrazón que domina el país que otorga el Booker International, cuna de la más alta literatura (ay, si Shakespeare levantara la cabeza). La coincidencia en el calendario entre la nominación y la votación es para Vásquez la «metáfora de un país que quiere abrirse al mundo, que siente curiosidad por el mundo, y que está enfrentado de mala manera a los nacionalismos, las xenofobias y los populismos de manual».

Y remata Trabucco Zerán: «En un momento en que los nacionalismos han resurgido con peligrosa fuerza, curiosamente hay un interés mucho más fuerte por “lo extranjero” a nivel literario. Son formas de resistir, de confrontar y confrontarnos con materiales culturales diversos, que enriquecen, que interpelan y hacen ver lo valioso e importante que es lo extranjero en general. Bien por el Booker International, que visibiliza la importancia de la diversidad. Cae en buen momento, sobre todo políticamente».