«La rabia no te permite ver la realidad»
La escritora y guionista Yiyun Li /ABC

«La rabia no te permite ver la realidad»

La escritora y guionista china presenta en España su primera novela, «Las puertas del paraíso», en el que recupera algunos recuerdos de su infancia, marcada por la Revolución Cultural

SUSANA GAVIÑA |
MADRIDActualizado:

Yiyun Li (Pekín, 1972) fue una de las niñas que nació durante la Revolución Cultural promovida por Mao, que duró diez años (1966-1976). Vivió con naturalidad ese régimen, «sin cuestionarme nada, como la mayoría de los niños». Años después esta revolución contribuiría a crear el germen de una pequeña contrarrevolución, la rebelión de miles de estudiantes que pidieron más libertad al régimen, y que desembocó en la matanza de Tianamen de 1989. Ella entonces tenía dieciséis años. Un par de años después, como requisito obligatorio para ingresar en la Universidad de Pekín, fue reclutada en un campo militar, donde los jóvenes estudiantes eran adoctrinados durante doce meses. Era la manera de evitar que se volviera a repetirse la revuelta estudiantil. El proceso se prolongó durante cuatro años. El tiempo necesario para que tuviera lugar la «limpieza de sangre».

Durante ese año de internamiento, en el que estaba prohibido mencionar los hecho de Tianamen, Yunyi Li comenzó a retomar los recuerdos de infancia y a ser consciente de su significado. Y, por supuesto, habló sobre Tianamen. «Me rebelaba mucho y estaba muy enfadada».

Recuerdos de infancia

Parte de sus recuerdos de infancia los ha trasladado ahora a su primera novela, «Las puertas del paraíso», publicada por Lumen y en catalán por Ediciones Bromea. «La semilla de este relato proceden de mi infancia, de personas que conocí y de historias que me contaron, y que, en la mayoría de los casos, me provocaron gran confusión. Recuerdo cómo en mi barrio había un niña que tenía una deformación en la cara de nacimiento, como Nini. Mis padres me contaron entonces que ésta fue causada por alguién del partido que pateó la barriga de su madre cuando estaba embarazada». Recuerda que, en aquellas historias que le contaban, «no había ningún tono de denuncia, expresaban un hecho. Nadie lo cuestionaba. Cuando la vida es tan dura, la gente lo asume, sin más». Años después empezó a cuestionar aquellos momentos para intentar entenderlos. «Como escritora es mi labor hacerme preguntas y encontrar las respuestas». Asegura que la rabía que sintió durante su internamiento no le ayudó a responderlas. «Cuando exploras la realidad no puedes permitírtelo. Cuando escribí el libro ya no sentía rabía sino curiosidad por profundizar en el ser humano».

A pesar de haber abandonado ese sentimiento, la escritura de «Las puertas del paraíso» es vehemente, intensa y no exenta de crueldad, «las cosas se trataban con normalidad, no se escondía nada a los niños». La historia comienza con el ajusticiamiento de Gu Shan, una joven que cuestiona las ideas de la Revolución Cultural, tras años de ser una de sus líderes. Antes de mostrarla en público, ya la han cercenado las cuerdas vocales —una más de las profanaciones que sufrirá su cuerpo— para que no pueda gritar una última consigna. A partir de ahí, la autora muestra al lector un mosaico de vidas que se interrelacionan entre sí —los padres de la condenada, la señora y el maestro Gu; la locutora Kai, que decide cambiar su vida cómoda y oficialista tras el asesinato; aquellos que fueron víctimas de la demencia revolucionaria de Gu Shan, como la madre de Nini; así como los niños que habitan en este pequeño pueblo, que como Yiyun Li un día, observan desde la inocencia las consecuencias de enfrentarse al régimen comunista.

«Mi pasión a la hora escribir viene del amor que siento hacia todos los personajes, aunque sean malos, como Bashi, a quien adoro aunque al mismo tiempo me rompió el corazón escribir sobre él —explica la escritora—. Hay que comprender a cada uno de los personajes, que se convierten en tu familia porque pasas mucho tiempo con ellos. Mis sentimientos hacia el comunismo también provienen del amor que les tengo, porque todos ellos están atrapados en él».

Aunque a primera vista se podría pensar que Yiyun Li vierte algo de sí misma en el personaje de Kai, no es así: «No, fue el personaje más difícil a la hora de escribir. Aunque tenía mi edad, y era idealista no conecto con su posición, y como madre, tampoco conecto con el hecho de que permitiera que su hijo se convirtiera en un huérfano \[los contrarrevolucionarios son repudiados por la sociedad\]. Yo me identifico con los sentimientos del maestro Gu». Pero al final se rinde... «Sí, es cierto. Ése es uno de los momentos más oscuros de la novela porque él es el único personaje que tiene algún contacto con la cultura occidental. Representa una parte muy fatalista de la historia china. Pero si yo hubiera renunciado como él, no habría escrito este libro», se justifica entre risas.

Medicina y escritura creativa

Yiyun Li se trasladó a vivir a Estados Unidos en 1996 para estudiar medicina, actividad que compatibilizó con la asistencia a un curso de escritura creativa. Allí descubrió su vocación por la literatura, a la que han contribuido textos de sus autores favoritos, como William Trevor, Chejov, Dostoiesvki, Graham Green.... Escribió varios libros de relatos —«Los buenos deseos»—, que cosecharon numerosos premios y el reconocimiento de la crítica. El director Wayne Wang, con guión de la propia escritora, ha llevado al cine dos de ellos, «La princesa de Nebraska» y «Mil años de oración», película que ganó la Concha de Oro de San Sebastián en 2007.

Yiyun Li asegura que no tiene intención de regresar a su país, donde todavía viven sus padres —«que no han leído el libro»—, aunque si irá de visita. «Como escritora necesito tener distancia con China, tanto física como geográficamente». Tampoco sabe cómo han recibido las autoridades de su país la novela, en la que retrata la deshumanización de un régimen totalitario. «La prensa china reflejó las críticas que tuvo el libro en los principales periódicos de Estados Unidos, pero quien hizo la traducción del artículo escribió que la novela trataba sobre la muerte de una joven y cómo afectó ésta a sus padres. En ningún momento mencionaron las ejecuciones, el trasfondo político.... Qué interesante, que interpretación tan curiosa», reflexiona la escritora con cierta ironía. Cuando se le menciona que eso se llama censura, Yiyun Li se ríe y asiente: «Efectivamente, así es».

A pesar de la dureza de los hechos, situados en los años 70 del siglo pasado, que narra en su libro, la escritora considera que las cosas han cambiado bastante en China. «Creo que ha habido mejoras, pero en lo que se refiere a los derechos humanos o a la situación política va muy por detrás de los avances en economía. China es un país capitalista dirigido por un partido único, por lo que no es un país democrático, y eso va a tardar tiempo en llegar».