La picadura del hombre araña
Collage con las cartas inéditas de Manuel Puig (su letra, los sobres y su fotografía), que se editan a los veinte años de su muerte / ABC

La picadura del hombre araña

ANTONIO ASTORGA | MADRID
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Manuel Puig, uno de los más personales escritores argentinos, admiraba de Gide su distinción y economía expresiva, y quería ser como él; le gustaba Faulkner, que era la desmesura, y quería escribir como él; le apabullaba Tolstoi y lo leía como si fuera él, y corregía con lápiz a Proust. Puig buscaba nuevos lenguajes para la novela, y el origen de ese derroche se encuentra en las 25 cartas inéditas que publica Del Centro Editores, dirigidas por Puig entre 1960-80 a Ítalo Manzi. Con él, especialista en cine y traductor de Unesco, mantuvo una «amistad amorosa» durante tres décadas. La obra, que se presenta el miércoles, se titula «Mi salvaje amigo».

El primer grupo de estas cartas inéditas muestra a un Puig muy joven, viajero, europeo, desenfadado, vivaz, volcado en el cine, y apenas tomando conciencia de su futuro como escritor. En ellas revela sus relaciones amorosas tanto con hombres como con mujeres. «La segunda parte -explica a ABC Claudio Pérez Míguez, del Centro Editores- corresponden a la década de los 80, y a un escritor ya consagrado que conserva y profundiza su «pasión» por el cine. La obra incluye una introducción escrita especialmente por Ítalo Manzi, la trascripción de las cartas con notas del mismo, necesarias para el cabal entendimiento de las mismas, y el facsimilar de cada una de las cartas incluyendo sus sobres», destaca.

La carta que reproducimos es la última de las de 1960-62, que Puig fecha en Roma. En ella pregunta en inglés [solía mezclar en los textos frases de distintos idiomas, códigos secretos, etc...]: «Cómo está mi adorado muchacho Rauno». «En diciembre del 60 y en enero del 61 -explica Ítalo Manzi-, así como en algunos retornos posteriores de Manuel, nos sentábamos a mi piano y tocábamos y cantábamos hasta el cansancio canciones de viejos y nuevos filmes en todos los idiomas posibles. Manuel fantaseaba con una presentación mía en público y preparaba la publicidad. Había que elegir el nombre. Se barajaron unos cuantos, pero yo me emperré en que tenía que ser Rauno o nada (Rauno es un héroe del «Kalevala», la epopeya finlandesa); al fin Manuel encontró: «Rauno, the boy with the sexational voice» («el muchacho de la voz sexacional»)».

En marzo de ese año, 1962, Manuel Puig confiesa a Manzi que cayó en un pozo de desesperación, y como «descarga nerviosa» le dio por escribir «a tontas y a locas», y le salió una especie de novela. Es la génesis de la carrera literaria de Puig: los escritos son «La traición de Rita Hayworth» y «Boquitas pintadas».

Filias y fobias cinéfilas

Al final del texto expresa Puig lo que le han parecido películas que ha visto. Le enloqueció la estrella francesa Martine Carol en «Austerlizt» y le gustó «Verano y humo». Y comienza a odiar: «El eclipse» de Antonioni por «hermética y vacía», y el bodriazo de «Salvatore Giuliano»; a Bette Davis en «Milagro por un día», y odia «en todo momento y lugar» a Claudia Cardinale, «la nada con 10 kilos de más».