El escritor estadounidense Tom Perrotta
El escritor estadounidense Tom Perrotta - MARK OSTOW

Tom Perrotta: «Prefiero el proceso de escritura de la novela al cine, poder crear todo de principio a fin»

El creador de la serie de televisión «The Leftovers» regresa a la novela con «La señora Fletcher», una historia realista que gira en torno a la identidad

MadridActualizado:

Tom Perrotta (Nueva Jersey, 1961) quedó fascinado por los relatos de Raymond Carver cuando estaba en la universidad y decidió ir a Siracusa para estudiar con él. En los meses que pasaron entre su admisión y el comienzo de las clases, Carver se retiró del profesorado. A cambio, Perrotta tuvo la oportunidad de estudiar con otro gran cuentista norteamericano, Tobias Wolff, que se convirtió en su maestro. En la mayoría de sus relatos y novelas (casi todos adaptados al cine), el estadounidense trabaja con su propia biografía, sin embargo hace unos años escribió «The Leftovers», una novela de ficción especulativa, que HBO convirtió en serie de televisión. Entre 2014 y 2017, Perrotta cambió Boston por Venice Beach y se convirtió en guionista de su propia novela.

Ahora, publica «La señora Fletcher» (Libros del Asteroide) y vuelve al realismo con una historia sobre la identidad y los problemas de su generación para entender los cambios que se están produciendo, tanto a nivel íntimo como a nivel global. La señora Fletcher, una mujer divorciada cerca de los cincuenta, se despide de su hijo que comienza la universidad. Ambos pasarán pruebas en su camino por encontrar su sitio y definirse en un mundo cambiante que pone a prueba sus convicciones.

Desde que escribió esta novela, ha cambiado mucho la situación política, con el escándalo Weinstein y las denuncias que han salido a la luz. ¿Siente que ha afectado a la recepción?

Lo que estaba escondido desde hace años ha explotado, y para la novela genera una situación muy interesante. Por un lado ha sido bueno, pero el peligro está en que se lea como un comentario político. Y no lo es. Es importante que la novela funcione en el nivel de la ficción, la situación política seguirá cambiando y es importante que la novela se siga sosteniendo por sí misma.

La señora Fletcher tiene «Middlemarch» en la mesilla de noche, pero nunca encuentra el momento para leerla. ¿Por qué la escogió?

«Middlemarch» es la gran novela victoriana, que gira en torno a las vidas comunes. La protagonista, como la señora Fletcher, está tratando de dar sentido a su vida. Me gustaba la idea de que estuviera en su mesilla, mientras ella se dedica a ver «Friends». Me parece un signo muy claro del estado de la cultura contemporánea. Esa lectura podría ayudarle con sus problemas, y que quede ahí funciona como un contrapunto cómico que me interesaba enfatizar.

Leí que «Middlemarch» tuvo como título de trabajo «Miss Brooke». Me pregunto si le inspiró para elegir el título de su novela.

Es gracioso, no lo sabía. Mi primera idea para el título fue «The MILF» (término de «slang porno» que significa madre a la que me follaría). El libro habla de elegir una identidad en un momento cultural en el que se nos ofrecen infinidad de identidades. Decirte a ti mismo que quieres encajar en una categoría que está asociada al porno puede transformar tu vida. La identidad puede ser opresiva, y ahora tenemos todas estas posibilidades frente a nosotros. Pero también pueden llevar a confusión. La señora Fletcher necesita identificarse con algo que le devuelva la visión de sí misma y le haga sentirse viva.

Me llamó la atención ver cómo muchas identidades diferentes van apareciendo sucesivamente, luchando por explicarse frente al mundo. ¿Tenía un plan previo para hablar de todas ellas o surgió durante el proceso?

Bueno, no tenía un plan concreto desde el principio, pero en un momento me di cuenta de que sí, tenía un trans, una bisexual, una MILF… y sí, me faltaba un asexual y decidí incluirlo. La identidad no es una broma, pero la idea de que el libro pudiera estar tratando de marcar todas las casillas sí lo era para mí.

¿Cambió de perspectiva al escribir, tuvo que actualizar sus opiniones?

Esto es, quizá, lo que hace este momento tan complicado. Tenemos que vigilar nuestros propios procesos mentales. Hay que tener cuidado, y ya no soy joven, hay cosas que tengo enquistadas en el cerebro. Veo a mis hijos, y para ellos resulta muy fácil. Pero a la gente de nuestra edad, que nos consideramos progresistas, en privado nos cuesta. Y trato de entender lo que le está pasando a la gente mayor con todo esto. Algunos de sus pilares más básicos están en crisis, y muchas veces les despreciamos por su conservadurismo, pero no es fácil para ellos. Se resisten a los cambios porque no saben cómo afrontarlos.

El lenguaje que usan los personajes es muy marcado según su edad ¿Le pide consejo a sus hijos?

Mi hija, que tiene 24 años, leyó el libro y tuvo un papel casi de editora, y mi hijo también me ayudó. Están acostumbrados a leer lo que escribo, aunque no siempre es fácil compartir con ellos algunos temas.

En otras novelas ha escrito sobre su adolescencia o su experiencia universitaria. Uno podría pensar que podía acercarse más al personaje de Brendan, sin embargo siento que es de Eve de quién más cerca está.

Jajaja, sí, sin duda. Había muchas cosas relacionadas con ella de las que quería hablar desde hace tiempo. Tenemos una edad parecida y, aunque yo lo he pasado con mi mujer, también me he tenido que enfrentar al síndrome del nido vacío. Pienso mucho en lo frustrante que puede resultar la gente joven para nosotros. Ellos no llevan consigo el mismo peso que llevamos. Las mujeres de mi generación, aunque no fueron las feministas pioneras, sí fueron las primeras que crecieron con el feminismo de manera optimista, con las ideas nuevas acerca del matrimonio. Y como este momento del #MeToo ha revelado, los hombres no siempre hemos cooperado.

Me interesó mucho que eligiera usar la tercera persona para hablar de ella, y lo mezclara con un narrador en primera para Brendan.

El narrador en tercera nos acerca a un punto de vista íntimo, y es especialmente útil cuando el personaje tiene una vida interior rica, un pensamiento que quieres seguir de cerca. Con él tenía la sensación de que no pasaba mucho por su cabeza que no pudiéramos ver a través de sus actos. Brendan es gracioso y egocéntrico, puedes aprender más oyéndole hablar directamente. Con Eve, como con personajes más sofisticados, es más interesante oírles pensar. Lo que él hace y lo que piensa son lo mismo, no tiene una capacidad de reflexión real sobre lo que está ocurriendo, no esconde nada.

Desde muy pronto, sus novelas se han adaptado al cine. Pero no fue hasta «The Leftovers» que se convirtió en guionista de su propio proyecto. ¿Cree que su manera de escribir se ve influida por la posibilidad de la adaptación a la pantalla?

Trato siempre de mantener la siguiente fase fuera de la cabeza cuando estoy escribiendo. Mi cabeza no puede ir más allá de lo que estoy haciendo en cada momento. Creo que después de «The Leftovers» he aprendido a apreciar más lo que la novela puede hacer. Supongo que algo del mito del guionista se me ha caído. Es interesante estar en el proceso, con los directores, los actores... Pero prefiero el proceso de escritura de la novela, poder crear todo de principio a fin.

¿Y cree que volverá al terreno de la ficción especulativa? ¿Qué le atrae de la ciencia ficción?

Acabo de leer «Nunca me abandones», de Ishiguro, y me doy cuenta de que lo que me gusta es cuando la ciencia ficción está escondida y podemos leer la novela como si fuera realista, con los elementos de ciencia ficción implícitos. Eso es lo que quería hacer con «The Leftovers». De alguna manera, la señora Fletcher está interesada en la tecnología y las maneras en que nos relacionamos con ella. Ella habla de este mundo, lo rápido que avanza, y cómo algunos siguen el ritmo y otros se quedan atrás.

¿En qué está trabajando ahora?

Estoy adaptando «La señora Fletcher» para HBO. Será una serie de formato más pequeño, capítulos de media hora, de comedia humana, con todos los personajes atravesando cambios, acerca del género y la educación. Así que supongo que dentro de poco volveré a Venice Beach y a nadar tras la jornada de trabajo.