CÓDICE FEJÉRVÁRY-MAYER«Imagen horizontal del mundo». Tonalámad de los pochtecas.

Para Miguel León-Portilla «el destino del mundo es el mestizaje, la raza cósmica»

TULIO DEMICHELI
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MADRID. El autor de «Visión de los vencidos» ha querido mostrar en esta obra la importancia de los libros en la cultura mesoamericana. «Hace algunos años -explica León-Portilla a ABC- recordé en una conferencia en Sevilla un recuerdo de aquel famoso Pedro Márquez de Angledía -un humanista italiano que estaba al servicio de los Reyes Católicos-, quien contaba una anécdota de un tal Corrales, el cual había vuelto a Valladolid del Nuevo Mundo. Estaba el tal Corrales en su hamaca, fumando y leyendo un libro cuando se le acercó un indígena y le preguntó: «Qué, también los españoles tienen libros?» Luego, el indio se acercó y, al ver cómo estaba escrito -no con imágenes sino con letras, con muchos signos pequeños-, exclamó: «Son como caca de mosca», comparándolo con los suyos».

Con esta obra el autor ha pretendido «mostrar qué eran los libros en los templos, en las escuelas, en el comercio, en la recordación histórica, es decir: en la vida. Pero en él, también se muestra la relación que tenían la pintura y los símbolos jeroglíficos con la tradición oral. Todo el universo de Mesoamérica está en sus libros, como hoy en los nuestros, tanto que si llegara un viajero de la constelación de Orión, a través de ellos sabría mucho más de nosotros que por un ordenador. En fin, en el libro se reproducen páginas de varios códices, entre ellos, uno que está en Madrid y que es bellísimo, un libro maya que se conoce como «Códice Tro-Cortesíano», que está en el Museo de América, y en el cual tenemos noticia de cómo ese pueblo concebía el universo».

En la labor de preservación de textos prehispánicos colaboraron algunos frailes, a los que podría considerarse entre los primeros antropológos. «En efecto, Fray Bernardino de Sahagún, que era buen conocedor de la lengua náhuatl, en su enciclopédica «Historia general de las cosas de la Nueva España» recopila, con el auxilio de muchos informantes que le mostraron sus códices, una multitud de textos: himnos sagrados, discursos, oraciones en la lengua de los antiguos mexicanos. Quedó él tan sorprendido de la antigua sabiduría que, siendo fraile, llegó a escribir que sus discursos eran mejores que los sermones del púlpito para educar a los jóvenes, cosa que de haber sido conocida por el Santo Oficio, le hubiera echado el ojo.

Aquellos estudios que capitanes y frailes hicieron de las culturas mesoamericanas no sólo sirvieron para facilitar la Conquista y la Evangelización. «Claro, los indios nos dejaron en sus escritos la otra cara de la Conquista, la visión de los vencidos, que complementa las maravillosas páginas que escribiera Bernal Díez del Castillo en su «Historia verdadera de la Conquista de la Nueva España», procurándonos un relato veraz del encuentro entre dos mundos». Esta obra, en cualquier caso, pone en evidencia la importancia, el valor de la palabra escrita, algo que hoy quizá se esté perdiendo. «Le decía un padre a su hijo: «La palabra ni se compra ni se vende; la palabra, cuídala». Al principio del Evangelio de San Juan, se dice: «En el principio era el verbo», la palabra estaba en Dios. Los evangelizadores fueron capaces, imagínense, de trasladar un concepto tan difícil, de procedencia helenística, al mundo indígena, y no lo hicieron simplificándolo».

Actualmente puede visitarse en el Centro Cultural de la Villa una exposición sobre la América mestiza en la que León Portilla ha participado y cuya importancia destaca, hoy, cuando «a España están llegando muchos iberoamericanos y centroeuropeos. El destino del mundo es el mestizaje, la «raza cósmica» de la que hablaba José Vasconcelos», conluye.