El escritor Pablo Neruda
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Pablo Neruda: con los pies en la tierra y en el cielo

Premio Nobel de Literatura en 1971, era considerado por el crítico Harold Bloom como el gran lírico del siglo XX

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No sabemos si murió o le mataron, y parece que no tuvo muchos miramientos para abandonar a su primera esposa y a su hija, que nació con hidrocefalia. Sin embargo, Pablo Neruda ha pasado a la historia como uno de los grandes poetas del amor, un título que comenzó a ganarse ya desde los 20 años, cuando publicó esa obra inmortal que es «Veinte poemas de amor y una canción desesperada». «Neruda nos devolvía a lo nuestro, nos arrancaba de la vaga teoría de las amadas y las musas europeas para echarnos en los brazos a una mujer inmediata y tangible, para enseñarnos que un amor de poeta latinoamericano podía darse y escribirse "hic et nunc", con las simples palabras del día, con los olores de nuestras calles, con la simplicidad del que descubre la belleza sin el asentimiento de los grandes heliotropos y la divina proporción», aseguraba Julio Cortázar, para quien el chileno era uno de los titanes de la lírica mundial.

En 1971, Pablo Neruda se consagraba como uno de los grandes poetas de todos los tiempos en español al recibir el premio Nobel de Literatura, un galardón que celebraba su magna obra.
En 1971, Pablo Neruda se consagraba como uno de los grandes poetas de todos los tiempos en español al recibir el premio Nobel de Literatura, un galardón que celebraba su magna obra.

En esa fascinación también coincidía el célebre crítico literario Harold Bloom, que situó al escritor entre los veintiséis autores centrales de la historia de la literatura. «Ningún poeta del hemisferio occidental de nuestro siglo admite comparación con él», escribió. En efecto, Neruda deslumbró con una poesía elevada que tenía los pies en la tierra, que cantaba la vida desde lo concreto, lo palpable, como si estuviese escrita con las manos llenas de barro (o de amor). En 1971, durante su discurso de aceptación del premio Nobel de Literatura, el propio autor lo explicaba así: «La poesía es una acción pasajera o solemne en que entran por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acción, la intimidad de uno mismo, la intimidad del hombre y la secreta revelación de la naturaleza».

En otras palabras: los versos como suma del yo, el otro y el mundo. Así, sus composiciones no se despegaron de la realidad, como el propio poeta, que siempre hizo gala de su compromiso político y su militancia en el Partido Comunista. Esa faceta más social la inmortalizó en su «Canto general», donde el poeta, epatado por las maravillas de la naturaleza, observa el mundo desde el prisma de la empatía. De hecho, en el discurso del Nobel, Neruda insistía en la sencillez como motor de la poesía. «El mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día: el panadero más próximo, que no se cree dios (...) Si el poeta llega a alcanzar esa sencilla conciencia, podrá también esa sencilla conciencia convertirse en parte de una colosal artesanía, de una construcción simple o complicada, que es la construcción de la sociedad, la transformación de las condiciones que rodean al hombre», sentenciaba entonces.