Nueva edición de los «Sonetos», el ser o no ser de la poesía de Shakespeare

MANUEL DE LA FUENTE |
MADRID Actualizado: Guardar
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Dulce trago de vino de palma

Pura ambrosía, dulce trago de vino de palma: desde el primer verso, “Deseamos ver que lo más bello abunde / para que la belleza en flor no muera…”, hasta el último, “… y supe que aunque Amor calienta el agua, / el agua nunca apagará su llama”. “Toda traducción es provisional, y cada época necesita sus propias traducciones –explicaba durante la presentación el responsable de la edición, Nicanor Vélez-. Aunque, como decía Walter Benjamin, aun la mejor traducción está destinada a diluirse, con este trabajo de Andrés Ehrenahus nos encontramos, sin duda, ante una traducción de enorme frescura y un extraordinario juego de aciertos formales, una auténtica traductología, si se me permite la palabra”. Delicada y sabrosa guinda la pone a esta edición el prólogo de Claudio Guillén, que tiene su origen en una conferencia que el prestigioso crítico dictó en la Fundación March en 2002. “A mi entender, Shakespeare encuentra en el soneto la ocasión de modelar un espacio emotivo, inventado, una afición sentimental, una isla poética. El espacio inventado de los «Sonetos» constituye también un conjunto de indicios, de signos abiertos, de incógnitas, de preguntas sin respuestas posibles o seguras; los «Sonetos», al igual que el Quijote y otras obras de Cervantes, ofrecen a la crítica lo mismo una oportunidad que una lección”, dijo Guillén.

Sin duda, el trabajo de Ehrenhaus no ha sido fácil. Los sonetos shakesperianos han sido traducidos desde casi todas las ópticas posibles, bajo todos los prismas, aunque el traductor cree que “cuantas más traducciones haya de una obra, sobre todo en poesía, mejor, porque así muy probablemente nos acerquemos más al original”. Andrés Ehrenhaus resaltó que hoy por hoy “es absurdo poner en duda la existencia de la persona de Shakespeare, porque haya existido o no, nadie nos privará del placer de leerlo”. Consciente de que “toda traducción ya nace un poco envejecida, como sucede con los artículos de informática”, rememoró el origen de la obra que muy probablemente fue editada para hacer caja por algún librero, ya que en esos años, 1608, 1609, las representaciones teatrales estaban suspendidas debido a la peste, y los editores, al no tener obras dramáticas que vender, recurrían a otros géneros y autores que como Shakespeare se vendían bien.

Obra relegada

También explicó que

después de esta época, la obra de Shakespeare estuvo relegada por lo menos dos siglos

Por último, Andrés Ehrenahus, dio su opinión sobre la vida y la obra del inglés: “Es como un médium, como un imán, parece que en él se encarna toda la cultura de su época. Probablemente ni él lo sabía. Incluso, es bastante probable que las obras que nos han llegado sean simples copias hechas por espías de otras compañías de la época o tal vez no sean nada más que una especie de guiones usados por los actores. En cualquier caso, autores como Shakespeare son los que acuñaron el inglés de hoy”.