El dibujante Nick Drnaso, fotografiado en su casa de Chicago
El dibujante Nick Drnaso, fotografiado en su casa de Chicago - Chester Alamo-Costello

Nick DrnasoEl dibujante tímido que retrató la era de la posverdad

«Sabrina», primera novela gráfica nominada al Booker, refleja el estado de paranoia y el fanatismo de la actual sociedad

Enviada especial a Nueva YorkActualizado:

De todos los debates innecesarios que se dan en el mundo de la cultura, quizás el más estéril sea el que trata de enfrentar a la novela con el cómic, dos géneros cuyo fin es el mismo: contar historias, y hacerlo bien. Afortunadamente para los lectores, los creadores nunca sucumbieron al complejo de inferioridad que la crítica trató de insuflarles desde que el mundo literario es mundo. A la memoria se vienen algunos nombres, ya clásicos, como Will Eisner, Alan Moore o Robert Crumb. Pero también Joe Sacco, Chris Ware o Daniel Clowes. Sin olvidar a Charles Burns, Marjane Satrapi o el propio Neil Gaiman. Nómina de artistas a la que ya pertenece, por derecho propio, un jovencísimo dibujante (nació en 1989) de Chicago: Nick Drnaso.

Tímido, sin más afán que vivir rodeado de esas viñetas que comenzaron a impactar al mundo del cómic con «Beverly» ( Fulgencio Pimentel, 2016), el año pasado a punto estuvo de hacer historia con «Sabrina», primera novela gráfica nominada al prestigioso premio Booker. El libro, que Salamandra Graphic acaba de publicar en España, muestra, con la sutileza de los grandes novelistas, el estado de paranoia, fanatismo y ansiedad en el que está instalada, parece que sin remedio, nuestra sociedad.

La literatura de Drnaso (porque sí, lo que hace es literatura) habita en la era de las «fake news», las teorías de la conspiración, las redes sociales, el ciberacoso y los «radiopredicadores», logrando poner al lector, sin ánimo condenatorio ni moralista, frente a un espejo cuyo reflejo asusta. Porque miedo es lo que se siente al leer la historia de Sabrina, cuya desaparición, de esas que vemos a diario en las noticias, sume en el caos y la desesperación a su familia y a su novio.

Ese temor, que te invade desde las primeras páginas, lo experimentó el propio autor mientras las escribía. Hasta el punto de que llegó a cancelar la publicación del cómic. «Sigo teniendo algunos sentimientos encontrados con respecto al material», confiesa Drnaso, en conversación con ABC. Aquel estado venía de lejos. En realidad, desde su primera obra, la ya mencionada «Beverly». Cuando estaba a punto de terminarla, empezó a sufrir episodios de ansiedad. Tenía pesadillas frecuentes y estaba en un estado de paranoia preocupante. ¿El motivo? Le atormentaba que secuestraran a su novia de entonces.

Las primeras viñetas de «Sabrina»
Las primeras viñetas de «Sabrina» - ABC

Y, claro, las investigaciones que llevó a cabo, basadas en hechos reales, mientras trabajaba en «Sabrina» no ayudaron. Finalmente, decidió cambiar algunas escenas –una, fundamentalmente– para aligerar la carga emocional que el lector tendría que soportar, y que él sigue llevando a cuestas, y la novela llegó a las librerías. El éxito de crítica y público fue algo completamente inesperado, y no hizo sino aumentar los sentimientos ya de por sí enfrentados que Drnaso sentía hacia la obra. «El mundo de los cómics es muy reducido, tiene pocos lectores, y pensaba que sería un libro que se publicaría para ese reducido grupo. Por tanto, que haya tenido tanta publicidad es algo muy inesperado».

Realidad

Inesperado para él claro, pero también para la gente que le rodea. El mundo de Drnaso es, también, el de sus historias. La veracidad, el realismo, son las bases de su trabajo, con el consabido riesgo de que la frontera entre ficción y realidad a veces se torna demasiado difusa, incluso para el propio autor. Calvin, uno de los personajes centrales de «Sarbina», guarda tanto parecido con uno de sus amigos de la infancia que temía su reacción. «Al acabar el libro, me di cuenta de que podía traicionar su confianza. Cuando vio “Sabrina”, me dijo que no fue capaz de leerla. Me sentí mal, pero sé que ahora está bien y no le molesta. Supongo que tengo que ser más cuidadoso con esas cosas».

Viñetas de «Sabrina»
Viñetas de «Sabrina» - ABC

Para Drnaso, que empezó a interesarse por los cómics al acabar el instituto, gracias a un amigo, «cuando no tenía planes para el futuro e iba a ir un centro de formación profesional», «Sabrina» fue como una caja de Pandora y, al abrirla, las consecuencias fueron incontrolables. «Pensé que el proceso de trabajo sería una especie de terapia para mí, que acabaría con todas las ansiedades, las preocupaciones, los miedos. Pero, al final, por desgracia, fue totalmente lo contrario, me dejó más confuso y supongo que más desilusionado que cuando empecé la historia».

Viñetas de «Sabrina»
Viñetas de «Sabrina» - ABC

No es extraño, dado el material con el que trabajaba. Quien más, quien menos, está familiarizado con el término «fake news» y, desgraciadamente, todos somos carne de las teorías de la conspiración que el mismísimo Trump alienta desde la Casa Blanca. «Es un fenómeno confuso. La única conclusión es que ordenan un mundo que no tiene ningún orden estructural. Cuanto más grandes son las catástrofes, las tragedias, más fuerte es el impulso de explicar por qué sucedió. Por ejemplo, en la cultura estadounidense, el 11-S se ha analizado mucho, y creo que es un intento de poner orden alrededor de algo caótico, algo que no debería haber pasado. Pero no soy sociólogo y me siento un poco estúpido hablando de ello».

Presión

Lo dice alguien que se define como «un tanto dado» a recluirse y «bastante tímido». «No suelo salir por ahí y cuando empecé en este mundo, ni me imaginaba que daría esta entrevista. Es un poco raro que consideren que tienes éxito por un libro que a veces has creído que era otro fracaso. Tiendo a convertir algo bueno en una fuente de estrés. Puedo darle la vuelta a toda esta buena publicidad y atención y decir que no creo que merezca que me publique mi editor favorito y que haya tantas expectativas con lo próximo que haga. ¿Cómo puedo estar a la altura? No puedo. Me meto mucha presión».

El dibujante reconoce, al menos, que la nominación al Booker fue algo «halagador», aunque no gustara a todo el mundo. «Los cómics no son una versión rara y friqui de la literatura. Si en los premios estuviesen separados en categorías distintas, se evitarían muchas discusiones y conflictos como el de que los cómics sean una bofetada en la cara de la literatura». Y zanja: «Yo leo más prosa que cómics y, probablemente, es lo que hace la mayoría de la gente».