Santiago Muñoz Machado, en su despacho madrileño
Santiago Muñoz Machado, en su despacho madrileño - MATÍAS NIETO

Muñoz Machado: «Marginar la lengua común en España es una de las mayores torpezas»

El jurista y académico obtiene el Nacional de Historia por su libro sobre la expansión del español en América

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El jurista Santiago Muñoz Machado (Pozoblanco, Córdoba, 1949) ganó ayer el premio Nacional de Historia por un libro que analiza como pocos la dimensión histórica y actual del español. «Hablamos la misma lengua. Historia política del español en América» (Crítica). El autor es catedrático de Derecho Administrativo y académico de número de la Real Academia Española y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que ya fue galardonado en 2013 con el premio Nacional de Ensayo por «Informe sobre España». Ayer se mostraba muy contento e ilusionado con la noticia del premio para esta epopeya de nuestro idioma común en América.

Para explicar mejor su libro, Muñoz Machado afirma que «el libro trata de explicar por qué y cómo hemos llegado donde estamos, cómo ha sido posible que más de quinientos millones de personas hablemos la misma lengua. Por eso se analiza la dimensión histórica, cómo los españoles introdujimos nuestro idioma en América, y cómo en el siglo XIX las nuevas repúblicas impulsaron de manera definitiva la implantación de la lengua común».

Arrinconan al español

Aunque el relato queda ahí, el libro premiado también sirve para hablar sobre la actualidad de la lengua. «No habla de la actualidad de la lengua en España pero sí en América y sobre todo es un relato del que tenemos mucho que aprender, sobre todo acerca de la importancia de tener una lengua común en un territorio soberano. Por supuesto hay que respetar las lenguas propias de los diferentes territorios, pero marginar la lengua común en España es una de las mayores torpezas que se pueden cometer», dice en referencia a lo que ocurre en algunos territorios. El jurista, como miembro de la Real Academia Española, es consciente de que esa torpeza «se está cometiendo en algunos territorios cuando vemos que se priman en los programas educativos las lenguas extranjeras mientras se arrincona la lengua común».

En un momento en el que flaquean las competencias ortográficas, entre otras cosas, en el alumnado desde la primaria a la educación universitaria, Muñoz Machado advierte que «debemos extender la preocupación particular por nuestra lengua común a la cultura en general. Sería muy necesario aumentar el apoyo a las instituciones que desde hace mucho tiempo, siglos, se ocupan de estos temas, como la Real Academia Española y la red de Academias de la Lengua en el mundo».

Precisamente, la situación en la RAE está haciendo especialmente delicado este momento tras el anuncio de Darío Villanueva de no presentarse para renovar su mandato como director de la institución. Muñoz Machado, que figura entre los nombres de posibles candidatos a sucederle, apuesta por mejorar el apoyo institucional a la RAE entre otras cosas: «Los problemas que vivimos deberían alertarnos para volver los ojos sobre estas instituciones y dotarlas con los medios y el apoyo necesario para que puedan funcionar y seguir alimentando la conciencia de la lengua y la cultura común, que se encuentran entre las cosas más importantes que tenemos», comenta.

No se impuso el español

En parte por esa conciencia es por lo que fue escrito el ensayo histórico premiado ayer. Hasta la publicación de «Hablamos la misma lengua. Historia política del español en América» era difícil sobreponerse a los clichés de la leyenda negra sobre la opresión de los españoles a los pueblos indígenas. Por eso una de las más sorprendentes aportaciones del estudio es que los españoles jamás impusimos nuestro idioma a los pueblos indígenas: «Evidentemente tuvo una importante presencia al principio, cuando había necesidad de explicar la cultura y la lengua españolas a los pueblos indígenas de América, pero no hubo programas de implantación forzosa del español en esos dos siglos. Nada más lejos de eso», recuerda Muñoz Machado. La situación se mantiene así durante el reinado de los Habsburgo. Después cambian las tornas».

El cambio se debe a la presencia en el continente americano de las órdenes mendicantes que lo que hacen es aprender los idiomas vernáculos y convertirse de ese modo en los intermediarios necesarios para la comunicación con las comunidades indígenas. «Ellos nunca predican en español, así que realmente el idioma no creció durante mucho tiempo». ¿Y cuándo cambio la tendencia? «A mediados del XVIII, en el reinado de Carlos III». En parte por la expulsión de los jesuitas y otros conflictos se cobró conciencia del problema.

Aun así, cuando llega, en el primer tercio del siglo XIX, la emancipación de las repúblicas «hay unas cifras que dan perfectamente la dimensión de la poca implantación del español: de los 13 millones de personas que se calcula que habitaban la América española, solo 3 millones eran hispanohablantes», refiere el jurista. «Así que la gran implantación que ha logrado la uniformidad del idioma que hablamos a ambos lados del Atlántico se debe sobre todo a las políticas educativas y al trabajo de los políticos para un desarrollo jurídico en español que se produjo entonces». En el libro queda demostrado que el idioma fue, de entre todas las herramientas políticas de la independencia, una de las más útiles ya que permitió homogeneizar a los pueblos dentro de los nuevos Estados.