Moisés Naím
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Moisés Naím: «El amor a los pobres venezolanos se ha quedado solo en discursos»

El escritor venezolano publica «Dos espías en Caracas», novela condenatoria del régimen chavista

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Como un «reality show» macabro, en 2010 Hugo Chávez ordenó emitir por televisión la exhumación nocturna de los restos de Simón Bolívar mientras él narraba a través de un micrófono lo que iba sucediendo a cada momento, con el himno de la República Bolivariana de Venezuela de fondo. Es algo que sucedió, y que todavía puede verse en vídeos de YouTube. Lo que no está al alcance de todos es algo que Moisés Naím sabe, pero de lo que no tiene más pruebas que su memoria: se retiraron las cámaras y los invitados, y en secreto se celebró una ceremonia privada de santería afrocubana, oficiada por sacerdotes de la religión Yoruba, cuyo propósito fue proteger a Chávez de los malos espíritus e impregnarlo de la grandeza de El Libertador para hacerlo su sucesor real.

Y es que la primera novela de ficción de Naím, «Dos espías en Caracas», podría considerarse realismo mágico si no es porque está ambientada en Venezuela, donde el tiempo ha demostrado que casi todo es posible. En la Venezuela de Chávez confluyen unos intereses que inevitablemente llevan a toda una sociedad a una tragedia fabulosa que nada tiene que envidiar a las del mundo clásico. Fue ministro de Industria y Comercio en uno de los últimos gobiernos democráticos de su país, director del Banco Central de Venezuela y director ejecutivo del Banco Mundial. En los años que han pasado desde el ascenso del chavismo se ha enterado de cosas que que los rigores del periodismo le han impedido plasmar por escrito. Ahora, por fin, opta por una ficción que se lee como una crónica histórica excepcional de su patria y de su tiempo.

«Llevo más de dos décadas estudiando la Venezuela de Chávez», asegura el autor. «Después de escribir mucho sobre esto desde un punto de vista académico y periodístico, llegué a la conclusión que lo que había pasado en mi país no se podría explicar usando solo las técnicas del periodismo, el rigor de la economía o las teorías de las ciencias políticas o la sociología. En Venezuela se ha dado un fenómeno humano y político insólito, trágico y no bien entendido». Nada como la experiencia personal para contar los estragos y el expolio de un régimen sobre un país cuyo futuro quedó quebrado. «La novela me permitió escribir sobre partes de la realidad que conocía a fondo y de otras que me imaginaba. Es una historia que mezcla la ficción y realidad de modo que, a veces, ni yo mismo puedo diferenciar».

Chávez, en «Aló, presidente», en 2012
Chávez, en «Aló, presidente», en 2012

Hoy en la prensa de todo el mundo se leen crónicas sobre las injerencias de poderes extranjeros en una Venezuela sumida en un caos político y emocional: financiación rusa, espías cubanos, agentes norteamericanos y negociadores europeos con intereses encontrados. Esas tensiones quedan reflejadas en la novela de Naím, que retrata la era de Chávez a través de los dos espías del título. Cristina Garza, alias Eva López, una agente de la CIA, de padres sin papeles mexicanos, que llega a Caracas a ver cómo puede influir EE.UU. sobre el país con las mayores reservas de petróleo. Su destino la lleva a tropezar con el cubano Iván Rincón, alias Mauricio Bosco, espía del G2 encargado de transmitir en Caracas los recados de un Fidel Castro que sabe que la única forma de mantener su revolución comunista es ese mismo petróleo venezolano.

Que ningún lector espere el arquetipo de espías planos y vacíos de remordimiento que cumplen su deber ciegamente, porque esta es una novela de personajes profundos, contradictorios, víctimas también de sus pulsiones. Según explica Naím, «cada uno de ellos simboliza las fuerzas que moldean a América Latina hoy en día. La espía estadounidense y su rival cubano representan el constante choque entre las fuerzas del estatismo, el populismo y la autocracia contra las de la democracia y el mercado». Tienen también un papel central en esta trama el Prán, capo criminal que opera desde prisión, y Mónica, una periodista incómoda y que, como debe ser, molesta a los poderosos.

Machismo exacerbado

Pero de fondo están siempre Chávez y su presencia asfixiante. La novela de Naím es un retrato condenatorio del comandante y de su personalidad machista y narcisista. En un momento excepcional, Naím cuenta cómo una noche Chávez utilizó el programa «Aló presidente», visto por millones de personas, para decirle a su esposa que se preparara ya que, al llegar a la casa, «le iba a dar lo suyo». «Chávez personificó a la perfección al macho, esa masculinidad exacerbada, artificial, común a los autócratas que sufren lo que los psiquiatras llaman trastorno narcisista de la personalidad», dice el autor.

Esta novela cuenta también el plan de Chávez para someter a toda la nación, una estrategia que pasa por el control de la riqueza petrolera, el dominio de los medios, la intimidación social, la concentración de los organismos del Estado y la dependencia absoluta de las fuerzas armadas. Es populismo, pero, como corresponde a esta Venezuela casi mágica, con una buena dosis de simulacro: «La simulación, gobernar con apariencias, fueron elementos importantísimos para Chávez. Él creía que debía obtener el respeto y reconocimiento internacional y para ello era necesario que su gobierno fuese percibido como democrático y progresista. Pero, en la práctica, el suyo era un gobierno militar y autocrático y los pobres solo se beneficiaron mientras duró el enorme chorro de dinero que venía del petróleo y del endeudamiento del país. Al agotarse el dinero del petróleo, y desaparecer los prestamos foráneos, el progresismo y el amor a los pobres venezolanos ha quedado solo en discursos».