La escritora Whitney Scharer, fotografiada en París
La escritora Whitney Scharer, fotografiada en París - Éric Hadj

Lee Miller, la mujer que pudo ser Man Ray

La escritora estadounidense Whitney Scharer reivindica a una de las artistas más poliédricas y olvidadas del siglo XX en su primera novela

Enviada especial a ParísActualizado:

Ha pasado casi un siglo y, sin embargo, su presencia aún se intuye en París. El barrio de Montparnasse, en la margen izquierda del Sena, fue escenario de las correrías de los surrealistas, quienes convirtieron la vida en puro arte e hicieron desaparecer los límites de la creatividad. La Closerie des Lilas, La Coupôle o el Café de Flore siguen abiertos y, pese al turismo, que acude a ellos en masa, móvil en mano, sus paredes conservan el eco de las conversaciones de Breton, Dalí, Man Ray, Cocteau y compañía. Entre todos ellos, la voz de una mujer, olvidada durante décadas –como tantas otras–, vuelve a escucharse hoy con fuerza gracias a una novela, «La edad de la luz» (Salamandra), con la que la escritora estadounidense Whitney Scharer ha querido «hacer justicia» a Lee Miller (¿estaban pensando en ella?).

Centrada, sobre todo, en el tiempo que compartió con Man Ray, del que fue musa y amante, en el París de la década de los 30 del siglo pasado, la historia recorre, también, su labor como fotoperiodista en la Segunda Guerra Mundial –con mención especial a la imagen que le tomó David E. Sherman en la bañera de Hitler en el piso que el Führer tenía en Múnich, ciudad a la que llegó tras haber visto el horror del campo de Dachau– y sus últimos años en Inglaterra junto con su segundo marido, el pintor británico Roland Penrose, avejentada y sumida en el alcoholismo.

Descubrimiento

Scharer no sabía quién era Elizabeth Lee Miller hasta que, llevada por su pasión hacia la fotografía, disciplina que estudió en su juventud, en el verano de 2011 acudió con su hija de dos años a ver una exposición en el Peabody Essex Museum de Salem (Massachusetts) que repasaba su obra y la de Man Ray. «Una vez allí, me di cuenta de que me interesaba mucho más Lee Miller», confiesa la autora en la conversación que mantiene con ABC en un hotel cercano al que fuera el estudio de Man Ray en la capital francesa. La autora estadounidense salió de aquella muestra convencida de que la vida de Miller «era una novela fabulosa» y se puso manos a la obra.

Los siguientes dos años los dedicó a investigar, leyendo «absolutamente todos los libros publicados» sobre ella y estudiando a los surrealistas, así como todo lo que aconteció en el París de entreguerras. Sólo al final del proceso de documentación, Scharer se puso en contacto con el hijo de la fotógrafa, Antony Penrose, pero éste no le permitió visitar el archivo de Lee Miller. «No está particularmente contento con la novela. Creo que quiere mantener el control del legado y de su imagen, y me imagino que se preguntó quién era yo y por qué quería escribir sobre ella». Un recelo al que se añaden la complicada relación que mantuvo con su madre –de la que da cuenta, someramente, la novela– y la película que ya hay en marcha sobre ella, después de que Penrose vendiera los derechos biográficos a una productora en 2015.

Machismo surrealista

«Me aterraba empezar –confiesa Scharer, que tardó cinco años en escribir la novela–. Quería estar segura de poder hacerle justicia». Su objetivo no era otro que sacar a la luz la historia de Lee Miller, cuyo «trabajo ha sido ignorado durante años». De hecho, en el libro se insinúa que la solarización, uno de los grandes logros técnicos atribuidos a Man Ray, fue en realidad cosa de ella, lo mismo que algunas de las fotografías que todavía hoy se consideran obra de él. «La gente cree que los surrealistas eran muy avanzados, y lo eran, pero no con respecto a las mujeres; en ese sentido eran muy machistas. El suyo es un arte de la misoginia en muchos sentidos. Si pensamos en cómo retrataban a las mujeres, cortando sus cuerpos en pedazos, cosificándolos...». Sin olvidar «la experimentación sexual», clave para este movimiento artístico, según la autora, y de la que la novela da buena cuenta. «En realidad, es mucho más salvaje, hay muchas cosas que no he incluido. Para entender bien su relación con Man Ray el sexo tenía que estar muy presente. Quería mostrar que estaba hambrienta en todos los sentidos: de comida, de relaciones físicas, haciendo cosas con su cuerpo de todas las maneras posibles...».

Según Scharer, Lee Miller «tenía mucha confianza en sí misma, era ambiciosa, una feminista adelantada a su tiempo». Pero era, también, una mujer que arrastraba profundos traumas desde su infancia. La violación que sufrió siendo niña y la extraña relación que mantuvo siempre con su padre –la fotografió desnuda desde los ocho hasta los veinte años– marcaron su vida, y cuando tuvo que enfrentarse al horror de la guerra no pudo procesar tanto dolor, propio y ajeno.

Quizás eso explique por qué un día, ya instalada en Inglaterra, decidió meter todos sus negativos en una caja y abandonarlos en un altillo. «Ni su propio hijo sabía que había sido fotógrafa. No entiendo cómo alguien con tanto talento renuncia a todo de la noche a la mañana. Es cierto que llegó un punto en el que la escritura y la fotografía se volvieron demasiado difíciles para ella, pero ¿borrarlo de su personalidad? No tiene sentido», reflexiona Scharer. Finalmente, se convirtió en una chef más que respetable, elaborando nuevas recetas y montando comidas surrealistas, «pero con eso no se sentía tan realizada». Murió a los 70 años, víctima de un cáncer.