ABC  Retrato de Samuel Johnson a cargo de Joshua Reynolds, que se expone desde ayer en la Tate Britain
ABC Retrato de Samuel Johnson a cargo de Joshua Reynolds, que se expone desde ayer en la Tate Britain

La memoria del sabio bebedor

POR SERGI DORIABARCELONA. Dicen que la biografía de una editorial es su catálogo. En el caso de Jaume Vallcorba, su biografía como editor en Acantilado conoce momentos estelares. Al rescate de la obra

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POR SERGI DORIA

BARCELONA. Dicen que la biografía de una editorial es su catálogo. En el caso de Jaume Vallcorba, su biografía como editor en Acantilado conoce momentos estelares. Al rescate de la obra de Stefan Zweig y de la literatura centroeuropea que silenció medio siglo de yugo soviético, se añaden las ediciones definitivas de esos libros que compondrían el equipaje para una isla desierta. A las «Memorias de ultratumba» de Chateaubriand siguieron las Conversaciones con Goethe de Eckerman, las cartas de lord Chesterfield a su hijo y, ahora, la «biografía de biografías», monumento del moralismo británico: la «Vida de Samuel Johnson, doctor en Leyes», que James Boswell dio a la imprenta en 1799 y que su mejor editor, el erudito George Birbeck Hill, calificó de «delicia y alarde del mundo de habla inglesa».

Como apunta Frank Brady, a modo de prólogo, aunque el eminente filósofo Samuel Johnson (1709-1784) ya tuvo quien le escribiera en la «Vida» de Hawkins y las «Anécdotas» de la señora Piozzi, fue James Boswell quien «encarna un momento crucial en la historia de la biografía por cuanto unifica las tradiciones ética y anecdótica». En el siglo que glosó el «Spectator» de Addison, la «Decadencia y caída del Imperio Romano» de Gibbon, las traducciones de Pope o el «Tom Jones» de Fielding, Boswell anunció que en su biografía de Johnson «se le vería plasmado de un modo más completo que a cualquier hombre que haya hollado la faz de la Tierra». En los últimos años de aquel genio del sentido común y el pesimismo, oráculo del pensamiento liberal-conservador, Boswell engarzó conversaciones, cartas, reflexiones, dietarios, ensayos y artículos del «Gentleman´s Magazine».

Situado entre los libros más relevantes del saber humano, junto al Quijote o el «corpus shakesperiano», la «Vida de Samuel Johnson» es la conciencia de la limitación y la madurez espiritual que un escritor como Josep Pla grabó en su frontispicio literario. El secreto de nuestro pasar por este mundo es tan obvio como el aserto johnsoniano de no esperar de la vida más de lo que la vida nos dé. Para Carlyle, la «Vida» que escribió Boswell era «la mejor semejanza que se puede dar de una realidad, como la imagen nítida que se ve en un espejo nítido».

Poco agraciado y glotón

Pese a la admiración que profesaba al doctor, Boswell no evitó los rasgos desfavorecedores de su biografiado, hombre poco agraciado, aquejado de convulsiones nerviosas, mala vista y periodos de depresión, glotón, perezoso y dipsómano. De los 1.750 ejemplares que vieron la luz el último año del siglo XVIII se vendió la mitad en menos de un mes. Muchos de sus exégetas dedujeron -con acierto- que Johnson pasaría a la historia por sus conversaciones más que por sus obras, entre las que destaca el «Diccionario de la lengua inglesa» o su ensayismo sobre Shakespeare. Sometida a sucesivas ampliaciones, la «Vida» que publica Acantilado se basa en los seis volúmenes que reunió en 1887 la edición de Hill: «Esta restitución de la obra de Boswell a su estado de precisión máxima se ha convertido para los estudiosos en la edición canónica de una obra mayor, que nunca había visto la luz en castellano», explica Martínez-Lage. En sus conversaciones con el abogado Boswell, el sabio de Fleet Street lanzaba dardos contra el ilusionismo político y el infantilismo filosófico de Rousseau. El autor de «Emilio» le parecía un escritor sobrevalorado, «uno de los peores hombres que hay en el mundo, un bribón que debería estar excluido de todo trato social». Detestaba el igualitarismo: «Los niveladores aspiran a nivelar cuanto quede por encima de sí mismos, pero no toleran que esa igualdad que propugnan los alcance a ellos por debajo». Frente a las teorías de Hume, que equiparaba la posibilidad de ser felices, Johnson marca distancias: «No es cierto que todos sean felices por igual. Un campesino y un filósofo quizá estén satisfechos por igual, pero no son felices en la misma medida. La felicidad consiste en la multiplicidad de la conciencia de lo placentero».

La vida muelle

Elitista y partidario de la libertad individual, decía que «el vulgo lo forman los hijos del Estado, y como a un niño ha de tratársele». A veces, la ironía de sus salidas le sitúan como un Groucho «avant-la-lettre». Vindica la vida muelle, tras haber dedicado una buena porción al estudio y la escritura: «Pero yo me pregunto, señor, si no le produce más placer escribir que no escribir», le solicita Boswell. «Pues no deje de preguntárselo», zanja Johnson.