Detalle de «En la cama: el beso», de Toulouse-Lautrec
Detalle de «En la cama: el beso», de Toulouse-Lautrec - ABC

San ValentínTrece poemas de amor imprescindibles

No están todos, pero estos son indispensables

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Aprovechamos el día de San Valentín para recuperar estos versos de amor, que es el tema medular de la poesía de ayer y de hoy. No están todos, pero estos son imprescindibles.

1. Desmayarse, atreverse, estar furioso (Lope de Vega)

Desmayarse, atreverse, estar furioso,

áspero, tierno, liberal, esquivo,

alentado, mortal, difunto, vivo,

leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,

mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

enojado, valiente, fugitivo,

satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,

beber veneno por licor süave,

olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,

dar la vida y el alma a un desengaño;

esto es amor, quien lo probó lo sabe.

2. Amor constante, más allá de la muerte (Francisco de Quevedo)

Cerrar podrá mis ojos la postrera

sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía

hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no, de esotra parte, en la ribera

dejará la memoria, en donde ardía:

nadar sabe mi llama el agua fría,

y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,

venas, que humor a tanto fuego han dado,

medulas, que han gloriosamente ardido,

su cuerpo dejará, no su cuidado;

serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

3. Escrito está en mi alma vuestro gesto (Garcilaso de la Vega)

Escrito está en mi alma vuestro gesto,

y cuanto yo escribir de vos deseo;

vos sola lo escribisteis, yo lo leo

tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;

que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,

de tanto bien lo que no entiendo creo,

tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;

mi alma os ha cortado a su medida;

por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;

por vos nací, por vos tengo la vida,

por vos he de morir, y por vos muero.

4. Te quiero (Luis Cernuda)

Te lo he dicho con el viento,

Jugueteando tal un animalito en la arena

O iracundo como órgano tempestuoso;

Te lo he dicho con el sol,

Que dora desnudos cuerpos juveniles

Y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,

Frentes melancólicas que sostienen el cielo,

Tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,

Leves criaturas transparentes

Que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,

Vida luminosa que vela un fondo de sombra;

Te lo he dicho con el miedo,

Te lo he dicho con la alegría,

Con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:

Más allá de la vida

Quiero decírtelo con la muerte;

Más allá del amor

Quiero decírtelo con el olvido.

5. El poeta dice la verdad (Federico García Lorca)

Quiero llorar mi pena y te lo digo

para que tú me quieras y me llores

en un anochecer de ruiseñores

con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo

para el asesinato de mis flores

y convertir mi llanto y mis sudores

en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja

del te quiero me quieres, siempre ardida

con decrépito sol y luna vieja.

Que lo que no me des y no te pida

será para la muerte, que no deja

ni sombra por la carne estremecida.

6. Puedo escribir los versos más tristes esta noche (Pablo Neruda)

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.»

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como esta la tuve entre mis brazos.

La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.

Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.

La noche esta estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.

Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.

Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.

Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.

Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,

mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa,

y estos sean los últimos versos que yo le escribo.

7. Dame la mano (Gabriela Mistral)

Dame la mano y danzaremos;

dame la mano y me amarás.

Como una sola flor seremos,

como una flor, y nada más...

El mismo verso cantaremos,

al mismo paso bailarás.

Como una espiga ondularemos,

como una espiga, y nada más.

Te llamas Rosa y yo Esperanza;

pero tu nombre olvidarás,

porque seremos una danza

en la colina, y nada más...

8. Después de las fiestas (Julio Cortázar)

Y cuando todo el mundo se iba

y nos quedábamos los dos

entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas

ahí como un remanso,

sola conmigo al borde de la noche,

y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba

porque una misma almohada

y una misma tibieza

iba a llamarnos otra vez

a despertar al nuevo día,

juntos, riendo, despeinados.

9. Muerte en el olvido (Ángel González)

Yo sé que existo

porque tú me imaginas.

Soy alto porque tú me crees

alto, y limpio porque tú me miras

con buenos ojos,

con mirada limpia.

Tu pensamiento me hace

inteligente, y en tu sencilla

ternura, yo soy también sencillo

y bondadoso.

Pero si tú me olvidas

quedaré muerto sin que nadie

lo sepa. Verán viva

mi carne, pero será otro hombre

—oscuro, torpe, malo— el que la habita...

10. Gloria Fuertes

Es difícil corregir

en vidrio, acuarela

y amor.

11. El desayuno (Luis Alberto de Cuenca)

Me gustas cuando dices tonterías,

cuando metes la pata, cuando mientes,

cuando te vas de compras con tu madre

y llego tarde al cine por tu culpa.

Me gustas más cuando es mi cumpleaños

y me cubres de besos y de tartas,

o cuando eres feliz y se te nota,

o cuando eres genial con una frase

que lo resume todo, o cuando ríes

(tu risa es una ducha en el infierno),

o cuando me perdonas un olvido.

Pero aún me gustas más, tanto que casi

no puedo resistir lo que me gustas,

cuando, llena de vida, te despiertas

y lo primero que haces es decirme:

«Tengo un hambre feroz esta mañana.

Voy a empezar contigo el desayuno».

12. Ya no será la paz (Ada Salas)

Ya no será la paz.

Han besado

mis ojos

tu terrible desnudo

13. Aunque tú no lo sepas (Luis García Montero)

Como la luz de un sueño,

que no raya en el mundo pero existe,

así he vivido yo

iluminado

esa parte de ti que no conoces,

la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto

cruzar la puerta sin decir que no,

pedirme un cenicero, curiosear los libros,

responder al deseo de mis labios

con tus labios de whisky,

seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado

en la cama, sin prisa, muchas tardes

esta cama de amor que no conoces,

la misma que se queda

fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,

hicimos mil proyectos, paseamos

por todas las ciudades que te gustan,

recordamos canciones, elegimos renuncias,

aprendiendo los dos a convivir

entre la realidad y el pensamiento.