Marlon James
Marlon James - ABC

Marlon James: «¿Soy violento? Debe de ser que la gente no mira las noticias»

El escritor jamaicano, una sensación de la literatura en inglés, llega a España con lo que se ha bautizado como un «Juego de tronos africano»

Corresponsal en Nueva York Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

Marlon James habla con ABC en Brooklyn la misma mañana que, cerca de allí, se ha celebrado «J’Ouvert», una explosión carnavalera de las comunidades caribeñas, sobre todo de las Antillas menores, como Trinidad y Tobago, Barbados o Antigua y Barbuda. Cuando rompe el día -de ahí viene la raíz francesa de la palabra- se desata una locura de bailes y cánticos, con los cuerpos llenos de polvo y pintura que cogen color con la primera luz de la mañana entre una música apabullante e hipnótica. También asoma la violencia, con peleas y tiroteos mezclados en la multitud. James es jamaicano, un país donde J’ouvert tiene poca tradición, pero es una escena extasiada y feroz, que podría encajar en el imaginario que el autor ha construido para su último libro.

James es una de las últimas sensaciones de la literatura anglosajona. En 2015 ganó el premio Man Booker, el premio literario más relevante de Reino Unido, por «Breve historia de siete asesinatos», una novela compleja alrededor del intento de asesinato que sufrió su compatriota Bob Marley en 1976.

No quiso quedarse pegado a las mieles del éxito y se ha embarcado en un salto mortal literario, una trilogía fantástica situada en una África medieval y mítica. Poco después de ganar el Booker, dijo en una entrevista, medio en broma, que iba a escribir «un "Juego de Tronos" africano». La etiqueta caló y así es como popularmente se conoce a lo que él llama «la trilogía de la Estrella Negra», cuya primera entrega «Leopardo negro, lobo rojo» salió a la luz en febrero en su versión original y desde hoy está en las librerías españolas.

¿Se arrepiente de aquella mención de «Juego de Tronos»? Ahora todo el mundo conoce así a a su libro…

¡No! Es algo divertido. George R.R. Martin (el autor de la saga en la que se basa la serie) me mandó un email sobre ello. «He escuchado que has escrito una versión africana de mi libro, suena increíble» (risas). Nos encontramos en marzo y hablamos. Es encantador. La razón por la que dije aquello es porque era una forma rápida de que la gente entendiera que hay magia y fantasía pero que es para adultos. La idea de que puedes escribir sobre criaturas mitológicas, monstruos y brujas y que sea una historia adulta no es nueva. Pero, de alguna forma, «Juego de Tronos» la recuperó.

Como en «Juego de tronos», en su libro abunda la violencia. ¿Cuál es el fin?

Se me acusa con frecuencia de mostrar excesiva violencia. Lo encuentro desternillante, debe ser que la gente no mira las noticias. En diez minutos de una película de Arnold Schwarzenegger, le han sacado las tripas a uno cinco veces. Y nadie lo critica. Y es porque esa violencia no tiene consecuencias. Para mí, la violencia tiene que tener consecuencias, tiene que reverberar. Que morir duele. Que un bala duele. Es lo mismo con el sexo. La violencia perturba. Si no estás perturbado y horrorizado por esas escenas es que no las escribí bien.

Es casi un accidente que James esté hoy en este café de Brooklyn, con una camiseta azul con el «skyline» de Manhattan, las trenzas de su pelo cogidas en una coleta y convertido en un autor de éxito. Después de que su primera novela, «John Crow’s Devil», fuera rechazada por varias editoriales, el propio James trató de boicotear una carrera literaria que ni siquiera había despegado. «La gente cree que perseveré para convertirme en escritor y es lo contrario», confiesa. «Destruí aquel libro. Traté de eliminar cualquier resto de él». La insistencia de la escritora Kaylie Jones, a la que conoció en un taller literario, logró que se animara a enviarlo a una última editorial. Se publicó en 2005 y fue muy bien recibido por la crítica. Después llegaría «The Book of Night Women» y el éxito total con el premio Booker.

Para «Leopardo negro, lobo rojo», buceó durante años en la mitología y los relatos épicos africanos, en su folclore, en tradiciones orales y escritas y en sus paralelismos con los mitos y leyendas europeos, los que han dominado la literatura de fantasía. Ese es el caldo de cultivo del viaje de un protagonista, el Rastreador, enmarcado en una Edad Media africana, con monstruos y brujas, demonios y chamanes, parajes encantados, pasión y venganza. Casi un género en sí mismo.

Podría creerse que es un universo muy alejado del lector español…

Bueno, el Quijote es de España. De manera que, al fin y al cabo, cualquier novela que es un viaje sale de ahí. Es gente en una odisea para encontrar algo y que descubren otra cosa. Es algo universal, nos pasa a todos. Son elementos que se ven mucho en el folclore que he investigado, es antiquísimo.

Ahora que lo menciona: ¿es quijotesco este intento suyo de crear un género de fantasía africana?

Sí, pero no. Porque no es nuevo. Es nuevo para mí y para los lectores. Pero me entronco en tradiciones centenarias. Además, como lector siempre estuve interesado en lo fantástico, sabía que en algún momento volvería a ello. Y yo sabía que, como un miembro de la diáspora africana, en algún momento me ocuparía de ello. Si eres blanco en Europa o en EE.UU., a tus mitos no les das importancia, y tienen muchísima. Los británicos, por ejemplo, no se dan cuenta de cómo les afectan sus mitologías. Arturo, por ejemplo, convence a los británicos de que siempre fueron civilizados, a pesar de que hubieran sido unos de los peores bárbaros de Europa. O Camelot. O Robin Hood. Yo, como un descendiente de los esclavos, no tengo eso, estuve separado de mi mitología. No tengo esa sensación de nación africana, de pertenencia africana. Por eso me puse a investigar, a encontrar historias que fueran más allá de las que me contaba mi abuela, que no llegaron con el barco de los esclavos.

Es algo que, en Hollywood, ya ha conseguido «Black Panther», la película de superhéroes en una África fantástica…

Sin duda las cosas están cambiando. Y no solo es «Black Panther». La serie «Lou Cage» tuvo uno de los mejores estrenos de la historia en Netflix. «Crazy Rich Asians» fue un gran éxito. La gente quiere verse a sí misma en la pantalla y leer personajes como ellos en los libros.

Toni Morrison, que murió este verano, dijo algo así, que empezó a escribir porque no encontraba el libro que quería leer. ¿Es también su caso?

Toni Morrison es de alguna forma la diosa de mi vida. Me la empezaron a leer antes de que yo supiera leer. Y tiene razón en eso. ¿Cuántos más libros se van a escribir sobre mujeres blancas aburridas y su aburrimiento, sobre hombres blancos que tienen una infidelidad? Está claro que muchos. Muchas veces pienso que si con 14 o 16 años hubiera leído «El señor de los anillos» africano sería una persona diferente.

Se le entronca con Tolkien, pero también con el realismo mágico hispanoamericano, ¿ve la conexión?

Es una gran influencia en mí. Sobre todo, Gabriel García Márquez y José Donoso. Me interesa en ellos que lo que es mágico para el lector no lo es para el protagonista. En algún momento del siglo XIX empezamos a creer que el realismo era la realidad. Y es solo otro género. En la narrativa realista las mujeres no trabajan. Los hombres son unos machotes. Todos tienen amantes. No hay gente negra. Y todo el mundo vive en Maine (risas). No sé por qué se le llama realismo, es solo como a un puñado de blancos les gusta verse en los libros.