Ana María Matute: «No hay que fiarse de la gente sin imaginación»
La escritora Ana María Matute/ELENA CARRERAS

Ana María Matute: «No hay que fiarse de la gente sin imaginación»

Después de ocho años, la novelista y académica, publica su nueva obra, «Paraíso inhabitado».

MANUEL DE LA FUENTE |
MADRIDActualizado:

Ni siquiera ocho meses en el hospital han mermado su proverbial sentido del humor. Humor que es como un fino hilo con el que Ana María Matute tira de la madeja de su memoria y con el que hilvana la madeja de su presente que tiene en estos días otro nombre, « Paraíso inhabitado» (Ed. Destino) que añadir a «Los soldados lloran de noche» y a «Olvidado Rey Gudú», dos de las piezas más conocidas del puzzle literario creado por la académica y novelista, uno de los más intensos de nuestra literatura contemporánea.

La periodista y novelista Ángeles Caso hizo de maestra de ceremonias en la presentación para subrayar cómo en las páginas de esta nueva obra, Matute aúna “magia y cotidianidad, viaja al paraíso inhabitado de la infancia y a todo lo que tiene de agridulce, mientras deja en el lector un regusto de ternura”. En “Paraíso inhabitado”, Ana María Matute se mueve a sus anchas de la mano de una niña protagonista, Adriana, y el que será su cómplice, Gavrila, una especie de Peter Pan en rubiales. A solas o en su compañía, Adriana se refugiará en un mundo paralelo, el de los libros, el de la fantasía, el de la imaginación que surgen cuando los mayores la mandan castigada al cuarto oscuro. “Hay muchos niños que están muy solos –reflexionaba la escritora barcelonesa-. Porque la infancia no es necesariamente un paraíso. Los niños también se enamoran y odian. Yo, particularmente, de pequeña era malísima, peor que un sabañón”.

Su particular cuarto oscuro

Cuando Ana María Matute mira por el retrovisor de su vida y de su obra sabe que nunca ha comulgado con ruedas de molino (“Yo no fui de la gauche divine, fui de la gauche qui rit”) aunque eso le haya costado alguna que otra zancadilla: “No hay nada que se pague más caro que la inocencia. Si no eres políticamente correcta te lo hacen pagar, te pasan factura”. Ana María Matute también destacó que su particular cuarto oscuro es la literatura ( “porque allí hago magia”) así como que esta novela es la única de todas las suyas con “algún contenido autobiográfico” y que nadie debe fiarse de “un hombre que no tiene imaginación”, antes de asegurar, con la mejor y más irónica de las sonrisas, que “si me dieran el Cervantes daría unos botes que no se pueden imaginar, pero qué le vamos a hacer, no les debo gustar, es algo que ya he aceptado”. Finalmente, calificó de “lamentable” el hecho de que sólo haya una novelista en la Academia (ella, sin ir más lejos) y que “hay muchísimas mujeres que podrían estar”, situación que escapa a “su magia” porque “no tengo ningún poder en la Academia, voy poco, vivo en Barcelona, y estoy siempre de hospitales. Veo un hospital en la televisión y digo, mira, mi dacha”. No hay mejor medicina que el humor, ni mejor tisana que la literatura.