Manuel Lucena Giraldo: «Los mitos herederos de la leyenda negra no son historia»

La historia de pequeños objetos tan distintos como el toro de Osborne, el garrote vil o la baraja española ayudan a retratarnos

MADRIDActualizado:

Desde Bogotá, al otro lado del hilo telefónico, Manuel Lucena Giraldo quiere dejar claro a ABC que «82 objetos que cuentan un país» es «un libro de historia, no de memoria, pues “memoria histórica” es un oxímoron; y está basado en datos de fuentes que surgen de la comunidad de historiadores que han revisado muchas interpretaciones tenebrosas o sectarias». Tampoco es una novedad, advierte el historiador: «Sigue la estela de obras como “101 objetos que fabricaron América”, del Smithsonian, o la gran labor divulgadora de Neil McGregor desde la Galería Nacional y el Museo Británico. He buscado ese “perspectivismo” para retratarnos a través de las pequeñas grandes historias de los objetos que nos interpelan, desde el bisonte de Altamira, pasando por la Dama de Elche (que enseguida representó la belleza de la mujer española), Nebrija, Carlos V, Felipe II, Quevedo, Velázquez, Carlos III, Goya, Gaudí, Picasso, pasando por la baraja española, el toreo a pie, el flamenco, la Lotería Nacional, el abanico y hasta el garrote vil, para terminar en la Terminal 4 de Barajas o la Copa del Mundo».

Cree Manuel Lucena Giraldo que todos esos objetos «están tan cargados de significado como el toro de Osborne. También se cuentan desde el astrolabio del Escorial hasta el microscopio de Ramón y Cajal o el puente colgante de Bilbao, pues estudiar las componentes científica y tecnológica nos permite evaluar que la innovación más avanzada siempre ha estado presente y que aquellos mitos herederos de la leyenda negra no son historia, sino ficción».

La cultura material podría prestarse a las ficciones del nacionalismo centralista o a las de los nacionalismos periféricos. Sin embargo, esta obra, tan agradable de ver como de leer, pues los breves ensayos que acompañan a cada objeto ofrecen documentación histórica precisa y acuciosa, muestra nuestra gran complejidad: «Estamos todos. Creo que esas visiones más bien proceden del 98 y de principios del siglo XX y admito que hoy los nacionalismos heredan esa concepción bipolar. Hay una nación antes del nacionalismo y es muy antigua. La percepción de una comunidad política y social proviene del final de la Edad Media, con los Reyes Católicos, y se sigue con los Austrias, porque la Monarquía se hace compacta, entendida como se entendía entonces: una Unión de Reinos».

Identidad

«Hay una comunidad de emociones que representa una pertenencia nacional, una identidad común –explica el historiador y colaborador de ABC–. El estudio de la cultura material, sobre todo vista desde fuera, nos enseña la articulación entre las diversas formas de ser España ya desde la antigüedad, aunque desde dentro persistan las disensiones particulares o entre las élites que cuentan con importantes laboratorios de difusión. Pero lo cierto es que desde fuera, o cuando se sale del valle o del monte aislados o de la aldea localista, la nación española se ha visto siempre muy bien trabada. Y además, somos ciudadanos del mundo».