La escritora británica Maggie O’Farrell
La escritora británica Maggie O’Farrell - ABC

Maggie O’Farrell: «La gente piensa más en la muerte que en el sexo»

La escritora británica repasa todas las ocasiones en las que estuvo a punto de perder la vida en su último libro, «Sigo aquí»

BarcelonaActualizado:

Todos la tenemos tan presente en nuestras vidas que, quizás por eso, no reparamos en ella. O no lo suficiente. La muerte, siempre amenazante, acecha en cada esquina. Y con ella se ha topado Maggie O’Farrell (Coleraine, Irlanda del Norte, 1972) un buen puñado de veces. Desde su más tierna infancia, cuando un gesto tan inocente como soltar la mano materna en un paso de cebra pudo ser catastrófico, hasta que se estrenó en los gajes parentales con un susto, que a punto estuvo de ser de muerte, protagonizado por su hija. La autora salió indemne de todos esos encuentros, pero distinta. Y pasado un tiempo, el suficiente, se descubrió escribiendo un libro. Cada historia de las diecisiete que componen «Sigo aquí» (Libros del Asteroide) podríamos protagonizarla cualquiera, y ahí reside la lección. Una lección de vida, escrita desde la muerte.

«Fue una experiencia extraña, porque en realidad nunca he querido escribir unas memorias. Fue como un embarazo no previsto», confiesa O’Farrell. Acostumbrada al clima de Edimburgo, ciudad en la que vive, la escritora recibe con euforia los rayos de sol que inundan la Barceloneta, donde los guiris más osados disfrutan, bañador mediante, de las temperaturas primaverales. «No me gusta hablar de mí o a hacer públicas ciertas cosas. Solía bromear con mi marido sobre eso. Inevitablemente, en las novelas hay cosas que extraes de tu vida, pero conservas una máscara para esconderte». Sin embargo, al lidiar con la no ficción el escritor acaba desenmascarado, expuesto, y más al tratarse de un tema tan universal como la muerte.

«Me parecía un prisma muy interesante desde el que abordar una vida, porque todos hemos tenido experiencias cercanas a la muerte, en las que nos hemos sentido en peligro o nuestra vida se ha visto amenazada». Todas esas experiencias de algún modo nos cambian y, aunque por fortuna seguimos viviendo, cargamos con las secuelas, algunas físicas y otras –la mayoría– emocionales. Incluso cuando la muerte, en lugar de embestirnos, nos roza. Como la vez que O’Farrell se cruzó, en mitad de ninguna parte, en un idílico paseo por el campo, con un psicópata que terminó asesinando, dos semanas después, a una joven de Nueva Zelanda que estaba viajando de mochilera por Europa con su novio. «Es una historia de horror, de maldad, de lo peor que uno pueda imaginarse. Es una historia que hay que encerrar a cal y canto en algún sitio sin palabras, un sitio oscuro al que nunca vaya nadie», reflexiona en el libro. Pero ella decidió contarlo, escribirlo.

Carpe diem

«La ficción es creación y las memorias son excavación. Eres como una especie de arqueólogo que busca el material que podría estar ahí, que esperas que esté ahí». Una vez das con ese material tan delicado, cuando te enfrentas a él con sufrimiento, esperas sacar al menos alguna lección. Que la muerte, y nunca mejor dicho, no sea en vano. «Las experiencias cercanas a la muerte nos muestran que la vida es muy frágil y que nuestro tiempo aquí es muy corto. Tienes que agarrarte a lo que valoras profundamente, tienes que vivir la vida lo máximo posible, cogerla con las dos manos cada día, porque puede ser el último». El carpe diem de toda la vida, del que, como de Santa Bárbara y desgraciadamente, sólo nos acordamos cuando truena.

Y luego está, claro, cómo cada uno, dentro de las muy variadas culturas que existen, afronta la muerte. La propia y la ajena. O’Farrell, que es atea, reconoce que «es difícil» tener una relación sana con ella. «No sé cómo es en España, pero en Gran Bretaña todo es bastante rápido, muy aséptico». Un sinsentido en el que, además, confluyen todos nuestros miedos. «Es el temor más visceral que existe. No la entendemos. Es difícil comprenderla». Aunque, al final, «todo el mundo encuentra su manera de aceptar la idea de mortalidad». Y probablemente por eso «la gente piensa más en la muerte que en el sexo».

O’Farrell cree que «sólo te das cuenta de por qué has escrito un libro cuando lo terminas». «Sigo aquí» fue su intento de controlar lo inasible, aquello que no depende de nosotros. «Al ponerlo en párrafos, piensas que lo has conseguido. Pero, naturalmente, no lo controlas». Y he ahí la lección.

[Crítica de «Sigo aquí»: el miedo siempre llega después]