De izquierda a derecha: Bruno Padín Portela, José Ramón Ónega, Bieto Rubido y Tomás Rodríguez
De izquierda a derecha: Bruno Padín Portela, José Ramón Ónega, Bieto Rubido y Tomás Rodríguez - Maya Balanya

Un libro analiza el peso de la traición en la historia de España

La Casa de Galicia de Madrid acoge la presentación del ensayo de Bruno Padín Portela

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Con los termómetros agitados por encima de los 30 grados, ya sin lo peor de la ola de calor, se presentó ayer en la Casa de Galicia de Madrid el primer libro del historiador Bruno Padín Portela, «La traición en la historia de España» (Akal), un fascinante ensayo que desgrana cómo la figura del traidor ha sido utilizada a lo largo de los siglos para conformar la identidad nacional. En el acto intervinieron, además del autor, Bieito Rubido, director de ABC, Tomás Rodríguez, editor de la obra, y José Ramón Ónega, delegado de la Xunta en Madrid.

«Están asistiendo a la presentación de un gran intelectual, su trabajo está lleno de erudición», aseveró Rubido al inicio de su intervención. El director de ABC elogió el la minuciosidad de la investigación de Padín Portela, y destacó el tratamiento de la figura de Antonio Pérez, una de las figuras más apasionantes del libro, en su opinión. Además, puso sobre la mesa uno de los puntos de debate del acto. ¿Es la traición una condena particular de España? «No creo que sea exclusivo de España: la traición forma parte, como al vanidad, como la soberbia, de los materiales de los que se construye el ser humano», expuso.

Por su parte, Rodríguez afirmó que, aunque la del traidor es «una figura común en las historiografías nacionales de todos los países», según su parecer «en ninguno es tan común como en la nuestra». Y Padín Portela, que también cree que la traición y el ser humano son inseparables, añadió un dato incontestable: «Si encendemos la televisión oiremos hablar sin duda de traición, sobre todo en el ámbito de la política».

De hecho, afirmó que su libro está de actualidad, sobre todo si atendemos al independentismo catalán, que hoy retoma un dialéctica que ya estaba presente en la rebelión de los catalanes en 1640 o en la guerra de sucesión de principios del siglo XVIII. «En el nacionalismo, España es el enemigo, el agente externo malvado. En el caso catalán se sigue echando mano de esa serie de tópicos que tienen más de trescientos años. Bien formulados podrían funcionar, aunque a veces no están ni bien formulados», sentenció.

A eso se refiere, precisamente, la frase que abre su libro, y que firma el siempre estiloso Mark Twain: «La historia no se repite, pero rima». A la luz de este ensayo y las noticias, parece que no se equivocó.