DANIEL MORDZINSKI/HAY FESTIVAL  El escritor, caminando por el bello entorno de la localidad galesa de Hay-on-Wye, sede del Hay Festival, hace unos días
DANIEL MORDZINSKI/HAY FESTIVAL El escritor, caminando por el bello entorno de la localidad galesa de Hay-on-Wye, sede del Hay Festival, hace unos días

Juan Manuel de Prada, escritor: «Siempre he sido una especie de niño burbuja de la literatura»

POR ANTONIO ASTORGAMADRID. De mucho leer y poco comer está alimentada «Las máscaras del héroe», la novela que le cambió la vida a Juan Manuel de Prada, y que reedita Seix Barral. La documentó en la

POR ANTONIO ASTORGA. MADRID.
Actualizado:

De mucho leer y poco comer está alimentada «Las máscaras del héroe», la novela que le cambió la vida a Juan Manuel de Prada, y que reedita Seix Barral. La documentó en la Biblioteca Nacional, en jornadas maratonianas de 9 de la mañana a 9 de la noche, sin probar bocado entre horas más que el de la bohemia literaria, con posada y fonda en la pensión Buenos Aires y vida monacal al uso. Al acabar sus trabajos de persiles, Juan Manuel de Prada estaba tan cansado que cenaba algo en la pensión, y de ahí se zambullía en tertulias noctívagas con su amigo Luis Alberto de Cuenca: «Llevaba una vida muy recoleta -concede-. La única infracción que me permitía era salir alguna vez con Luis Alberto. Íbamos a Balmoral, y allí me invitaba a tomar algún cóctel. Descubrí el Manhattan, mi favorito».

«Las máscaras del héroe», inencontrable en librerías hasta ahora, moldearon a un decatleta de la literatura, a un escritor total. En ese otoño de 1996 Prada peregrinaba con un par de libros en sus alforjas literarias, que habían tenido repercusión, pero en «Las máscaras...» tuvo que dar el do de pecho, y lo dio con una voz demoledora, para demostrar que podía ser novelista: «Primero escribí un cuento sobre Pedro Luis de Gálvez, fascinado por el personaje tras leer una semblanza de Gómez de la Serna sobre él -recuerda-. Pero ví que ese personaje, y el mundo de la bohemia, daban mucho más de sí». Saciaba mañanas y noches con la literatura de los años 10, 20, 30, y enfrascaba el ánimo en los ambientes políticos y bohemios. El resultado es una inalcanzable novela sobre la complejidad de la naturaleza humana y la delgadísima barrera que separa la nobleza de la vileza. La protagonizan dos personajes que en principio pueden parecer héroe -el narrador, Fernando Navales- y antihéroe -Gálvez-, pero a medida que el relato avanza se descubre cómo cambian las tornas: «Así Gálvez, dentro de su canallería y truhanería, es un héroe, y el narrador, que es uno de los pocos personajes inventado, por el contrario es un miserable», explica el autor.

Habitada por grandes, medianos, horrendos y mediopensionistas escribidores de antaño, Juan Manuel de Prada talla en los vórtices de sus máscaras la muesca del interés humano, y su capacidad arquetípica para describir un determinado tipo de escritor. Ramón, César, Cansinos-Assens, Borges, que consideraba al cordobés su maestro, desfilan en una obra en la que Prada vuelca todas sus pasiones y pulsiones literarias componiendo un gran fresco: «Y hay escritores falangistas y bohemios a los que les tomé tanto cariño que escribí luego sus vidas en «Desgarrados y excéntricos»: Gálvez, Vidal y Planas, Buscarini, etc... Es un homenaje a aquellos que entendieron la literatura como un veneno vital contra el que uno nada puede hacer, y al que tiene que entregarse porque es como una bendición y una maldición al mismo tiempo», define. En el prólogo, Pere Gimferrer da cuenta de la vocación de esta novela: contar una historia desmesurada, muy humana, en el sentido más visceral; una obra de estilo, que cuando eres joven te obsesiona: «El deseo de ser sublime sin interrupción, de cincelar cada frase, de meter en cada párrafo una imagen memorable, etc... Él y yo siempre hemos sido una especie de niño burbuja de la literatura -revela Prada-, y tiene ese amor desquiciado hacia todas estas criaturas un poco monstruosas y sublimes que fueron esta clase de escritores olvidados». A raíz de «Las máscaras...» se creó una corriente de simpatía hacia la bohemia, y se editaron obras de autores bohemios: «Toda esta poetambre, desde Gálvez a Buscarini, al que yo mismo edité...» Juan Manuel de Prada «desenmascará» este fin de semana en la Feria del Libro para firmar ejemplares el sábado (mañana y tarde), y el domingo (en la atardecida), rememorando aquellas jornadas de Persiles de mucho leer y poco comer en un Madrid bohemio y heroico.