El poeta mexicano José Emilio /EFE
El poeta mexicano José Emilio /EFE

José Emilio Pacheco: «No soy ni el mejor poeta de mi barrio»

ANTONIO ASTORGA |
MADRIDActualizado:

Sin dedicatorias

La clase de José Emilio Pacheco la destiló el estupendo poeta a la primera pregunta de ayer por la mañana, en la presentación de su «Contraelegía»: ¿Se considera usted el mejor poeta mexicano? «¡Cómo voy a ser el mejor poeta mexicano si no lo soy ni de mi colonia, ni de mi barrio!», contraataca al instante. Y lo explicita: «A la vuelta de la esquina de mi casa vive Juan Gelman [premio Reina Sofía -el año en el que Pachecó quedó segundo- y Cervantes], y a unas cuantas cuadras (manzanas) Francisco Blanco». Cuando Gelman ganó el Cervantes invitó a su vecino Pacheco a brindar por el galardón en un restaurante cercano, en presencia de su editor Chus Visor. José Emilio Pacheco, que no tenía a mano su poemario -«se lo cambié ayer por un disco a la joven y linda cantante española Rosa»- confesó que no ha puesto dedicatoria en su libro porque «sino lo convierto en un libro tibetano de muertos».

¿En qué empleará la dotación económica del Premio Reina Sofía (42.100 euros)? Con deliciosa ironía, Pacheco remató: «A esta edad, el galardón tengo que emplearlo en gastos médicos. Si me hubiera pillado con treinta años me lo habría gastado en Ibiza», mientras sonreía en la distancia a su encantadora mujer Cristina.

¿Y el sentimiento de lo efímero? ¿Dónde nace, maestro Pacheco? Don José Emilio responde con prontitud y sabiduría: «Ese sentimiento de lo efímero es consecuencia directa de haber nacido y crecido en la ciudad de México, donde todo desaparece al instante. ¡Todo desaparece brutalmente en México! Yo no me puedo oponer al cambio, pero de repente cae una casa y la sustituyen por un edificio horrendo». José Emilio Pacheco ensancha el mundo con su poesía. ¿Su inspiración poética? Y recurre a la fábula del ciempiés y el entomólogo: «Resulta que un buen día un entomólogo le pregunta al ciempiés cuál es la patita que mueve primero. El insecto se queda petrificado. Se agobia, se paraliza, se muere de hambre y cae ante tamaña cuestión. Eso mismo me pasa a mí. No sé qué patita poética muevo en primer lugar. La "fama" me está impidiendo escribir una sóla línea. Yo creo que tras la Feria de Guadalajara nadie se acordará de mí». Aunque aún queda el Cervantes -como apuntó el director de Patrimonio Nacional, Yago Pico de Coaña, cinco autores galardonados con el Reina Sofía fueron reconocidos posteriormente con el premio que lleva el nombre de don Miguel de Cervantes: Gonzalo Rojas, Álvaro Mutis, José Hierro, Antonio Gamoneda y Juan Gelman-, pero José Emilio Pacheco no aspira a ningún otro reconocimiento: «Jamás dí un paso o pedí una carta de recomendación. No tengo ningún afán de superviviencia. Al día siguiente en que me muera, desapareceré». No leemos a Pacheco. Nos leemos en él.