Irene Lozano: «Creo que la izquierda ha perdido su «estrella polar»»
Irene Lozano, en una imagen de archivo / SIGEFREDO

Irene Lozano: «Creo que la izquierda ha perdido su «estrella polar»»

TULIO DEMICHELI | MADRID
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Al inicio de este libro Irene Lozano ya señala que después de la II Guerra Mundial y del Holocausto la izquierda comenzó a criticar uno de sus grandes presupuestos: la razón. «Eso se le puede adjudicar a la izquierda filosófica -responde a ABC-. Y a mí me parece que es una de sus grandes catástrofes y que no se relaciona con la experiencia de la URSS o del III Reich. Pensadores como Horckheimer, Adorno o el socialdemócrata Bauman afirmaron que la razón podía llevarnos al totalitarismo, en vez de considerar a esos regímenes como los más irracionales de la Historia».

-Libertad, igualdad, instrucción... ésa ha sido siempre la triada ideológica de la izquierda... Pero hoy usted habla de que ha perdido su «estrella polar».

-Creo que sí hemos logrado más libertad, sobre todo en el caso de las mujeres. Pero la igualdad, que siempre debe estar estrechamente unida a la libertad, ha dejado de ser el objetivo. Creo que hoy la izquierda ha perdido esa «estrella polar», y que es un fenómeno paradójico e inesperado que ha debilitado sus señas de identidad. En nuestro tiempo la derecha también se ha podido identificar con algunos ideales que antes sólo defendía la izquierda. Hay fronteras que ya no están delimitadas. Pero sí existen ideas de izquierda y de derecha.

-¿No le llama la atención que nuestra izquierda asuma presupuestos nacionalistas, por ejemplo el PSC en Cataluña, cuando eso es una contradicción flagrante del ideario socialista?

-El nacionalismo es contrario a la tradición socialista y a su «estrella polar», porque la izquierda no se puede orientar a la defensa de la diferencia. Además, el nacionalismo siempre es reaccionario. El PSC ha caído en un discurso nacionalista revestido de ideas progresistas con lo que se deslinda de sus esencias. Pienso que se puede descentralizar sin hacer un discurso de la diferencia. Lo prueba Alemania, que se organiza como una federación, pero lo hace en busca de una mejor administración de los recursos.

-Uno de los frutos del llamado «pensamiento débil» es el actual «relativismo» que no sólo es cuestión de valores, sino también de culturas...

-Creo que en esto se hace sentir «el espíritu de la época». Pero este relativismo no va a durar mucho. Lo que habrá que buscar es una mayor solidez y rehuir esta vacuidad generalizada. En cuanto al «multiculturalismo», por el que todas las culturas son buenas, no es más que un racismo disfrazado. Recuerdo el caso de esa chiquilla mauritana a la que su familia casó con un hombre de 40 años que la violaba continuamente. Eso no se puede admitir porque sea «parte de su cultura». No consiste en decir que todos somos iguales, sino que los mínimos vitales son iguales para todos. Aspiro a que esos mínimos lo sean para una mujer mauritana y para mí.

-Usted afirma que hoy la mayoría somos «burgueses proletarizados» y que la crisis ha demostrado que las desigualdades son las mismas que hace 15 años...

-Hoy la mayoria de la gente no ha perdido su condición de «asalariada», pero lleva una vida «burguesa» gracias a su capacidad de endeudamiento. Pero en tiempos de crisis, la «proletarización» trae un empeoramiento de las condiciones de vida porque los asalariados no tienen una posición dominante. En cuanto a la gran desigualdad, cito el Informe Foessa 2008. Resulta muy curioso que durante los años felices parecíamos más ricos, pero el porcentaje de la pobreza era el mismo en 1994 que en 2007. Es decir, que se enriquecieron unos pocos, lo otro era un espejismo.