Inocencio Arias durante la entrevista
Inocencio Arias durante la entrevista - IGNACIO GIL

Inocencio Arias: «En tres años Zapatero aprendió menos que González en tres meses»

El que fuera embajador de España en la ONU publica sus memorias: «Yo siempre creí que los diplomáticos eran unos mamones» (Plaza &Janés)

Actualizado:

Se le antojaba que la profesión que iba a ejercer durante décadas estaba poblada por mamones. Esto es, «mariposones atildados flotando de cóctel en cóctel». Lo creía por el cine y porque había conocido a algún sujeto con ese perfil mientras preparaba sus oposiciones a notario. Inocencio Arias (Almería, 1940) venció sus prejuicios y desafió a su santa madre para lanzarse a una carrera que le fascinaba. La suya es la historia del diplomático más mediático de la Democracia, aunque hoy se proclame «un carcamal. Soy un hombre que ha existido, uno que fue, que dirían los americanos».

¿Ya no piensa usted que son unos memos o aún le quedan dudas?

Me convencí de que no cuando entré en la carrera. Es verdad que aún queda alguno, una minoría. Yo los conozco además. Siempre hay mamones.

Su vida parecía encaminada a ser notario. ¿Qué ocurrió?

Mi madre no me dejó hacer periodismo cuando yo lo dije con 17 años. «Tu vas a abogado y después notario», me anunció. Con 22 años ya podía tomar mis propias decisiones y me gustaba de la diplomática la política internacional y el conocer mundo, otras culturas, idiomas... Lo de viajar no me gusta, en cambio.

Durante su carrera acompañó a Adolfo Suárez a visitar a Fidel Castro, ambos fallecidos. ¿Qué opinión le causó el dictador?

Castro era muy listo, un histriónico astuto y un actor demagogo. Durante nuestra visita, Castro habló de forma elogiosa de Franco, lo cual sorprendió a los periodistas españoles. Lo hizo sin venir a cuento. Sentía sinceramente que Franco había hecho cosas buenas por él. Además, le gustaba provocar. Un guiño a un país que tampoco se había doblegado al imperialismo.

Hablando de histriónicos, en el libro, escrito antes de las elecciones, no supo prever la victoria de Trump.

No le daba muchas posibilidades. Trump ha hecho una campaña muy inteligente, centrándose en los estados más dudosos y abandonando aquellos donde no tenía nada que hacer. Será una legislatura desconcertante. En Europa siempre ocurre que cuando llega un candidato de derechas a EE.UU. piensan que se va a producir un apocalipsis, especialmente ahora con un hombre lenguaraz y zafio. Es posible que cometa algún desliz, aunque el poder le moderará.

¿A Podemos también les moderaría el poder?

Ellos son jóvenes, a diferencia de Trump, que está de vuelta. Les moderaría pero harían locuras por el camino; a lo mejor nos arruinarían en el proceso. En materia internacional, Podemos podría ser todavía peor que Zapatero, más insensatos. Son soñadores irrealistas –quiero presumir que bienintencionados–, con una vena totalitaria y leninista.

Una crítica recurrente es que España no ha tenido continuidad en política exterior.

Hay unas líneas generales claras, aunque a veces haya habido desplazamientos. En ciertos aspectos la etapa de Zapatero fue un paréntesis en política internacional. Más allá de la discordia con EE.UU, en el tema del Sáhara todos los presidentes españoles habían sido equidistantes, mientras que Zapatero, un tipo de izquierda, hizo un giro favorable a Marruecos. El presidente del Polisario llegó a confesarme que nunca pensó que «un presidente socialista iba a abandonarnos así». En tres años aprendió menos que González en tres meses.

Usted trabajó en consonancia con todos los presidentes anteriores a él. ¿Cómo eran en el cuerpo a cuerpo?

Suárez era muy seductor, muy persuasivo en las distancias cortas. En el cuerpo a cuerpo vencía a cualquiera. Mientras que González en televisión daba mejor. Aznar, en el trato, era más abrupto, si bien en las relaciones internacionales tenía una característica que le hacía muy apreciado. Sus enemigos lo negarán hoy, pero tenía palabra. Cumplía. Los representantes extranjeros me lo decían: Aznar es un hombre de Estado y sabe quiénes son sus amigos.

En sus memorias explica su papel en la ONU en los días previos a la guerra de Irak. ¿Por qué se alineó España de parte de EE.UU.?

Aznar consideró que el sitio de España como aliada de EE.UU. era ese. Tal vez habría que preguntarse si nos metimos demasiado en la cama con nuestros aliados. Yo, personalmente, lo hubiera apoyado, pero no con tanta implicación, para empezar porque estábamos convencidos de que Irak tenía armas de destrucción masiva.

El Brexit, el referéndum de Colombia e Italia... El mundo se está convirtiendo en un lugar imprevisible.

El mundo está cambiando. Ha desaparecido esa visión idílica que se impuso tras la caída del Muro de Berlín. Aquella fase bucólica y pacífica ha llegado a su fin. La hegemonía de EE.UU. está empezando a ponerse en duda por algunos países como Rusia y China. El terrorismo, por su parte, será derrotado a largo plazo, pero a corto nos va seguir causando mucho sufrimiento.