Idea Vilariño, la poeta que quiso vivir

Recuperan la poesía completa de una de las autoras hispanoamericanas más importantes y olvidadas del siglo XX

/ MadridActualizado:

Compuso Enrique Santos Discépolo (1901-1951) una hermosa frase para definir el «tango». «Es una pensamiento triste, que se baila», dijo el músico y dramaturgo argentino. Lo hizo sin saber que esa definición, encerrada en apenas siete palabras, marcaría la vida de Idea Vilariño (1920-2009). La uruguaya, una de las autoras hispanoamericanas más importantes (y olvidadas) del siglo XX, bailó palabras que no eran sino sus sentimientos, siempre melancólicos, pese a su deseo de vivir. Vida y muerte enfrentados, para siempre, en la figura de una mujer que fue muchas cosas, pero sobre todo poeta. Se negaba a considerarse poetisa, una palabra cursi, cargada de debilidad y concesiones.

Tras largos años de ausencia, Idea Vilariño, la poeta, desafiante, bella, misteriosa, ha vuelto al panorama editorial español gracias a la recuperación de su «Poesía completa» (Lumen). Sin prólogos ni artificios, la obra se distribuye en «Primeros Poemas», «La suplicante» (1945), «Cielo, cielo» (1947), «Paraíso perdido» (1949), «Por aire sucio» (1950), «Nocturnos» (1955), «Poemas de amor» (1957), «Pobre mundo» (1966), «Poetas» y «No» (1980, dedicado al que fuera su marido entre 1975 y 1986, Jorge Liberatti). Es decir, un orden cronológico para mostrar la obra de quien concebía la vida en términos absolutos.

Idea (nacida Elena) Vilariño aseguraba que había comenzado a escribir antes, siquiera, de saber escribir; como quien aprende a leer escuchando cuentos, antes de saber que el juntar letras en un papel tiene un significado. Lo hizo de chiquita, en su Montevideo natal, donde también tocaba el violín. No obstante, su padre era poeta anarquista (de ahí, quizás, el compromiso político de la poeta, que hizo que llegara a rechazar una beca Guggenheim) y su madre una lectora voraz. Tuvieron Leandro y Josefina cinco hijos: Azul, Alma, Poema, Idea y Numen.

Foto de familia de la Generación del 45, a la que Idea Vilariño perteneció, con motivo de la visita de Juan Ramón Jiménez a Montevideo. Idea Vilariño aparece a la izquierda del poeta español
Foto de familia de la Generación del 45, a la que Idea Vilariño perteneció, con motivo de la visita de Juan Ramón Jiménez a Montevideo. Idea Vilariño aparece a la izquierda del poeta español - ABC

Son aquellos años de infancia los más felices de la autora y también los más olvidados, soterrados por la intensidad de todo lo que vino después. ¿Y qué vino? Poesía, por supuesto, siendo digna integrante de la Generación del 45; enfermedad, padeciendo asma y una extraña dolencia que le provocaba dolorosos eccemas, hasta perder la piel a jirones; y pasión, muerta (en vida) de amor por Juan Carlos Onetti (1909-1994), al que dedicó muchos de sus poemas más desgarradores.

Una mujer solitaria

«Era una mujer tan reprimida que por eso la pasión hizo en ella los estragos que hizo», explica la también uruguaya Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941), quien cree que «sus poemas fueron la tabla de salvación para no suicidarse». Peri Rossi y Vilariño fueron «colegas», que no amigas. «Nos respetábamos. No era nada comunicativa, era muy solitaria, fría, distante y reservada. Algo en ella me hacía pensar que no era muy dada a los sentimientos, porque siempre ponía una distancia como para protegerse», recuerda Peri Rossi. Esa personalidad suya hizo que rompiera con la tradición de la poesía modernista en Uruguay, «con mucho adorno y metáfora». «Imprimió una intensidad, que es paralela a su despojamiento. Su vigor viene de la emoción directa, de ese enfrentamiento, despojado, con sus sentimientos», remata Cristina Peri Rossi.

Tenía, sin duda, gran conciencia de ser poeta. Desgarrada poeta del yo. En una entrevista que Mario Benedetti (1920-2009) le hizo en 1971 (fueron muy pocas las que concedió, oculta tras la celosía de sus versos), Vilariño recordó cómo una noche, en Cuba, se puso a leer sus propios poemas para saber quién era. Quizás fuera uno de los días que, en 1968, pasó en La Habana como jurado del Premio Casa de las Américas. Allí coincidió con Julio Cortázar, José Lezama Lima y Juán Marsé. El autor barcelonés la recuerda como «una mujer muy libre, muy a su aire», pero «muy amargada en el fondo, con una vida interior fuerte, muy intensa». Una tarde, estando en Trinidad, Vilariño no se presentaba y Marsé fue a buscarla al hotel. La encontró en su habitación, tumbada en la cama. «No tengo ganas de nada», le dijo, y le propuso que se pasaran la noche tomando tragos.

Hoy, apenas ocho años después de su muerte (a su entierro, el 28 de abril de 2009 en Montevideo, no fueron más de diez personas), la poesía de Idea Vilariño refleja la eterna juventud de quien vivió 89 años en un mundo aparte. Sola.

«Inútil decir más.

Nombrar alcanza».