Huidobro, poesía en fotogramas
Huidobro (Nueva York, 1927) con Lya de Putti y otras actrices de cine - ABC

Huidobro, poesía en fotogramas

Influido por el cine, el poeta escribió una «novela-filme», «Cagliostro». Se rodó, pero nada se sabe de su estreno

MANUEL DE LA FUENTE
MADRID Actualizado:

«Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata. Amo la noche, sombrero de todos los días. Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que van a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos llenos de navíos lejanos. Una tarde, cogí mi paracaídas y dije: "Entre una estrella y dos golondrinas"».

Pocos arranques de un libro pueden dejar al lector tan desnudo, tan asombrado, tan sorprendido, como si le estuvieran hablando los mismísimos arcángeles. Lo firmaba Vicente Huidobro, chileno, poeta, alquimista, masón, conocedor de la Cábala y los saberes esotéricos, de la astrología, del ocultismo, creador por encima de todo, y autor de «Altazor», el libro que contenía esas palabras, que parecen escritas por Merlín, en aquel tiempo, según las leyendas, en que vivía en el exilio, lejos de Camelot.

Huidobro no conocia límites estéticos ni vitales

Pero el talento de Huidobro no conocía limites. Ni estéticos. Ni carnales. Ni políticos. Fue polémico, ligerillo de cascos, y se las tuvo tiesas con Neruda, aunque los dos fueran comunistas. Entre arrebato vanguardista y furor creacionista, a Huidobro le daba tiempo para asistir en Valencia al Congreso de Intelectuales Antifascistas durante la Guerra Civil, a que atentaran varias veces contra su vida y a entrar como corresponsal de guerra en Berlín con los Aliados.

El hechizo del celuloide

Pero, como la mayoría de los artistas de aquellas vanguardias quedó hechizado por el cine, aquel medio de expresión que entonces ni siquiera necesitaba de palabras. El cine mudo y el expresionismo se bastaban con un puñado de imágenes para emocionar a las personas, llevarlas de la risa al llanto, de la esperanza al terror. Y Huidobro no paraba quieto. Algo tenía él que decir sobre el Séptimo Arte. Y lo dijo en «Cagliostro», una novela-filme como él la llamaba.

O, para entendernos, como si alguien fuera capaz de poner por escrito lo que Murnau hacía fotograma a fotograma. Huidobro lo hizo. En 1923. Y llenó su novela de monstruos, de tormentas, de precipicios, de sombras, con su prosa embriagadora y subyugante, con su don de la Naturaleza para convertir en verbo lo que es icono. Y con un protagonista hecho a su medida: Cagliostro, el mago del XVIII, uno de los personajes más inverosímiles de la Historia.

«Crear como la Naturaleza crea el árbol», era su lema

Aquella novela ha vuelto a ser recuperada ahora en un bello volumen por Cátedra, con edición de todo un especialista en poesía hispana, Gabriele Morelli. Cagliostro es, sin más, puro poeta chileno. «Cagliostro —explica Morelli—, representa la encarnación histórica y legendaria del deseo, el derecho irreprimible del artista creador, que el poeta reivindica continuamente. "Crear como la naturaleza crea el árbol" es su lema. Esta novela, este guión, que obtuvo en 1927 el reconocimiento del importante premio americano de la League for Better Motion Picture, muestra el espíritu innovador del poeta ya anticipaba con su sensibilidad y antenas modernas el interés de la vanguardia literaria por la estética del cine».

Conocida es la pasión por el cine de la gente del 27, Lorca, Buñuel, Dalí, Alberti, Miguel Hernández. De hecho, como recuerda Morelli, Lorca es cribió una pieza teatral llamada «El paseo de Buster Keaton» y Alberti confiesa en un conocido verso: «Yo nací, respetadme, con el cine». Escuchen si no las palabras de Miguel Hernández que nos refresca Morelli en una carta a Josefina: «No creas que me he olvidado de comprar Cinegramas».

La novela posiblemente fue rodada por el director rumano Mime Mizu, «pero también es muy probable que no se estrenara», comenta Gabriele Morelli. Es más, amigos de Huidobro como Juan Larrea y diversos medios periodísticos de la época, hablan sobre el rodaje pero, sentencia Morelli, «nunca de su conclusión y estreno».

Como asegura Gabrieli Morelli, el poeta nos invita a «emprender un viaje hacia la aventura, hacia el triunfo de la imaginación y el sueño». O, según sus propias palabras en el prólogo: «Lector, usted no ha comprado un libro, sino un billete para entrar al cinematógrafo».