Fiona Barton, en Madrid
Fiona Barton, en Madrid - Ernesto Agudo

Fiona Barton: «Soy como una urraca y cojo esos secretos que tenemos todos los humanos»

La periodista británica se consolida como una de las reinas del suspense con «La Madre», un thriller que aspira a repetir el éxito de «La Viuda»

MadridActualizado:

De la mano de la neoyorquina A.J. Finn y su «Mujer en la ventana» y «La chica del Tren», de Paula Hawkins, el suspense en el seno del hogar o «domestic noir» es un género dominado por mujeres. Como la segunda, la también periodista británica Fiona Barton acaba de lanzar su segunda obra, «La Madre», que si obtiene los éxitos de su ópera prima, «La Viuda», con más de medio millón de lectores, completaría la la terna de mujeres que están haciendo de sus protagonistas, también féminas, las heroínas modernas del thriller psicológico. Su Kate Waters está construida con retales de entrevistas que Barton hizo aquí y allá, mezcladas con hitos personales. «Un proceso un poco Frankenstein -reconoce con dulzura-. Me considero un poco urraca, recopilo cosas y frases de personas y luego creo una historia».

Barton, que estuvo esta semana en Madrid, repasa las líneas maestras de una historia redonda con tres mujeres unidas por un secreto. «Al desvelar algunos misterios nos enfrentamos a nuestros propios temores sobre lo poco que conocemos a los demás», opina. Reportera durante tres décadas especializada en la cobertura de sucesos como la desaparición de Madeleine McCann, ha conjugado los secretos del periodismo y la literatura para crear lo que el maestro Stephen King recomienda como «el único thriller que debes leer este año».

¿Cuántos secretos esconde el hombre bajo tierra?

Cientos. La mayoría tenemos muchos, pequeños; obviamente no son que hemos enterrado a nuestro vecino, pero los tenemos y no los queremos revelar. Forma parte del ser humano, afortunadamente, porque yo me inspiro y escribo sobre todos esos pequeños secretos.

¿Se hace buena crónica negra?

No siempre se hace de manera apropiada. Algunos casos, como el de Madeleine, captan rápido la atención de los medios, mientras otros ni aparecen. El punto crucial es preguntarse dónde y quién, y la respuesta a estas preguntas determinará cuánta atencion reciba el caso o no. A veces lo que atrae es la cara, la imagen del niño, una foto... Lamento sonar cínica, pero es la realidad.

Habla del «who», el «quién». ¿Eso marca el despliegue mediático?

Sí, normalmente sucesos como las desapariciones de niño que más atención generan son los que provienen de familias acomodadas, de profesionales (dos doctores como los McCann)...

¿Cuánto daño hacen las noticias falsas a la difusión (y tambien a su resolución) de asuntos tan delicados, como el rapto de un niño?

Las redes sociales han asumido el rol de dar cobertura y trascendencia a los sucesos. Es la comunidad online la que, de forma simple, lo cuelga con una pregunta: ¿Han visto a este niño? y ya se difunde sola. Pero es verdad que también perjudican mucho y tenemos que lograr un equilibrio muy delicado. Muchos nos enamoramos de las redes sociales cuando surgieron, pero el problema es que nos centramos mucho más en esta plataforma y nos olvidamos del contenido. Creo que ahora mismo estamos volviendo a poner el foco en el contenido, ya que las «fake news» pueden ser tremendamente peligrosas porque la gente cree todo lo que lee en internet. Las autoridades están actuando con demasiada lentitud para identificar los peligros que entrañan esas noticias falsas.

Hubo mil teorías sobre el «caso Madeleine». ¿Cuál es su lectura de lo que ocurrió?

Es muy triste. Tuve la oportunidad de entrevistar a los padres y pienso que la niña falleció la noche de su desaparición, algo bastante bastante común en estos casos, pero ni una sola vez vi a los McCann como sospechosos. Todo salió mal, empezando por la investigación.

Al hablar de Madeleine se emociona. ¿Es bueno que el periodista se implique tanto en este tipo de noticias?

Existe un mito alrededor de los periodistas, por el cual no tienen que comprometerse con el caso. Yo creo que para contar una historia, tienen que empatizar y ser capaces de sentir lo que estas personas están sintiendo para hacer bien su trabajo. Si no empatizamos, solo somos secretarias.

Tras «La Viuda» y «La Madre», cuántos le piden ya «La Suegra»?

Nadie. El próximo libro será algo así como «La Sospecha».