Los escritores Patricio Pron, Ray Loriga y Lara Moreno y el editor Miguel Aguilar, delante de una foto de Claudio López de Lamadrid durante el acto de homenja en la Feria del Libro de Madrid
Los escritores Patricio Pron, Ray Loriga y Lara Moreno y el editor Miguel Aguilar, delante de una foto de Claudio López de Lamadrid durante el acto de homenja en la Feria del Libro de Madrid - ISABEL PERMUY

Feria del Libro de MadridClaudio López de Lamadrid, en cada página de nuestra imaginación

El sector rindió ayer un homenaje al gran editor en un acto con varios de sus autores en la Feria del Libro de Madrid

MadridActualizado:

Todos lo pensamos, pero pocos nos atrevemos a decirlo, porque al manifestarlo en voz alta duele más que si callamos. Y el dolor es mejor obviarlo, o eso es lo que nos han enseñado. Pero esta edición de la Feria del Libro de Madrid está siendo triste. Muy triste. Nos falta alguien. Nos falta él. Nos falta Claudio López de Lamadrid. Desde su fallecimiento, el pasado 12 de enero, el hueco que dejó –en el mundo de la edición, claro, pero también en las vidas de los que tuvimos la suerte de conocerlo– se va haciendo cada día un poco más grande, y su ausencia sigue presente.

No es consuelo, pero muchos conservamos, cual amuleto, aquel pedacito de papel con su poema favorito, de su adorado Raúl Zurita, que se entregó en su funeral, y volvemos a él con frecuencia, en un intento por retenerlo en cada página de nuestra imaginación: «Guárdame todavía en ti/tenme en ti, en la brizna de aire que aún ocupa tu voz/dura y remota/como los cauces glaciares en que la Primavera desciende».

Y ayer buscamos de nuevo esos versos en el bolsillo, los apretamos hasta apresarlos, durante el homenaje que se le rindió en la Feria, en el que participaron Núria Cabutí, CEO de Penguin Random House, su grupo editorial; el editor Miguel Aguilar, su gran amigo y mano derecha, sobre el que ha caído el peso de sustituirle, y tres de sus autores más queridos, huérfanos desde su muerte: Ray Loriga, Lara Moreno y Patricio Pron. El aforo del pabellón se completó poco antes de que ellos comenzaran a hablar. No faltaba nadie, pero a todos nos faltaba él. Escritores como Gonzalo Suárez, Rosa Montero, Félix de Azúa, Antonio Soler, Belén Gopegui, Elvira Navarro, Carlos Pardo, Mercedes Cebrián, Elísabet Benavent; la ilustradora Paula Bonet; la cantante y compositora Christina Rosenvinge; el dibujante Andrés Rábajo, «El Roto»; editores como Ofelia Grande, David Trías, Pilar Reyes, María Fasce, Jorge Herralde, Belén Bermejo, Joan Tarrida, Berta Noy...

"Me alegra ver a tanta gente, aunque me hubiera gustado que esto nunca hubiera sucedido", comenzó diciendo Cabutí. La máxima responsable de Penguin en España reconoció que su "pérdida fue un mazazo para todos" y destacó de Claudio "aquella combinación entre distancia educada y generosidad cercana". No se olvidó Cabutí de su esfuerzo denodado con la "lengua española", a la que "dedicó muchos de sus mayores desvelos", y evocó cómo en los "últimos tiempos", pese a ser "por nacimiento y trayectoria un editor barcelonés", se había "madrileñizado bastante de la mano de Ángeles (González-Sinde)". Qué mejor lugar, entonces, para rendirle homenaje.

Aguilar, al que le tocó moderar la charla entre los cuatro devotos autores de Claudio, confesó compartir con él ese convencimiento de que "el de editor es el mejor oficio del mundo", pese a quien le pese, y aunque con ello haya que contradecir al mismísimo Gabriel García Márquez. Y fue precisamente la edición lo que, hace muchos, muchos años, unió las vidas de Ray Loriga y Claudio. "Esta es la fiesta a la que yo no quería venir. Una fiesta de Claudio sin Claudio no me hace ni puñetera gracia. Claudio siempre fue mi amigo, tuve la fortuna de ser su amigo", se arrancó a decir el escritor, escondido tras unas gafas oscuras de aviador. Todos recordamos, entonces, aquel momento en el que, hace un par de años, tras conocerse que Loriga había ganado el premio Alfaguara, Claudio y él se fundieron en un emotivo abrazo en el salón del Ritz en el que se celebraba la tradicional comida de prensa para anunciar el galardonado.

Editor y amigo

"Su labor fue la de buscar, encontrar, elegir y ofrecer". Así resumió Loriga el oficio de un editor que le hizo grande. A él, y también a Patricio Pron, con el que comparte palmarés en el premio Alfaguara, aunque Claudio ya no estaba para celebrarlo, pues el argentino lo ganó este año, apenas unas semanas después del fallecimiento del editor. "Comenzamos a trabajar más intensamente tras la marcha de Mónica Carmona y empezamos una relación de amistad no exenta de conflicto. Era magnífico participar de esta red tan tupida que Claudio fue tejiendo y que constituye uno de los regalos más grandes de quienes fuimos sus amigos", confesó Pron. El argentino quiso también destacar "lo mucho que podías aprender de Claudio si estabas dispuesto a dialogar con él" y las características básicas de su catálogo: su propio gusto, sus apuestas, su política de "no llevarse autores de otros sellos" (era "el anti Florentino", bromeó Pron) y la convicción de que "el catálogo es un ámbito en el que los libros dialogan y discuten entre sí".

Por último, la escritora Lara Moreno, en quien Claudio confió, también, para poner en sus manos, durante un año, uno de sus sellos fetiche, Caballo de Troya, cerró el acto recordando la "magia que él hacía", como aquel día, en un Hay Festival al otro lado del charco, cuando la llamó por su nombre y todo cobró sentido. "Claudio era una casa. Estaba en un lugar único, poderoso y muy representativo, y hacía que hasta los últimos que habíamos llegado nos sintiéramos en casa. Sabías que siempre había alguien pendiente de todos. Con él tenía la sensación de que cualquier cosa podía ser posible". Y lo era, claro que era posible.