El pabellón de Georgia, país invitado a Fráncfort
El pabellón de Georgia, país invitado a Fráncfort - Reuters

La Feria de Fráncfort pierde interés sin el premio Nobel

El mayor certamen libresco del mundo cae presa de los «best seller» y las tendencias como el «MeToo», a falta de la noticia cultural del año

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A nadie escapa la diferencia en esta edición de la Feria del Libro de Fráncfort: la ausencia del Nobel. Las febriles especulaciones sobre el ganador, el punto culminante del anuncio, más o menos a mitad de feria, momento en que editores y periodistas sepultaban al propietario de los derechos de autor, y los nunca suficientes ejemplares del libro con el que la Academia Sueca orientaba los engranajes de la industria editorial.

Pero a falta del Nobel, Fráncfort se ha buscado parches de nicotina literaria como el Premio Right Livelihood, destacado en algunos de los stands, o el que se dará a conocer el viernes, después de que unos cien escritores, dramaturgos y científicos suecos hayan recaudado 100.000 euros a través de una campaña de crowdfunding y hayan encargado bibliotecarios la nominación de 47 favoritos. Más de 30.000 lectores están votando por internet entre los tres finalistas: la caribeña Maryse Condé, la niña vietnamita refugiada Kim Thúy y el británico Neil Gaiman. El japonés Haruki Murakami pidió ser excluido, según sus editores para no perder opciones en el Nobel auténtico, si es que algún día regresa al circuito.

«No lo echo de menos», confiesa Sabine Cramer, de Dumont, «el Nobel nos estresa mucho y la Feria sigue siendo agitada y emocionante, nos fijamos en otras cosas». En este sentido, se ha revalorizado el Deutscher Buchpreis, otorgado a la mejor novela alemana y que este año ha recaído en «Archipiélago», de Inger-Maria Mahlke, cuya historia transcurre en Tenerife y relata las grietas y heridas que las décadas imprimen en tres familias de distintas clases sociales.

También cobran mayor protagonismo los principios declarados de la Feria, que junto con la Asociación de Libreros Alemanes, de la que depende, se ha concordado con la ONU y con Amnistía Internacional para celebrar el 70.º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos con la campaña «On the same page». Uno de ellos, la libertad de expresión, ocupó anoche la intervención del presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, que recordó al sector su responsabilidad en tiempos de populismos, fake news y hechos alternativos. «Parece estar surgiendo en Europa una nueva fascinación por el autoritarismo que se cura con las letras», dijo Steinmeier en un debate con la croata Ivana Sajko y el belga Stefan Hertmans. El reputado periodista de investigación alemán Günter Wallraff apuntó a las campañas de acoso a través de internet. Expuso un estudio del Centro PEN y la Universidad de Rostock, según el cual uno de cada cuatro periodistas o escritores atacados en las redes sociales toma la decisión de dejar de ocuparse de «temas sensibles».

Sin Nobel que fije un norte, Fráncfort parece bailar aún más que antes al son de las tendencias globales, como el #Metoo, y de los bestseller que acuden a la feria, como el austríaco Robert Seethaler, Paul Beatty o Maja Lunde, sin duda los más perseguidos. Mención aparte merece el pabellón de Georgia, país invitado y con la presencia de estrellas como Nino Haratischwili, que publica ahora con Alfaguara en España su «La octava vida».

«A mí más que el Nobel, me preocupa que se haya cancelado la tradicionalmente mayor fiesta, la de Rowohl, ese sí es un síntoma», dice el periodista literario de NDR Alexander Solloch, sugiriendo que el feminismo y la lucha por las libertades solo enmascaran la decadencia de un sector arrasado por los nuevos entretenimientos.