Tzvetan Todorov, fotografiado en Barcelona, en una de sus visitas a España
Tzvetan Todorov, fotografiado en Barcelona, en una de sus visitas a España - ABC

Muere a los 77 años el pensador Tzvetan Todorov

Francés de origen búlgaro, se definía a sí mismo como un «historiador de las ideas» y sus obras marcaron una visión crítica y humanística del neoconservadurismo, el fanatismo y la construcción de muros

CORRESPONSAL EN PARÍSActualizado:

Ha muerto Tzvetan Todorov (Sofía, 1939), crítico literario formalista, semiólogo, historiador y ensayista, autor de una obra muy rica y variada, instalado en Francia tras huir de su Bulgaria natal, que tardaría muchos años en «integrar» en su obra.

Todorov llegó a París a los veinticuatro años, huyendo de la Bulgaria concentracionaria donde se educó. Comenzó dándose a conocer como integrante, relativamente secundario, del movimiento estructuralista que hacía furor en la Francia de finales de los años 60 y primeros 70 del siglo pasado.

Él fue uno de los primeros introductores en Francia y los países seducidos por las modas parisinas de la legendaria escuela de los Formalistas rusos, grandísimos teóricos que fueron presentados como una de las vertientes de la «nueva crítica», hiperformalista, pronto condenada a desembocar en la semiología, aspiración a una «ciencia» de la interpretación de los signos.

Aquellas aventuras duraron veinte años cortos. Todorov cambió paulatinamente de rumbo, para descubrir el encanto de la literatura fantástica, analizada desde una óptica entre formalista, semiótica y estructuralista. De aquellos años datan media docena de libros, casi ninguno de los cuales ha podido reeditarse regularmente, con la excepción de su ensayo sobre Mijaíl Bajtín, el gran teórico literario ruso que consiguió sobrevivir al estalinismo con una obra muy singular.

Historia cultural

Todorov desembarcó en la historia cultural con dos ensayos sobre la conquista de América, que presentó avanzando una cuestión «multicultural»: «la cuestión del otro». Tema que volvería a tratar en su antología de textos aztecas sobre el descubrimiento y la conquista española. En ese terreno, fue uno de los grandes teóricos del concepto de «alteridad».

Instalando en un cargo entre administrativo y cultural en el Centro Nacional de Investigación Científica, Todorov comenzó dirigiendo un laboratorio especializado en arte y lenguaje. A partir de ahí, su primer interés por las técnicas y artes de la «poética» evolucionaron hacia terrenos menos estructuralistas y mucho más humanistas. Sin abandonar nunca su cargo administrativo en el Centro Nacional de Investigación Científica, Todorov escribió una veintena de ensayos entre el moralismo de gabinete, la divulgación y los temas cosmopolitas.

Los crímenes de la Bulgaria comunista (llamativamente ausentes en su obra, cuando estalló el movimiento de la disidencia soviética, perseguida por las policías de Moscú y toda Europa del Este) comenzaron a ocupar un puesto significativo en su obra a finales de los años 80 del siglo pasado, y culminaron con su ensayo «La experiencia totalitaria» (2010).

El joven ensayista instalado en el mundo feliz del formalismo, la poética y la semiótica, terminó transformándose en un ensayista seducido por el humanismo tranquilo de la Europa de las luces, la Europa ilustrada del siglo XVIII. Uno de sus últimos ensayos estuvo consagrado a Goya, figura tutelar del arte contemporáneo.

Todorov publicó hace dos años su última obra, «Insumisos», síntesis de su trayectoria y aventura íntima. Atrás quedaban sus reflexiones sobre el «nuevo desorden europeo», las amenazan que pesan sobre la vieja retórica literaria y las «experiencias de lo absoluto» del gran arte europeo, clásico y barroco.