Fallece el escritor argentino Tomás Eloy Martínez a los 75 años

CARMEN DE CARLOS I BUENOS AIRES
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Las letras españolas están de luto. Ha muerto Tomás Eloy Martínez. Escritor y periodista argentino rompió las fronteras literarias de su país con “Santa Evita” (1995), la historia novelada de Eva Duarte. Hombre de palabra y obra, tenía el mundo y la historia en la cabeza y el corazón. A los 75 años un cáncer puso punto y final a su vida.

En Argentina y buena parte de Iberoamérica bastaba decir Tomás para que todo el mundo supiera que se hablaba de él. Con “Santa Evita”, la novela argentina más traducida de todos los tiempos, logró tocar el cielo del éxito literario con las manos. Veneradas todas y cada una de sus páginas, las de ficción terminaron confundiéndose con la realidad. “Me he cansado de desmentir que Evita nunca le dijo a Perón el día que le conoció: Gracias por existir. Fue una frase que se me ocurrió pero la gente prefiere creerla antes que a mi”, reconocía en una de sus entrevistas con ABC.

Tomás investigó, analizó y desmenuzo a fondo el peronismo y a su fundador. Durante el exilio de Juan Domingo Perón en Madrid mantuvo diversos encuentros en su casa de Puerta de Hierra. Fruto de aquellas conversaciones, grabadas, vió la luz “La novela de Perón” (1985), un libro considerado por algunos el mejor de todos. Excelente conversador, entre las anécdotas de aquellos tiempos solía recordar aquella en la que el general, ante un mismo asunto, respondió cosas totalmente opuestas a dos visitas que había recibido por separado. Él, sorprendido, le preguntó la razón. La respuesta fue sencilla: Hay que decirle a la gente lo que quiere oír. Escritor desde los 10 años

Nacido en la provincia de Tucumán, Tomás escribió su primer cuento cuando apenas tenía 10 años. Lo hizo más como un desafío que por amor a la pluma. Sus padres le habían prohibido leer. “Las ficciones son nuestra forma de rebelión”, comentaría en muchas ocasiones. Enamorado de la escritura, de las mujeres, de su familia y de las pequeñas y grandes historias de la vida, padeció los años de plomo de la Argentina de los 70. La triple A (Alianza Anticomunista Argentina), escuadrón de la muerte organizado durante el Gobierno de Isabelita Martínez de Perón por su ministro José López Rega, le puso en la lista negra. Tomás, como miles de compatriotas suyos, se sumó al exilio.

Instalado en Venezuela entre 1975 y 1977 trabajó en el periódico El Nacional y fundó El diario de Caracas. Años más tarde se embarcó con un grupo de colegas en la creación de Siglo XXI, un matutino mexicano con sede en la ciudad de Guadalajara que circuló durante siete años. Dejó de editarse en diciembre de 1998. Profesional, todo terreno hasta el último día, estuvo al frente de diversos cuadernillos culturales en la prensa argentina. El último fue en La Nación de Buenos Aires. Nunca dejó de lado el periodismo

De mirada inquieta y sagaz, pese a su éxito como escritor, Tomás nunca dejó de lado el periodismo. Saltaba del reportaje al artículo con la maestría de un veterano y la agilidad de un muchacho. Sus colaboraciones en EL PAIS de Madrid así como sus columnas en La Nación y en The New York Times Syndicate, se reproducían en doscientos diarios del viejo y el nuevo continente. Entusiasta, generoso con los jóvenes periodistas y escritores, fue un pilar imprescindible en la fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano que tutela Gabriel García Márquez. Sus alumnos de la Rutgers University de Nueva Jersey dan fe de sus clases magistrales. En esa ciudad, un automóvil segó la vida de su segunda esposa, Susana Rotker.

Autor de “El vuelo de la reina” (Premio Alfaguara 2002), una trama de pasiones en la redacción de un periódico trufada de amor, traición y muerte, Tomás escribió “La pasión según Trelew” (1974), prohibido por la dictadura y quemado en plaza pública en la ciudad argentina de Córdoba. Entre otros títulos suyos, destacan “Los testigos de afuera” (1978), “Retrato del artista enmascarado” (1982), “Lugar común la muerte” (1976), “La mano del Amor” (1991) y “Las memorias del General” (1996). Autor de una decena de guiones de cine, tres de ellos los escribió ala limón con Augusto Roa Bastos.

Tomás Eloy Martínez (16 de julio de 1934-31 de enero del 2010) no se daba importancia. Citaba los libros y hasta los documentales que le servían como fuente de sus historias. Siempre encontraba un hueco para recibir a un periodista o dar consejo a un escritor. Era generoso, alegre, divertido, culto y una buena persona. En definitiva, un hombre importante.