Las librerías, como las biciletas, también son para el verano
Las librerías, como las biciletas, también son para el verano - ISABEL PERMUY

Estos son los libros que tienes que leer en vacaciones

Un puñado de títulos de lo mejor de la temporada literaria para combatir el calor y la pereza con calidad y buenas historias

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1- «El coste de vivir», Deborah Levy

La crisis de su matrimonio, cuando ya había cumplido 50 años y tenía dos hijas, le sirvió a Deborah Levy como catarsis -irremediable, dada su precaria situación económica- y se convirtió en el punto fundamental desde el que empezar a contar, y a vivir su propia vida, no la que de ella se esperaba. A sus espaldas, una mochila con recuerdos borrosos como la huida de su familia, cuando ella era sólo una niña, de la Sudáfrica del apartheid (su padre estuvo encarcelado cuatro años por defender los derechos humanos), agridulces como la relación con su madre o gozosos como todo lo derivado de su trayectoria como novelista, poeta y dramaturga, que incluye colaboraciones con la Royal Shakespeare Company y nominaciones a los más prestigiosos galardones, el Man Booker incluido. Todo abordado en los dos volúmenes, a medio camino entre el ensayo y las memorias, que ha publicado en España (tiene previsto escribir un tercero): «Cosas que no quiero saber» y «El coste de vivir», editados por Literatura Random House.

2- «La soberanía del bien», Iris Murdoch

Decía Rafael Sánchez Ferlosio que el periodismo cultural «va de aniversario en aniversario». Y tenía más razón que un santo. Pero hay aniversarios que son de obligada celebración, entre ellos el del centenario del nacimiento de Iris Murdoch, que se cumple el 15 de julio. Un buen motivo para volver a leerla, y hasta para pasarnos el verano entero haciéndolo. Propongo empezar por «La soberanía del bien» (Taurus), testimonio de su mejor filosofía.

3- «El amigo», Sigrid Nunez

Si Mercedes Cebrián te dice que tienes que leer un libro, tú obedeces. Y eso hice cuando me señaló «El amigo» (Anagrama), con el que Sigrid Nunez (Nueva York, 1951) ganó el National Book Award y que Cebrián ha traducido en España. Tras el suicidio de su mejor amigo y mentor, la protagonista debe afrontar su pérdida y, al mismo tiempo, lidiar con una nueva presencia en su vida, la de Apollo, el gran danés que le deja en «herencia».

4- «Los sueños de Einstein», Alan Lightman

Llegué a este libro por una recomendación que venía de otra, y ahora soy yo la que aconseja su lectura. «Los sueños de Einstein» (Libros del Asteroide), del físico Alan Lightman (Memphis, 1948), es una delicia literaria en la que el tiempo no es lo que parece. Porque, ¿qué pasaría si se detuviera cuando somos más felices? ¿Y si no tuviéramos recuerdos? Pues todo eso lo sueña un joven Einstein que te hace soñar.

5- «Las mil caras de la luna», Eva Villaver

El Diccionario de la RAE especifica que debemos escribir Luna así, en mayúscula, cuando nos referimos al «único satélite natural de la Tierra» y lo hacemos «en contextos astronómicos». Y este es el caso, ya que el maravilloso libro que la astrofísica Eva Villaver ha escrito, «Las mil caras de la Luna» (Harper Collins), en edición de Miguel A. Delgado, nos acerca un poco más a ese lugar al que llegamos, por primera vez, hace cincuenta años y del que, en realidad, nunca nos hemos ido.

6- «Microgeografías de Madrid», Belén Bermejo

Es difícil ilustrar con palabras la realidad, pero no es menos complicado hacerlo con imágenes sin caer en el tópico. Por eso lo que hace Belén Bermejo en «Microgeografías de Madrid» (Plan B) tiene doble mérito. Sus paseos por esa ciudad, que adora tanto como los libros, quedan capturados como si fueran versos que apresa con su cámara, que siempre lleva colgada del cuello. Al pie, comentarios que construyen un relato infinito, porque ella, más que nadie, sabe lo que es la literatura.

7- «La isla de los pinos», Marion Poschmann

No es extraño que Marion Poschmann (Essen, Alemania, 1969) se colara este año en la «longlist» del Booker International con «La isla de los pinos» (Hoja de Lata), una novela deliciosa. Todo empieza con una pesadilla que lleva a Gilbert Silvester a emprender un viaje a Japón en el que conocerá a Yosa Tamagotchi, un estudiante obsesionado con su muerte que le cambiará la vida.

8- «En el jardín del ogro», Leila Slimani

Decir de una novela que es «una Madame Bovary X» es mucho decir. Pero no le voy a negar a Alexandra Schwartzbrod, autora de esta cita en «Libération», que Leila Slimani es hija aventajada de Flaubert. La suya es una de las voces más originales de la narrativa francófona actual. Y tiene doble mérito, ya que ha llegado hasta esa cima -Goncourt incluido- con una literatura incómoda. Slimani escribe desde la verdad, aunque a veces duela. Una prueba más es «En el jardín del ogro» (Cabaret Voltaire), su primera novela (2014), que por fin llega a España y en la que describe la adicción sexual de una mujer.

9- «Opus Gelber», Leila Guerriero

Él, Bruno Gelber, es uno de mejores pianistas que dio el siglo XX, y ella, Leila Guerriero, una de las periodistas que más ha hecho por dignificar el oficio en los últimos años. En «Opus Gelber» (Anagrama) se dan cita, sin las estrecheces de una entrevista cronometrada, y conversan como dos desconocidos, hasta llegar a conocerse. Un retrato literario, crudo y hermoso. Una joya.

10- «El archipiélago del perro», Philippe Claudel

Philippe Claudel (Nancy, 1962) ratifica en su última novela su compromiso con la realidad que le rodea, que habita con plena conciencia de hacerlo. En esta ocasión, retrata el drama de la inmigración. «El archipiélago del perro» (Salamandra), que da título al libro, es un enclave mediterráneo, aparentemente idílico, pero que está lejos de ser un paraíso. Sobre todo tras la aparición, un viernes de septiembre, de los cadáveres de tres jóvenes negros en una de sus playas.

11- «La edad de la luz», Whitney Scharer

Dicen quienes saben que lo mejor que se puede decir de una primera novela es que no lo parezca. Y, desde luego, «La edad de la luz» (Salamandra), debut de Whitney Scharer, parece escrito por una consumada novelista. El mérito es doble, ya que rescata del olvido a Lee Miller, una de las artistas más importantes del siglo XX, cuya vida protagoniza las páginas del libro.

12- «Peces de colores y hormigón», Maartje Wortel

No exagero si digo que «Peces de colores y hormigón» (Seix Barral) es la sorpresa literaria más agradable con la que me he topado en mucho tiempo. Su autora, Maartje Wortel, relata, en poco más de 70 páginas, la historia de una vida a partir de la muerte y la pérdida. Pura poesía, escrita en prosa, que nos hace detenernos en las cosas aparentemente pequeñas, que son las que nos hacen grandes.

13- «El árbol y la enredadera», Dola de Jong

Fue el mítico Maxwell Perkins, al que debemos las carreras de Scott Fitzgerald, Hemingway y Thomas Wolfe, entre otros, el artífice de que esta joya viera la luz a mediados, justo, del siglo pasado. Corría el año 1954 cuando Dola de Jong (nacida Dorothea Rosalie de Jong el 10 de octubre de 1911 en Arnhem, Holanda) entregó a su editor, tras haber trabajado como periodista y bailarina, una historia valiente y conmovedora sobre la relación entre dos mujeres: la fiera y vehemente Érica y la comedida y doliente Bea. La intimidad decorosa con la que está narrada «El árbol y la enredadera», que por fin se publica en España gracias a Siruela, la capacidad de su autora para describir sentimientos que ni las protagonistas sabían que existían, maravilla en la primera lectura. Y digo primera porque a esta novela se ha de volver, siempre.

14- «Voy a hablar de Sarah», Pauline Delabroy-Allard

Escribir sobre el amor «fou» es casi tan difícil como sufrirlo, o quizás más. Si, además, la relación que se relata es entre dos mujeres, el autor corre el riesgo de caer en el tópico, la cursilería o la zafiedad. Pero nada de eso sucede en «Voy a hablar de Sarah» (Lumen), primera novela de Pauline Delabroy-Allard (1988) -seguro que el apellido les suena, pues es la hija del mítico crítico y escritor francés Jean Delabroy-. Escrita desde la intimidad, con la conciencia plena de que el corazón casi nunca atiende a los dictados de la razón, la autora despliega, para hablar de la pareja protagonista, pero sobre todo de una de ellas, una prosa poética tan exquisita que no extraña que se le haya llegado a comparar con Marguerite Duras. De hecho, la editorial de ésta, Minuit, no dudó en publicarla tras recibir el manuscrito, que Delabroy-Allard envió a numerosos sellos el mismo día que cumplió 30 años. Fue finalista al Goncourt, pero eso es lo de menos.