CHEMA BARROSO  Elena Poniatowska durante la entrevista ayer con ABC

Elena Poniatowska: «Soy una mujer revolucionaria, también literariamente»

La autora del escalofriante testimonio «La noche de Tlatelolco» publica ahora «El tren pasa primero» (Alfaguara), una denuncia «del sindicalismo corrupto»

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ANTONIO ASTORGA

MADRID. La vida de Elena Poniatowska Amor es apasionante, de novela, de flor de lis. Nacida en París, su padre era el último heredero de la Corona de Polonia -Jean Evremont Poniatowski Sperry- y su madre, una hacendada mexicana: Paula Amor. Junto a ella y a su hermana Sofía huyó a México para refugiarse de la II Guerra Mundial. Un día tomaron el último tren en la estación de Bilbao y ella y Sofía escenificaron un teatrillo sobre el andén disfrazadas de Hitler y Mussolini. «Mi hermana era Hitler porque era más alta que yo y servidora, Mussolini. Las dos nos tiramos al suelo muertas. Mi padre estaba muy triste porque no le íbamos a volver a ver en siete años, pero conseguimos que sonriera».

Luego surcaron los mares del sur a bordo de «El marqués de Comillas», surcaron el mar y atracaron en México. Su madre odiaba a Zapata. «Pertenecía a una familia de hacendados y perdieron todo con la Revolución -describe Elena-. No quería revolucionarios en casa. Mi mamá me contaba que los peones le decían: «¡Ay que mal la Revolución, doña! ¿Ahora quién nos va a dar nuestros dulces? Porque ellos iban por el campo repartiendo dulces. Al final de cuentas mi mamá no era muy partidaria del subcomandante Marcos, aunque yo influí mucho en ella. Estando muy malita, desde la cama del hospital, me preguntaba cuándo salía en la tele. Y luego Marcos me envió un recado preguntándome: «¿Cómo está la Princesa?»». ¿De dónde surgió su espíritu revolucionario? «Pues no sé, pero salió. Soy una mujer revolucionaria, también literariamente». Poniatowska da voz a los postergados, a los «sans-culottes» de la literatura, como en su novela «El tren pasa primero», título prestado de un letrero que hay en Mérida (Yucatán) para que la gente sepa que no tiene que cruzar porque el tren puede arrollar.

Pancho Villa volaba trenes para ganar batallas y destruir rieles y Poniatowska sostiene que «la revolución mexicana se hizo en tren porque dentro iban los caballos y colgados de los furgones la gente, que se mojaba y se moría de frío, que aguantaba la nieve o la escarcha. Lo que había que cuidar eran los caballos». «El tren pasa primero» es el relato de la gran huelga ferrocarrilera de 1959 que paralizó México: «La obra pinta la ausencia del ferrocarril. De repente, desapareció el tren de pasajeros y supuso una gran pérdida. Se debió a la influencia de EE.UU., que quiso meter sus autobuses, trailers, camiones y coches en México». El protagonista es Trinidad Pineda Chiñas, que algunos identifican con el líder Demetrio Vallejo, pero Poniatowska aclara: «Trinidad no es Demetrio porque se enojaría y regresaría a jalarme los pies por lo que cuento de sus muchas historias con mujeres. Vallejo decía que un líder no tiene vida personal».