Las editoriales regresan de Fráncfort con la maleta llena con las novedades de la próxima temporada

Actualizado:

RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL

FRÁNCFORT. Ya no hay «libro de la feria», ese invento mediático ajeno al lector, y las sorpresas son pocas desde que editoriales y agentes están en permanente contacto por tarifa plana. La Feria del Libro de Fráncfort, la mayor manifestación editorial mundial, cierra con un aforo de 280.000 visitantes, diez mil más que en 2004, y 7.223 expositores de 100 países. Aparte de decenas de escritores, de Ken Follet a Eduardo Mendoza, entre los ilustres figuraron Stephen Hawking, la actriz Isabella Rossellini, Albert Uderzo (el dibujante de Asterix) y el cineasta Wim Wenders.

Con laconismo típico, se apunta que desde la creación del e-mail la feria no merecería el viaje y representantes de Siruela aseguraban que «aquí no se compra ni se vende nada», el resultado de la pesca sólo se remata meses después en casa. Pero se decían inopinadamente afortunados por la acogida entre editores centroeuropeos de un libro cultista como «La voz de Ofelia», el relato de Clara Janés sobre su legendario encuentro en Praga con Vladimir Holan.

Otros creen que Fráncfort es el sitio donde refrescar contactos en pocos días y Planeta siempre pasea a alguno de sus autores, esta vez Lucía Etxebarría, «para que conozcan a sus editores extranjeros». Y Elena Ramírez, de Barral, lamenta que por e-mail se envían «ya no libros sin terminar, sino a veces pretenden vender con apenas 80 o 100 páginas». Camila Enrich, editora de El Aleph, comentaba que en todo caso «en Fráncfort no compraría ficción, es demasiado arriesgado, a lo sumo ensayo». Vallcorba, de Acantilado, ha colocado bien a Quim Monzó y las veteranas crónicas de Eugeni Xammar y, en otro campo, Mondadori ha vendido a una docena de países el relato fantástico «Grimpow» de un desconocido malagueño como Rafael Ábalos.

Seix Barral se lleva «El árbol de los Jenízaros», una trama de acción en tiempos de esplendor y decadencia otomanos, vendida ya a doce países. Elena Ramírez se lleva además toda la serie de novelas de Alan Furst, un veterano periodista especializado luego en novelas espionaje en los años de entreguerras y se dicen dignas sucesoras de Greene o Le Carré. Juan Cerezo (Tusquets) celebra la venta a Italia, Alemania y Francia de «La neblina del ayer», una novela policíaca del cubano Leonardo Padura a veces comparado con Henning Mankell.

El veterano Jorge Herralde, con un ojo lector extraordiario, se daba por muy satisfecho. Anagrama introducirá en España al galardonado alemán Alexander Kluge y llevará a las librerías a Ludmila Ulitskaya, una de las figuras clave de la literatura rusa actual. La primera en llegar será «Sinceramente suyo, Shurik», una ironía sobre un hombre que ama a las mujeres más por compasión que por deseo, y seguirán «Sonia» y «Las mentiras de las mujeres». Asimismo llegó a acuerdos para la nueva novela de Norman Mailer, «El fantasma de Hitler» y de Jed Rubenfeld, «El nombre de la acción», un thriller con Freud y Jung y seguirá presentando, con la mordaz «Ácido sulfúrico», la obra de Amélie Nothomb.

Por su parte, Alfaguara vende bien a Enrique Vila-Matas («Doctor Pasavento») y a Roberto Bolaño («2666») y ha encontrado interés en Polonia y Alemania por «Psiquiatras, psicólogos y otros enfermos» de Rodrigo Muñoz Avia, por «Camposanto» de Iker Jiménez y «La princesa india» de Inma Chacón, así como Alberto Méndez con ventas a Francia, Italia y Serbia, y Alan Pauls, en Italia y Gran Bretaña. Por último, Destino se ha hecho con los derechos de «Nueva vida», la última y celebrada novela del alemán Ingo Schulze sobre la reunificación.