Los catalanes prefieren leer español
Una imagen de la librería La Formiga D'Or, ubicada en el centro de Barcelona - ABC

Los catalanes prefieren leer español

El consumo de libros en castellano encabeza la dieta cultural en Cataluña

S. DORIA / D. MORÁN
BARCELONA Actualizado:

Las estadísticas de la edición catalana no invitan, precisamente, al secesionismo. De cada diez libros publicados en España, cinco provienen de las imprentas barcelonesas y el 70% de los catalanes lee en castellano (en este porcentaje, quienes tienen el catalán como lengua materna reparten sus lecturas en un 50% con el castellano).

Ya lo advirtió Cervantes, al ambientar la segunda parte del Quijote en la Ciudad Condal. Y hacer que el Ingenioso Hidalgo visitara la imprenta de Sebastián Cormellas en la calle del Call. Desde el siglo XV, Barcelona es la capital de la edición en español: Rivadeneyra, Montaner & Simon, Gallach, Espasa, Salvat, Seix-Barral, Gili, Plaza & Janés, Caralt, Destino, Argos, Edhasa, Lumen, Tusquets, Océano, Vicens Vives, Ariel, Anagrama, Acantilado, Planeta, RBA y un sinfín de editores independientes, como Libros del Asteroide, Alfabia, Alba o Alpha Decay...

No es extraño que en plena Reinaxença catalanista, el editor de Santiago Rusiñol, don Antonio López, regentara su “Librería Española” en la Rambla. Hasta el diccionario de literatura catalana de Edicions 62 reconoce esa realidad, cultural y económica. Pese a los apoyos “genéricos” al libro en catalán desde la Generalitat, estas acciones no comportarán la desaparición de los lectores en castellano, “porque la cultura catalana podrá siempre continuar sirviendo desde el castellano”. Con editores y libreros seriamente perjudicados por la recesión económica, la venta de libros ha descendido y ese es un dato que no sabe de lenguas.

Tampoco se puede afirmar que la introducción sistemática del catalán en las escuelas con la llamada “inmersión lingüistica” haya promovido un ascenso del gusto por la lectura en catalán. Alguien tan poco sospechoso de españolismo como Baltasar Porcel comentaba en los años noventa que las lecturas obligatorias de autores más cercanos al patriotismo que a la excelencia literaria –Sagarra y Pla no existían en algunas bibliografías escolares- había provocado que los alumnos se divirtieran más leyendo libros en castellano, algo heterodoxo, “fuera murallas”.

Significativo es, por ejemplo, que el Premio Ramon Llull, el galardón literario más prestigioso (junto al Josep Pla) y mejor dotado (90.000 euros) de las letras catalanas, haya entrado en un proceso de reformulación que culminó a mediados de este año con un más que notable cambio de orientación. Así, la Fundación Ramon Llull se ha desvinculado del galardón y ha pasado a convocar dos nuevos premios que reconocerán la labor de un profesional o institución con una larga “carrera catalanista” –8.000 euros-, la traducción al catalán de una obra de otros idiomas –4.000 euros- y un tecer galardón de carácter honorífico a uan personalidad de la cultura catalana.

Activo comercial

De los 34.000 títulos que se publican en Cataluña, una cuarta parte -sobre los ocho mil- son en lengua catalana. Una cifra que no ha progresado desde hace un lustro. Moraleja: el libro destinado al mercado hispanoamericano sigue siendo el principal activo comercial de las editoriales catalanas: traducido en números, unos 1.400 millones de euros facturados en una buena porción por los grandes grupos radicados en Barcelona: Planeta, Random House Mondadori y RBA. Surge la pregunta, inquietante y provocadora: ¿Una Cataluña independiente motivaría la secesión editorial de esos grandes grupos y la pérdida de la hegemonía cultural?

Solo en el teatro (52%) y en las exposiciones (70,1%) optan por el catalán

Volviendo a la frialdad de los datos, un vistazo general a las estadísticas confirma que, en efecto, la dieta cultural de los catalanes es rica en castellano. Y no solo porque, tal y como recoge un informe publicado por Barómetro de la Comunciación y la Cultura el pasado mes de julio, el 69% de los encuestados revelasen que el último libro que habían leído estaba en castellano frente al 27% que habían hecho lo propio en catalán, sino también porque en el resto de desciplinas artísticas y culturales los porcenatajes son tanto o más reveladores.

Así, solo el teatro, con un 52% de espectadores que optan por el catalán en vez del castellano, y las exposiciones, con un 70,1% en catalán, aventaja al castellano en esta suerte de podio lingüístico ficticio en el que el castellano sigue siendo la lengua preferida por los catalanes en la música (49% frente al 11% en catalán) e incluso videojuegos (84% en castellano).

La mayoría más abrumadora, sin embargo, se produce en el cine, con balanza claramente inclinada a favor del castellano y un 87% de espectadores que han consumido elegido esta lengua a la hora de acudir por última vez a una sala de exhibición cinematográfica. En este caso, sin embargo, y teniendo en cuenta que los datos son de 2011, hay que subrayar que durante más de medio año las grandes majors norteamericanas no doblaron ninguna película al catalán como boicot ante la polémica y ahora reformulada Ley del Cine Catalán.