Edgar Allan Poe y los versos que se perdieron en medio de la fama

«El silencio y otros poemas» (Nórdica) recupera la faceta lírica del genial autor a través de una selección de treinta poemas

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Edgar Allan Poe se sintió siempre poeta, pero sus cuentos, excelsos, celebradísimos, terminaron por dejar su obra en verso en un segundo plano. Así lo expresa Luis Antonio de Villena: «Poe sigue siendo para la mayoría el padre del terror contemporáneo, con sus cuentos extraordinarios y fantásticos, de modo que el gran prosista habitualmente se ha superpuesto al poeta». Para remendar parte de ese desequilibrio llega ahora a las librerías «El silencio y otros poemas» (Nórdica), una cuidada selección de poemas traducidos por Antonio Rivero Taravillo e ilustrados por Kike de la Rubia y Nerea Pérez.

Han sido muchos los que han admirado la habilidad lírica de Poe. Rubén Darío decía que había nacido «con la adorable llama de la poesía». «Ella le alimentaba al propio tiempo que era su martirio», añadía. En eso, en las tragedias y la dipsomanía, también se parecía a Carver… Otro titán de las letras, T.S. Eliot, afirmaba sin dudar que «poseía, en grado excepcional, el sentido del elemento cadencioso de la poesía, de eso que podríamos llamar, en su acepción más estrictamente literal, la magia del verso». Y Baudelaire, su firme defensor francés, admiraba su poesía porque era «profunda y reverberante como el sueño, misteriosa y perfecta como el cristal».

En vida, Poe publicó cuatro libros de poemas. Quizás el que más trascendencia tuvo fue «El Cuervo y otros poemas», editado en 1845, donde destiló un simbolismo del que luego beberían el propio Baudelaire o Mallarmé. En este nuevo volumen se recoge, precisamente, el poema que daba título a aquella colección.

En total, esta reciente selección recoge un total de treinta poemas, entre los que se incluyen, por ejemplo, «Un sueño dentro de otro sueño», «El Lago», «A alguien en el paraíso», «El gusano conquistador», «Las campanas», y «Para Annie». Una oportunidad única para descubrir esa Belleza, con mayúscula, que Poe se pasó buscando toda la vida.