Carmen Conde leyó su discurso de ingreso el 28 de enero de 1979
Carmen Conde leyó su discurso de ingreso el 28 de enero de 1979 - ABC

El discurso de ingreso de Carmen Conde en la RAE: «Sin la poesía me hubiera sido imposible vivir»

Recuperamos un estracto del discurso de la primera mujer que entró en la Real Academia Española, ahora que se cumplen cuarenta años de su ingreso en la Docta Casa

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«Si de la memoria “sólo vale el don preclaro de evocar los sueños” cuando suscito los míos resalta mi entrega a la Poesía. Desde la infancia, “tan lejos como vaya mi recuerdo, he buscado siempre lo que no cambia, he deseado lo eterno”. No la inmortalidad sino la eternidad o el sueño de lo inextricable... Por ello, conectar con la vida plena sin apartarme de la Poesía; entregándole cuanto percibía y sentía inmersa en visible totalidad; anhelando aquello misterioso que conduce al hallazgo de palabras que accedieran conmigo o por mí, al todavía un sueño: el más hermoso y respetado por mi existencia. Padecer por hallar desde el subconsciente cuanto ayudara a intentar o a ser un puente que alcanzara las orillas del misterio creador... La joven inocencia creyó traer, un día, “...palabra redonda y suave como una paloma...”. Eterno e implacable se constataba el Tiempo, aunque todo se creía alcanzable ejerciendo el sueño, germen de lo íntimo, de lo secreto pugnando por nacer. Si recorrer el largo camino acarrearía venturas y desventuras, habría que mantenerse fiel a la Poesía: no como condición adicional, sino porque era supremo logro del ser y del estar en la Tierra. Sin ella me hubiera sido imposible vivir. Por ella, fortaleza y la dulcísima felicidad que inspira imaginarse enlace entre el origen y el fin. Aunque intentándolo ser, como pobre criatura humana, aquella palabra-paloma “acabara quemándose con su yodo y su sal”. Así, a través del tiempo, sin hurtarle sacrificios pero sí condescendencias a la entrega: por caminos nunca fáciles, la confiada búsqueda sin temores ni prisas; ajenándola de externos influjos circunstanciales. Haciéndola pasajera intocable de mi travesía, la Poesía sirvió no solamente a sueños, también a esperanzas y a realidades que por mínimas que fueran bastaban para mantenerme cada día».