La escritora manchega, en una de las azoteas de la ciudad marroquí con el edificio «El Fénix» de fondo
La escritora manchega, en una de las azoteas de la ciudad marroquí con el edificio «El Fénix» de fondo - Carlos Ruiz

Décimo aniversario de «El tiempo entre costuras»Tras los pasos adoquinados de María Dueñas en Tetuán

La escritora regresa a la que fuera capital del Protectorado español de Marruecos, donde su abuelo se instaló en 1927 y ella eligió como escenario de su primera novela, publicada en 2009 y protagonizada por la costurera Sira Quiroga

Tetuán (Marruecos)Actualizado:

Para no perderse en la Medina de Tetuán (Marruecos), o para todo lo contrario, se aconseja mirar al suelo, pues el centro de algunas calles dispone todavía de un número específico de adoquines. ¿Tres? Estás en una vía principal, que desemboca en una de las siete puertas del recinto amurallado. ¿Dos? Conecta con una calle de tres adoquines. ¿Una? Da media vuelta: no hay salida.

Aún así, con la escritora María Dueñas (Puertollano, 1964) y Ricardo Barceló (Tetuán, 1939) no hace falta hacer números; su presencia en la antigua capital del Protectorado español de Marruecos (1912-1956) se debe al décimo aniversario de «El tiempo entre costuras» (Planeta). La escritora, de blanco como la ciudad, recibe a ABC en el hotel riad El Reducto. Este es el punto de partida para rehacer los pasos de la protagonista de su novela, Sira Quiroga, aquella costurera metida a espía que acaba por accidente en esta ciudad durante los convulsos años treinta.

Dueñas ya visitó Tetuán en septiembre de 2009 junto a su familia, tras publicar su ópera prima en junio de aquel año. «Mi madre no se atrevía a volver. Lo primero que hicieron fue llorar, luego, contar recuerdos y ya después, las anécdotas», repasa frente a la antigua Plaza España, donde antes estaba la Alta Comisaría de España en Marruecos y ahora, el Palacio Real. Aquí se desdobla la ciudad; por una parte, la Antigua Medina, declarada Patrimonio de la Humanidad; por otra, el Ensanche Español, cuya arquitectura es todavía un reflejo de la historia de España del siglo XX y cuyo eje central recibía el nombre de Generalísimo (ahora Bulevar Mohamed V) y dirigía a la Plaza Primo.

Antigua fotografía de la Calle del Generalísimo, ahora Bulevar Mohamed V, en el Ensanche Español de Tetuán
Antigua fotografía de la Calle del Generalísimo, ahora Bulevar Mohamed V, en el Ensanche Español de Tetuán

Muy cerca de la antigua Plaza España está una de las entradas a la Antigua Medina, donde están todos los gremios posibles y se encuentra uno de los rincones que más gusta a Dueñas: la avenida El Shiagin («el que trabaja el oro»), donde se rodó la adaptación televisiva del libro. En esta suerte de laberinto se pasea sin vergüenza gran cantidad de gatos, algunos incluso descansan dentro de los establecimientos. «Tengo amigos que se mueren por venir a Tetuán, pero les tienen miedo», cuenta la también autora de «La templanza». Aquí son los varones quienes cosen las prendas y venden las pieles, curtidas en las Tenerías; las primeras fueron construidas entre los siglos XV y el XVI.

De una manera u otra, el español está presente en Tetuán. En ocasiones son sus propios vecinos que, atentos a los periodistas, gritan en nuestro idioma «¡Viva la gente de España!» o «¡Bienvenido!»; en otras, es el recuerdo que invoca una de las plazas de la Medina, Tarbeaa Yassmin, donde se subastaban a los esclavos españoles que levantaron su muralla durante el siglo XVI (restaurada en el XVIII).

Otras veces, el castellano da nombre a establecimientos como la Pensión Navarra y Novia del Norte, ubicados en La Luneta, una de las calles protagonistas de «El tiempo entre costuras» y llena por entonces de tiendas glamurosas, especialmente de judíos e hindúes. «Todo lo que no encontrabas en España, lo encontrabas aquí», detalla Barceló. De hecho, el padre de María Dueñas, aunque hizo la Mili en Ronda (Málaga), visitó la urbe y compró una cámara alemana que «le duró toda la vida», matiza ella.

Fotografía del edificio que ahora ocupa el Instituto Cervantes
Fotografía del edificio que ahora ocupa el Instituto Cervantes - Planeta

Sin embargo, la vinculación de Dueñas con Tetuán empezó con su abuelo materno, Manuel Vinuesa, un topógrafo cordobés que arribó en 1927 y trabajó en la Antigua Delegación de Fomento, hoy Instituto Cervantes, y la casa de Sira Quiroga en la serie de televisión. La madre de Dueñas nació en 1940 y solo había visitado España dos veces cuando regresó a la península años después. «Cuentan las malas lenguas de la familia que mis abuelos no querían volver; se fueron a pasar calamidades», reconoce su nieta.

El número 32 de La Luneta aloja la Pensión Camas, la inspiración para el alojamiento del personaje de Candelaria «La Matutera», que acoge a la protagonista después de que el embaucador galán de Ramiro le prometa el oro y el moro. Aunque la escritora imaginó blancas las paredes del hospedaje, ahora son verdes y azules; aquella «casa medio moruna con esencia española» tiene en realidad fotografías de los jugadores del Real Madrid y Barcelona. Hubo un detalle que le marcó: «Había tres piedras para sujetar la pata de una cama».

María Dueñas, en la entrada de Pensión Camas, el hospedaje que le sirvió de inspiración para la pensión de Candelaria
María Dueñas, en la entrada de Pensión Camas, el hospedaje que le sirvió de inspiración para la pensión de Candelaria - Carlos Ruiz

De La Luneta, y tras atravesar la primera de las siete puertas de La Medina, se llega todavía a la estación del ferrocarril, que cumplió 100 años en 2018. Es en estas coordenadas donde Sira protagoniza el recordado paseo con las armas pegadas a su cuerpo. En tiempos del Protectorado, los españoles llegaban a Tetuán en tren desde Ceuta.

Sin título ni protagonista todavía, Dueñas tenía claro que quería «devolverle la mirada a Tetuán». Heredera de una «memoria sentimental» (aunque su madre no fue costurera), encontró en Juan Luis Beigbeder (delegado de Asuntos Indígenas y alto comisario de España en Marruecos) el hilo del que tirar: «Me enamoré del personaje con muchas luces y sombras». La relación sentimental de él con la espía Rosalinda Fox terminó por dar la puntada, pero Dueñas quería centrarse en el Protectorado y un personaje femenino con identidad propia, familia, amores, caídas y ascensos. Y entonces nació Sira Quiroga, por cuyos ojos se filtraría la ciudad y las personalidades históricas, relegadas a un segundo plano.