Hazte premium Hazte premium

Cristina Cerezales Laforet: «Mi madre era una persona con necesidad de intimidad absoluta»

Cristina Cerezales Laforet: «Mi madre era una persona con necesidad de intimidad absoluta»

ITZIAR REYERO

MADRID. Cuentan los libros que, en los tres últimos años de su vida, Carmen Laforet (1921-2004) se sumió en un hondo silencio del que nunca volvería, arrastrada irremediablemente por una enfermedad degenerativa. Un silencio análago al mutismo literario que abrigó, durante buena parte de su trayectoria profesional, a la jovencísima autora de «Nada» (1944), obra con la que resultó merecedora del Premio Nadal a la temprana edad de 22 años.

Desde su privilegiada condición de hija y compañera de profesión, y coincidiendo con el quinto aniversario de la muerte de la gran narradora española de posguerra, Cristina Cerezales Laforet (Madrid, 1948) publica «Música blanca» (Destino), una biografía novelada sobre su madre, «una mujer que quiso siempre vivir libre y salvaje».

«Mi madre era una persona con necesidad de intimidad absoluta. Su fama le hizo sufrir tremendamente», proclama Cristina, para quien el éxito de «Nada» fue para su progenitora «una doble moneda». A su juicio, debió serle «difícil» asumir que su primera novela, la que escribió en su etapa de juventud, «sea la que haya quedado», por encima de sus obras de madurez.

La autora cuenta que alumbró su libro durante sus visitas a la residencia en la que Laforet pasó los últimos años de su vida, aquejada de alzheimer. En sus encuentros, Cristina conduce a su madre por las estancias de la memoria y juntas recorren la trayectoria vital y literaria de la creadora de «Nada».

En ese camino al pasado, un álbum de fotografías, «que mi madre irá pasando de atrás hacia delante», permite el reencuentro de Carmen Laforet con sus seres más queridos. «Entre esas caras reconoce a su ex marido, mi padre, a quien no nombraba desde hacía veinte años, y le dedica un recuerdo de juventud, de amor». A esas fotografías se unirá, casi por casualidad, el descubrimiento de cartas, escritos y notas del diario que su madre dejó, como legado, en casa de Cristina.

De la cartografía vital de su progenitora, Cerezales destaca «la fuerte experiencia mística» que vivió Laforet y que, «durante tres días, hizo que se acostara y se despertara viendo el significado de la vida».

«Música blanca» dibuja el reencuentro entre madre e hija a través de un íntimo diálogo y supone el tributo que la autora hace a «Carmen como madre y Laforet como escritora». «Con esta obra cierro el ciclo y quedo en paz», señala Cristina Cerezales, quien proclama su satisfacción por haberse podido despedir de su madre «integrándola» dentro de sí misma.

Esta funcionalidad es sólo para suscriptores

Suscribete
Comentarios
0
Comparte esta noticia por correo electrónico

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Reporta un error en esta noticia

*Campos obligatorios

Algunos campos contienen errores

Tu mensaje se ha enviado con éxito

Muchas gracias por tu participación