Manifestación antiindependentista del 12 de octubre
Manifestación antiindependentista del 12 de octubre - ABC

El constitucionalismo recupera la hegemonía cultural

Libros y ciclos de conferencias dan cuerpo a una movilización que planta cara al secesionismo en el ámbito social

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Lincoln tenía razón: no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo. El independentismo lo tenía fácil para asentar su hegemonía cultural: tres décadas de inmersión doctrinal, medios de comunicación públicos, editoriales y periódicos subvencionados. La «utopía disponible» -en afortunada expresión de la socióloga Marina Subirats- del independentismo dominó el «campo de batalla» social. ¿Las razones? Desidia del Estado, menosprecio de unos, al infravalorar el desafío secesionista, miedo de otros a ser tachados de anticatalanes o «botiflers».

En el primer cuatrienio del «procés» (2012-2015), las librerías rebosaban de «instant books» independentistas: libros de pocas páginas y grandes titulares sin notas al pie. La orgía propagandística culmina en 2014 -Tricentenario de 1714- con «España contra Cataluña», simposio dirigido por Jaume Sobrequés, historiador del nacionalismo remunerado: tras dirigir el Museo de Historia de Cataluña pasó al Centre de Història Contemporània, dependiente de vicepresidencia de la Generalitat. Abrió el simposio el recientemente fallecido Josep Fontana. Meses después, el maestro de historiadores se arrepintió de haber colaborado en aquella iniciativa más sectaria que académica.

En aquel momento, un grupo de historiadores críticos con la lectura que el independentismo estaba haciendo con la historia de Cataluña ya impulsó un Congreso de Catalanidad Hispánica, germen lejano de lo que desde hace un año se conoce como Historiadors de Catalunya - Antoni de Capmany. La plataforma, impulsada por el historiador Óscar Uceda y que se ha presentado esta misma semana en Madrid, busca plantar cara a las extemporáneas teorías del Institut de Nova Història -sí, los que dicen afirman, entre otras lindezas, que Cervantes, Colón, Santa Teresa de Jesús o Shakespeare era catalanes- y difundir y dar a conocer la historia «desde la máxima objetividad posible, con sentido crítico, académico, pero con un lenguaje inteligible y agradable al profano».

Fueron ellos, sin ir más lejos, quienes desmontaron el mantra de los 131 presidentes de la Generalitat para acotar a diez el número de mandatarios del gobierno catalán. Así, sólo Francesc Macià, Lluís Companys, Francisco Jiménez Arenas, Josep Tarradellas, Jordi Pujol, Pasqual Maragall, José Montilla, Artur Mas y Carles Puigdemont habrían ostentado antes de Quim Torra un cargo que el soberanismo ha querido engordar conectándolo con esa Diputación de General o Generalidad medieval a cargo del eclesiástico de más edad.

Uceda comenta que por un lado quieren «que lo que sale de la Academia llegue al gran público, para romper la construcicón nacional del independentismo a través de la manipulación de los hechos históricos».

Represaliados

Uno de sus miembros, después de 30 años de profesor de historia «ha sido represaliado y apartado de la docencia en un despacho porque criticó un libro de texto escrito por Agustí Alcoberro, número dos de la ANC. El profesor daba a sus alumnos documentación de contraste sobre afirmaciones racistas del libro». Es el caso más grave, pero no el único, recuerda: Todos han aguantado «ataques personales y de todo tipo, y un gran desgaste personal. Pero hemos levantado la cabeza y la voz».

Mientras los intelectuales orgánicos proporcionaban coartadas al «España nos roba», el constitucionalismo se reorganizaba de forma todavía embrionaria: en su vertiente política, con Sociedad Civil Catalana (abril de 2014); en su vertiente cultural con el CLAC (Centro Libre de Arte y Cultura). Lo dijo Miriam Tey en la presentación, el 11 de febrero de 2015: el CLAC sonaba «como el interruptor de la luz» para dar visibilidad a la «cultura que no sigue los dictados del nacionalismo». Bajo la dirección del editor Andreu Jaume, el CLAC ha multiplicado su programación: capitalidad cultural de Barcelona en España con Llucia Ramis, Lluís Bassets, Sergio Vila-Sanjuán y Miguel Aguilar; historiadores entre la manipulación y la tentación política por Benoît Pellistrandi y Ricardo García Cárcel; Don Quijote en Barcelona, con Andrés Trapiello, Ignacio Vidal-Folch, Javier Cercas…

El historiador José Enrique Ruiz-Domènec inauguraba esta semana «Pensar la Historia, homenaje a John Elliott», ciclo en que también participan Jordi Canal y Cayetana Álvarez de Toledo. El 30 de octubre, Elliott clausurará con su última obra: «Catalanes y escoceses. Unión y discordia». «Hay una gran parte de ciudadanos que entienden que la cultura no depende del lugar en el que hayas nacido, sino de lo que leas y lo que tengas en la cabeza», explica Miriam Tey sobre ese refugio cultural que ya es CLAC.

Colau les devuelve el dinero

Eso sí: la falta de una sede permanente y la necesidad de buscar alquilar espacios puede ser algo más que una molestia, sobre todo cuando entra en juego el Ayuntamiento de Barcelona. «Nos han llegado a devolver el dinero tras hacer la reserva al ver que éramos nosotros», destaca Tey antes de agradecer la buena disposición de otros equipamientos de la ciudad como el CCCB o de hoteles como el Alba o el Cotton.

El Club Tocqueville es otro «think thank» constitucionalista que se presentó el pasado mes de abril apadrinado también por Elliott. Impulsado por Valentí Puig e integrado por Jordi Canal, Ferran Toutain, Ponç Puigdevall o Roberto Fernández -entre una larga lista de profesores, economistas y creadores- aboga por una Cataluña «abierta y estable, bilingüe y plural».

La Cataluña constitucional ha perdido el miedo a manifestar su opinión. La broma de Tabarnia, promoviendo la secesión de Barcelona y Tarragona en una Cataluña independiente, atrapa al separatismo con sus propios mecanismos mentales. Esa Barcelona «independizada» revela la oposición entre el comarcalismo nacionalista y la ciudad cosmopolita; una tensión que se remonta al siglo XIX: liberalismo industrial versus carlismo ruralista. El tiempo de las mentiras toca a su fin y el bloque independentista se resquebraja: es tiempo de herejías. Y de elegías.