Ateneo de Sevilla, de izquierda a derecha: Rafael Alberti, Federico García Lorca, Chabas, Bacarisse, José M. Platero, Blasco Garzón, Jorge Guillén, José Bergamín, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, miembros de una generación fiel a Góngora. ABC

«Los comentarios de Jorge Guillén a Góngora parecen poemas en prosa»

TULIO DEMICHELI. MADRID.
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Alberto Blecua, José María Pozuelo Yvancos y Juan Bravo presentan hoy, en el pabellón dedicado a Carmen Martín Gaite en la Feria del Libro, «Notas para una edición comentada de Góngora» (edición de Antonio Piedra y Juan Bravo, con prólogo de José María Micó), texto inédito de Jorge Guillén, que ha publicado la fundación que lleva el nombre del poeta.

José María Pozuelo Yvancos lo recomienda a los lectores de ABC: «Es un libro estupendo. Se sabía de su existencia como tesis doctoral, que Guillén presentó en la Universidad Central (Madrid) para luego poder opositar a cátedra en la Universidad de Murcia. El manuscrito está fechado el 18 de febrero de 1925 y permaneció algún tiempo en propiedad de Juan Hurtado, hasta que fue a parar a manos de Joaquín de Entrambasaguas, quien finalmente lo donó a la Biblioteca de Castilla-León».

-¿Qué interés tiene?

-Un doble interés. En primer lugar, porque Jorge Guillén comenta la obra de Luis de Góngora y Argote dos o tres años antes de que lo hiciera Dámaso Alonso y antes, también, del homenaje sevillano que celebró el tercer centenario de la muerte del poeta culterano, con el que se bautizó a la Generación del 27. Pues bien, ahí tenemos a Guillén descubriendo a Góngora como pionero del grupo. En segundo lugar, el texto es de gran interés para la historia de la literatura española del siglo XX, porque la lectura que Guillén hace del poeta barroco es absolutamente moderna.

-¿Por qué tan moderna?

-Porque si bien Jorge Guillén toma como punto de referencia a los comentaristas y latinistas clásicos del siglo XVII y XVIII, enseguida los abandona para él mismo comentar a Góngora con reflexiones de Baudelaire, Mallarmé (muy especialmente) o Proust, contrastándolo con las vanguardias que él mismo había conocido de primera mano en París durante su estancia entre 1919 y 1924: Guillaume Apollinaire o Max Jacob. ¡Me imagino la cara que pondrían los vetustos catedráticos de la Universidad Central al leer la tesis de Guillén en la que se comenta a Góngora con citas de Mallarmé...!

-¿Cómo ve Guillén a Góngora?

-Entiende a Góngora fundamentalmente como un enamorado de las cosas, de la realidad. Para él, el culterano no es un poeta de lo abstracto, sino de los objetos concretos: sus metáforas se constituyen siempre a partir de las cosas. Por entonces, Jorge Guillén se había embarcado ya en la redacción de su «Cántico», que es una obra de formación en cuyo centro se celebra el ser, por lo que asimismo lee a Góngora desde una poética que le pertenece, la del ser y las cosas. Asombra que Guillén comente en la tesis la «Fábula de Polifemo y Galatea» completa, así como varios sonetos, romances y letrillas. Y que lo haga con un prosa de altísima calidad, tanta que estos comentarios parecen poemas en prosa, de gran laconismo, como flechazos contundentes.