Castro Flórez: «El voyeurismo está en la TV basura, pero también en el arte»

N. P. | MADRID
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No se siente como un Rambo contra la crítica (y eso que a veces viste de camuflaje), más bien como un Jerry Lewis disparando a su propia cabeza con una metralleta. Es éste un libro beligerante, como lo son siempre sus críticas en ABCD las Artes y las Letras. En él habla de las cosas que le apasionan, pero también de las que le irritan: «Si algunos se molestan con el libro, se lo agradeceré. Uno busca lectores que se indignen. Muchas de las cosas que he escrito surgen de la indignación. Ojalá active el libro el desacuerdo: que quien lo lea quiera tirarlo por la ventana. Yo casi lo hago». De entrada, la presentación del libro tuvo lugar en la ampliación del Reina Sofía, lo cual no deja de ser una provocación. Porque, además de patrono del museo, no siente mucha simpatía que digamos por «el edificio de formica de Nouvel». De hecho, el primero de los cuatro ensayos de que consta «Una «verdad» pública» -que inaugura la Biblioteca documenta UAM de Estética, Historia y Teoría del Arte- está relacionado con ese museo.

Toma regalado el título, «Todo lo contrario: «intereses mezquinos y prejuicios»», de otro crítico, Francisco Calvo Serraller: «Carmen Calvo quiso evitar la polémica sobre la ampliación del Reina Sofía y decía que era un falso debate. En un artículo, Calvo Serraller hablaba de los francotiradores que tienen intereses mezquinos y prejuicios. Decía que el Reina Sofía no es bello ni bonito, sino todo lo contrario». Castro Flórez cree que «críticos y periodistas tienen la tarea de contar la verdad incómoda. Estamos en un momento de banalidad del arte y de complicidad de las prácticas curatoriales y museísticas».

En el segundo ensayo habla de cómo «las obras de arte, cuando entran en el museo, pierden su capacidad crítica. Un artículo en un periódico puede tener más intensidad que una obra de arte en un museo». Cita en el libro uno de Tulio Demicheli sobre Rushdie en ABC. En el tercero aborda las perogrulladas de la estética contemporánea: «Gran Hermano ha generado una estética del voyeurismo. Y no sólo está en la TV basura, también en el arte: muchos artistas hacen un reality show a su manera». Habla de «artistas que quieren hacer una especie de guerrilla cultural o radicalismo subvencionado, como Tania Bruguera. Las verdades que el arte denuncia no son tan radicales como pretenden los artistas, sino grandes obviedades, que aplauden mercado, bienales y museos». El libro acaba con un ensayo sobre el arte público: «Tenemos un arte de rotondas. Todo ha sido ya visto. Los museos están bunkerizados en sus programas». Su apuesta, «incomodar e intentar evitar que el poder político y el cultural hagan lo que quieran, aunque en asuntos como «El Coloso» hayan seguido erre que erre».