La puerta del secretario de la Academia, donde se falla cada año el Nobel, ha permanecido cerrada
La puerta del secretario de la Academia, donde se falla cada año el Nobel, ha permanecido cerrada - ABC

La bronca de la Academia Sueca hace peligrar también el premio Nobel de 2019

Ni dimisiones ni acuerdos para salvar el escándalo de filtraciones y abusos sexuales por el que Jean Claude Arnaut, esposo de una académica, fue a la cárcel

EstocolmoActualizado:

El ritual no se ha cumplido. Este año ningún periodista se ha acreditado, nadie se acercó el jueves pasado al antiguo edificio de la bolsa del barrio antiguo de Gamla Stan en Estocolmo para asistir a la ceremonia de proclamación. La puerta del despacho del secretario permanente de la Academia Sueca no se abrió para dar a conocer al galardonado con el premio Nobel de Literatura de 2018. ¿Y el año que viene? ¿Habrá premio Nobel de Literatura en 2019?

No ha pasado un año desde que el 21 de noviembre de 2017 saltara el escándalo. El misterioso personaje de la elite cultural sueca era acusado por 18 mujeres de acoso sexual en una entrevista aparecida en el diario sueco «Dagens Nyheter». Tras algunas semanas de suspense y espoleado por el recién estrenado movimiento #MeeToo se descubrió que se trataba de Jean Claude Arnault (Marsella 1941), fotógrafo y director francés, esposo de la poetisa y académica Katarina Frostenson (Estocolmo 1953); ambos responsables del centro cultural Forum, algo así como la sala de estar de la Academia Sueca.

Jean Claude Arnault está acusado además de filtrar al menos en siete ocasiones el nombre del galardonado con el Nobel de Literatura a las casas de apuestas, en concreto en los casos de Wislawa Szymborska (1996), Elfriede Jelinek (2004), Harold Pinter (2005), Jean-Marie Gustave Le Clézio (2008), Patrick Modiano (2014), Svetlana Alexiévich (2015) y Bob Dylan (2016)

El pasado 16 de junio, la fiscalía acusó formalmente a Jean Claude Arnault de doble violación, en la persona de una misma mujer, en octubre de 2011 y en diciembre de 2011 y, hace apenas unos días, el pasado 1 de octubre, cuando precisamente comienza la semana en que se anuncian al mundo entero los galardonados con el premio Nobel, Jean Claude Arnault era condenado en primera instancia a dos años de cárcel e ingresaba en prisión.

Lejos de una solución

Con estos antecedentes, un año después del inicio de la crisis, ¿cómo evoluciona «el premio más prestigioso del mundo», como define la Enciclopedia Británica al premio Nobel?

A modo de resumen recordaré que, tras la dimisión de algunos de sus académicos y el atrincheramiento del resto, la Academia Sueca no contaba con el quórum suficiente para otorgar el premio Nobel de Literatura y que la Fundación Nobel decidió no concederlo en 2018. Fuera de Suecia, el premio Nobel se mezcla con la Academia Sueca y se convierte en «The Nobel Academy», la Academia Nobel. Para evitar confusiones, hay que aclarar que es la Fundación Nobel la que establece en sus estatutos que la Academia Sueca sea la institución encargada de conceder el premio Nobel de Literatura. Así ha sido por lo menos hasta ahora.

Desvinculada la Academia Sueca definitivamente del denominado perfil cultural y con el propio Jean Claude Arnault en prisión, todo hacía pensar que las aguas volverían tranquilamente a su cauce. Pero los navajazos se suceden y las heridas lejos de cicatrizar evolucionan peor que nunca.

Katarina Frostenson, obligada en un principio por las circunstancias a dimitir, no ha dejado sin embargo de ocupar su académico sillón, el oblicuo Horace Engdahl, sigue igualmente al pie del cañon e incluso uno podría pensar que Göran Malmqvist, el sinólogo y lingüista de 94 años de edad, podría dejar su puesto de académico algún día, por muy vitalicio que sea. Pues no es así; aquí nadie salta del barco, empeñados como están todos en taponar las vías de agua, mientras que el pobre navío se hunde inexorable y lentamente.

Ni comité ni mediadores

Ahora se ha sabido que la Academia Sueca se opuso a que un comité independiente concediera el premio Nobel, tal y como le propuso por carta la junta directiva de la Fundación Nobel. Tampoco aceptó la intervención de un mediador profesional que solucionara el conflicto entre sus miembros y que estudiara un cambio en sus estatutos, que datan de 1700, para dotarle de una mayor apertura y reforzar los mecanismos para mantener el secreto de sus deliberaciones.

«Si la situación del premio Nobel peligra tendremos que intervenir. Si se diera el caso estamos obligados a intervenir», reitera Lars Heikensten, director general de la Fundación Nobel en una reciente entrevista concedida al diario Svenska Dagebladet. «Está claro que la Academia Sueca necesita más tiempo». ¿Peligra entonces el premio Nobel de Literatura del año que viene?

Es evidente que nadie lo desea y que de alargarse esta crisis podría dañar irremisiblemente el prestigio de la institución. Si la Academia Sueca no encuentra una solución por sus propios medios y persiste en sus extravagancias, la solución puede venir de fuera y ser más dolorosa. La Fundación Nobel podría recurrir a la Cámara Colegiada, la autoridad más antigua de Suecia fundada en 1539 y que se encarga de velar por el buen funcionamiento de la administración del Estado, para cambiar sus estatutos y encargar la concesión del premio Nobel de literatura a otra institución que no fuera la Academia Sueca.

Mientras las puertas del despacho del secretario permanente, cargo que ha recaído eventualmente en Anders Olsson tras la dimisión de la anterior secretaria, Sara Danius, permanecían cerradas el jueves pasado, en la elegante sala de reuniones de la Academia Sueca los académicos alcanzaban, al parecer, un acuerdo para desatascar la situación. Pasadas las siete de la tarde y sin atender a los medios de comunicación, abandonaron el edificio de la antigua bolsa en el barrio antiguo de Gamla Stan en Estocolmo por la puerta de atrás con el convencimiento de haber dado con el remedio a esta enfermedad que podría convertirse en crónica.

Anders Olsson confía en que el Rey de Suecia ratifique la resolución de los académicos para la elección de los nuevos miembros y que Katarina Frostenson dimita finalmente de su cargo vitalicio tras la condena de su marido, el denominado «perfil cultural», el francés Jean Claude Arnault, y que abandone definitivamente la Academia, como ha exigido la Fundación Nobel.

«En la composición de la nueva Academia Sueca no faltará un abogado de prestigio con experiencia», comentó Anders Olsson, el único que atendió este jueves a los medios de comunicación en la calle a la salida de la reunión. No sabemos si eso es una buena señal, añadiría yo. Parecen ser malos tiempos para la lírica. (Continuará)